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COLUMNA

Sin faldas, pero a lo loco

El semáforo lleva faldas. En Fuenlabrada, el ayuntamiento ha colocado cuatro semáforos que tienen un ideograma con forma de mujer. El nuevo muñeco tiene falda y el pelo largo, y cada dos segundos se va alternando con la figura de un hombre. La iniciativa forma parte de un programa denominado Igualdad de derechos en la seguridad vial. Para la gente de pueblo, los semáforos siempre fueron un signo de una modernidad que empezó con la llegada de los primeros coches y concluyó con la instalación del primer artilugio de tres colores para regular el tráfico en la calle principal. La gente se paraba en las aceras y decía: "Ahora, ahora podemos pasar". Hoy en día, los semáforos quieren ser también un signo cotidiano de igualdad entre el hombre y la mujer Una vez leí en un sitio que había un pueblo tan atrasado, tan atrasado, que los semáforos eran en blanco y negro. Dentro de algunos años, cualquiera leerá que había una ciudad tan machista, tan machista, que en los semáforos sólo salía el ideograma de un hombre.

En Algarrobo, un municipio de la costa oriental de Málaga, recuerdo que, hasta hace no mucho tiempo, nada más acceder a la calle principal había instalado un semáforo. Bajo el artilugio se podía leer: "Forastero, tiene usted tres minutos para cruzar el pueblo". La vía era tan estrecha que sólo se podía circular en una única dirección, de ahí la advertencia del Ayuntamiento. Ahora, hay semáforos que llevan incorporado un segundero y te dicen el tiempo que resta para cruzar la calle. Y otros que para permitir el paso de los peatones debes pulsar primero un botón. Los semáforos forman parte del paisaje de una ciudad y, como elementos del mobiliario urbano, son un lugar de encuentro, aunque sea de encuentros fugaces. Por eso están llenos de posibilidades: cursos de inglés u ofertas de las autoescuelas para sacarte el carné de conducir, así como un extenso listado de pintores, cerrajeros y electricistas. Todo lo puedes conseguir arrancando una pequeña tira de un folio pegado con papel celo.

El semáforo fue un símbolo de la modernidad que pasó hace mucho tiempo a ser un elemento cotidiano. Ahora se prepara para un fututo más igualitario, donde el hombre y la mujer tengan el mismo protagonismo desde ese pequeño recuadro de unos centímetros que cambia de color, pero todavía no de sexo. A pesar de tantas transformaciones, ha habido algo inalterable en los semáforos y que fue la razón de su existencia, su utilización como dispositivo eléctrico para regular y favorecer el tráfico de vehículos y peatones en las intersecciones de los caminos.

Ésa había sido su función, hasta que hace unos días se instaló en Málaga el primer semáforo en la historia que nada más empezar a guiñar provocó un colapso en los accesos en la ciudad que duró una semana. La señal de tráfico inauguró un embudo en una de las salidas de la circunvalación de la capital, con colas kilométricas que llegaron hasta la Avenida de Andalucía, una de las principales arterias de Málaga. "Forastero, en cuanto se ponga en verde bienvenido al caos", debió advertir el Ayuntamiento a los ciudadanos nada más colocarlo. Pero, lamentablemente se le olvidó al consistorio. El tráfico en Málaga es tan caótico que no ha resistido un semáforo en una plaza. El artilugio le ha sacado los colores a los responsables de la movilidad, que es como se llama en esta ciudad a la concejalía del tráfico atascado. Resulta curioso que este caos circulatorio se produjera el mismo día que el consistorio negaba nuevos permisos a la Junta para continuar con las obras del metro hasta tener resueltas las alternativas al tráfico. Y que lo hiciera tras haber provocado con un único semáforo y en una sola semana más atascos que el suburbano en nueve meses de tajo. Resulta tan curioso como el hecho de que el Ayuntamiento haya convertido los accesos al ansiado triángulo productivo de la ciudad -los terrenos entre el Parque Tecnológico, el aeropuerto y la Universidad- en una ratonera diaria para miles de ciudadanos. En estos días en que se celebra el festival de cine, en Málaga los semáforos no llevan faldas, pero está claro que se instalan a lo loco.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 13 de marzo de 2007