Columna
Artículos estrictamente de opinión que responden al estilo propio del autor. Estos textos de opinión han de basarse en datos verificados y ser respetuosos con las personas aunque se critiquen sus actos. Todas las columnas de opinión de personas ajenas a la Redacción de EL PAÍS llevarán, tras la última línea, un pie de autor —por conocido que éste sea— donde se indique el cargo, título, militancia política (en su caso) u ocupación principal, o la que esté o estuvo relacionada con el tema abordado

Melancolía

Al hombre alegre que es Savater se le apreciaba en sus últimas apariciones un asomo de melancolía, no que la energía se le estuviera agotando, porque él tiene el don de la resistencia, pero sí se presiente la melancolía. Al hombre alegre puede que esta apreciación le provoque una sonrisa y se apresure a neutralizarla, como suele, con un requiebro irónico. Pero la mantengo. Por mucho que la alegría contrarreste el azote de la realidad, cualquier ser humano acusa su sacudida. No creo que se amedrente por la discusión política aquel que ha sobrevivido a la paulatina descomposición del acuerdo social y político contra el terrorismo y nunca se ha arrugado ni ante el nacionalismo obligatorio ni ante la ira de aquellos que, habiéndole alzado al pedestal de los héroes (sin su consentimiento), de pronto consideraron que se había salido del camino recto. No creo que le hundan esos adjetivos que se usan ahora con tanta desenvoltura, facha o derechoso, y que neutralizan a tantos otros con capacidad de disentir. No creo que flaquee por la evidencia de encontrarse en el punto de mira de los terroristas, él afirma que siempre se ha sentido amenazado. No creo que le preocupen desde un punto de vista personal los vetos que sobre su persona planean en algunos medios de comunicación o en ciertas universidades donde jóvenes amantes del diálogo no le dejan abrir la boca, al fin y al cabo, el mundo de Savater es más amplio que el de nuestro cogollo nacional y su voz se oye con fuerza y admiración en muchos foros de América Latina, Europa o en esa Biblioteca de Nueva York en la que anhelan su visita. Pero la melancolía se hace presente por el sentimiento de extrañamiento, esa soledad provocada por el abandono, no ya ideológico sino afectivo, de antiguos compañeros de viaje. A las víctimas del terrorismo habría que sumarle la muerte de algunas amistades. Confío en que esos jóvenes, que crecieron leyendo los libros del filósofo Savater, sepan establecer debates verdaderos que no arrinconen al que disiente, a ese guardián entre el centeno que nos avisa de los peligros de cualquier dogmatismo. Eso ha sido siempre Savater. Por eso genera tanta reverencia como antipatía. Por eso es siempre tan necesario.

Sobre la firma

Elvira Lindo

Es escritora y guionista. Trabajó en RNE toda la década de los 80. Ganó el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil por 'Los Trapos Sucios' y el Biblioteca Breve por 'Una palabra tuya'. Otras novelas suyas son: 'Lo que me queda por vivir' y 'A corazón abierto'. Colabora en EL PAÍS y la Cadena SER. Es presidenta del Patronato de la BNE.

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS