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Crítica:EL LIBRO DE LA SEMANA

El hijo del mago cuenta su vida

Ocho años antes de suicidarse, Klaus Mann decidió relatar su vida en Cambio de rumbo, un volumen que recoge sus recuerdos de infancia, su exilio en Estados Unidos y su combate contra los nazis como soldado.

El 18 de noviembre de 2006 se cumplía un siglo del nacimiento de Klaus Heinrich Mann, el mayor de los hijos varones de Thomas Mann. Con aquella ocasión recordábamos en Babelia la conveniencia de traducir al castellano Der Wendepunkt, su postrera y más extensa autobiografía. Alba la publica ahora en una versión impecable bajo el título Cambio de rumbo.

Corría el verano de 1941 cuando Klaus Mann (Múnich, 1906-Cannes, 1949), exiliado y solitario en la tórrida Nueva York, a la espera de que le concedieran la ciudadanía norteamericana y lo aceptaran en el Ejército para ir a Europa y luchar contra Alemania, decidió ponerse a escribir "un libro serio" en vez de otra de sus novelas. Había publicado ya varias: sobre Alejandro Magno, Chaikovski, Luis II de Baviera o esa otra titulada El volcán, la epopeya del exilio parisiense de una juventud antinazi. Describían historias de seres melancólicos y trágicos en las que desempeñaban un papel central el homoerotismo, el desarraigo y la eterna oposición entre el arte y la vida. Pero Klaus no sólo era autor de novelas: en cooperación con su idolatrada hermana "gemela" Érika, inquieta actriz y aguda periodista, publicó dos libros-reportaje en inglés sobre los emigrados alemanes en Norteamérica, Scape To Life y The Other Germany, para mostrar al mundo democrático que "Alemania no es Hitler". Y subsistía, asimismo, gracias a sus propios artículos y a otro proyecto: la revista literaria, Decisión, de la que era editor y en la que colaboraban firmas internacionales: Stefan Zweig, Somerset Maugham o Sherwood Anderson.

CAMBIO DE RUMBO

Klaus Mann

Traducción de Genoveva Dieterich y Antón Dieterich

Alba. Barcelona, 2007

656 páginas. 29 euros

Con todo, la planeada autobiografía debía ser algo especial: quería "ser sincero" y contar cómo él, un autor cuyos intereses se ceñían a la esfera de lo erótico-estético, un "alemán que siempre quiso ser europeo y ciudadano del mundo", que nunca fue ni nacionalista ni comunista, al verse empujado por las circunstancias, terminó adoptando una posición "políticamente responsable y hasta militante" en pro de la libertad.

En apenas unos meses, Klaus

terminó de redactar The Tourning Point, la versión en inglés de la historia de su vida, la de un hombre "especial" de 35 años. Comenzaba rememorando su infancia y adolescencia en el Múnich de entreguerras como vástago de una familia singular cuyos miembros, cultos y liberales, tenían "carácter"; y recordando cómo desde pequeño descubrió su vocación. En Klaus la escritura fluía de forma natural, era menos alambicada que la del padre, al que en familia apodaban "el Mago". Avanzando en su historia vital Klaus refiere su juventud alocada y el gran viaje a Nueva York y Los Ángeles con Érika; más tarde, la vuelta al mundo que los condujo hasta China. Páginas luminosas que revelan la alegría de vivir de un ser inquieto, desmesurado y apasionado. En 1933, los nazis rompen los sueños de millones de seres; también Klaus abandona Alemania: París, Amsterdam, finalmente, Nueva York. "El exilio no era bueno", reitera aquel Klaus, tachado ya de indeseable por los nazis; significaba desarraigo, aunque, también, excitantes amistades como René Crevel o André Gide.

Este Cambio de rumbo que ahora leemos en español amplía aquella primera versión en inglés; Klaus vertió el libro a alemán, añadiendo los recuerdos de los años de su época en el Ejército: de 1943 a 1945. Diarios y sustanciosas cartas a los padres y la hermana, entre otras, ilustran el paso del autor por Europa vistiendo uniforme. Fue una buena época de su vida, por fin se sentía parte de una comunidad que lo acogía para defender una causa justa. Destinado al departamento de propaganda y redactor de un periódico militar, Klaus combatió a los nazis de forma eficaz con la palabra. Los recuerdos terminan con la derrota de Alemania.

En este libro magnífico, que

contiene tanta información sobre los años decisivos de Europa, durante los que a la par que la catástrofe también florecieron sus mejores cerebros, lo que quizás llame más la atención sea la energía de su autor, el luchador a favor de la civilización. Las memorias son luminosas y culminan llenas de esperanza; pero la realidad posbélica fue una decepción. Klaus se negó a permanecer en un mundo sin visos de mejora. El impulso de muerte que lo acosaba desde la adolescencia, su drogodependencia, facetas oscuras de su vida que omite en sus recuerdos, lo arrastraron al suicidio.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 5 de mayo de 2007

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