Epicentro de la vida alternativa de la capital danesa

La batalla por Ungdomshuset, el edificio ocupado que se convirtió junto a Christiania en el centro de la vida alternativa de Copenhague, comenzó a finales de los años noventa. Pero fue en diciembre cuando las cosas comenzaron a ponerse feas en las calles de la capital danesa. La violencia que ha rodeado el cierre de este centro cultural alternativo no se veía en Dinamarca desde mayo de 1993, cuando estallaron disturbios en el mismo barrio, tras el referéndum que aprobó el Tratado de Maastricht.
Ungdomshuset es una casa de cuatro pisos que desde hace 25 años utilizan los jóvenes de Copenhague. Sin embargo, el Ayuntamiento de la ciudad, socialdemócrata, la vendió en 2001. Los posibles compradores eran recibidos con un cartel que no hacía precisamente atractiva su adquisición: "Se vende junto a 500 lanzadores de piedras, psicópatas del infierno". Sus nuevos propietarios, una comunidad cristiana fundamentalista, lograron una orden de expulsión en agosto de 2006, tras una batalla jurídica. El aparatoso desalojo, que se produjo el jueves, fue la mecha que encendió la protesta. Está previsto que la demolición del edificio comience hoy o mañana.
Los defensores de Ungdomshuset consideran que su cierre obedece a un giro de tinte conservador por parte de las autoridades danesas, que llevan ya un lustro negociando con los habitantes de Christiania para que abandonen la comuna en la que casi todo -incluidas las drogas blandas- estaba permitido. "Lo que quieren es homogeneizar a la sociedad danesa. Quieren que todos seamos iguales. Van a cerrar Christiania y por eso también quieren tirar abajo Ungdomshuset", se queja Anne Louise, una joven estudiante de sociología. "Les molesta todo lo que sea alternativo, creo que es muy malo lo que está pasando", opina desde su bicicleta esta mujer, una suerte de Amelie a la danesa.
Los defensores del centro no planean rendirse. "Ungdomshuset se queda, desalojemos el Ayuntamiento", es el grito de guerra que lleva estos días a cientos de jóvenes a salir a la calle más o menos provistos de piedras arrojadizas.
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