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El presidente turco veta la reforma de los islamistas que prevé la elección por sufragio universal de su sucesor

El presidente turco, Ahmet Necdet Sezer, cumplió ayer su amenaza de vetar la reforma constitucional impulsada por el Gobierno islamista para elegir por sufragio universal al jefe del Estado, que en la actualidad es designado por el Parlamento. Sezer, un antiguo magistrado defensor del Estado laico, ordenó devolver la reforma al Legislativo, que la había aprobado con más de dos tercios de sus votos, al considerarla "injustificada" e "inaceptable".

Éste ha sido el último episodio del enfrentamiento político entre los sectores laicos e islamistas de Turquía, que desencadenó la retirada del candidato a la presidencia, el ministro de Exteriores, Abdulá Gül, y una ola de manifestaciones en defensa de la separación entre religión y Estado en las grandes ciudades turcas.

El primer ministro turco, el islamista moderado Recep Tayyip Erdogan, ya ha anunciado que volverá a someter al Parlamento la reforma constitucional sin cambiar ni una coma. Si los diputados vuelven a aprobarla con una mayoría cualificada, el presidente de la República ya no podrá ejercer de nuevo su derecho de veto y se vería obligado a someter a referéndum la reforma del procedimiento de elección del presidente. Pero el Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) de Erdogan y Gül puede tener serias dificultades para sumar los votos que necesita en el Parlamento en plena campaña electoral. Para intentar sacar al país de la crisis política, el Gobierno aceptó adelantar los comicios legislativos, que han sido convocadas para el próximo día 22 de julio.

Al formular su veto, Sezer advirtió de que la elección del presidente por sufragio universal podría alterar el equilibrio de poderes en Turquía, donde el jefe del Gobierno concentra la capacidad ejecutiva, mientras el jefe del Estado, que también es comandante de las Fuerzas Armadas, designa a los altos cargos del Estado. Los sectores laicos de la sociedad turca temen un retroceso hacia un Estado islámico si el AKP acapara los principales cargos políticos en Ankara.

La controversia política se agudiza en Turquía al tiempo que crece el riesgo de una intervención militar turca en el norte de Irak, donde se refugia la guerrilla separatista del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) con apoyo del Gobierno autónomo kurdo iraquí. El ministro de Exteriores, Abdulá Gül, declaró ayer a una cadena de televisión turca: "Se nos ha acabado la paciencia. Pero no han comenzado aún los preparativos".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 26 de mayo de 2007