Valentía frente a los verdugos

SI ENTONCES, hace 20 años cuando apareció el libro de Egido, la obra fascinó a muchos de cuantos éramos estudiantes de letras, si gracias a esta obra magnífica incluso "descubrimos" a Unamuno -se le cayeron las etiquetas partidistas, entre otras cosas-, qué duda cabe de que ahora seducirá a cuantos lo lean, con los ánimos más que dispuestos por un panorama cultural en que la literatura sobre la Guerra Civil española está en auge. Agonizar en Salamanca es un libro apasionado a pesar de su tristeza. Mantiene una tonalidad melancólica de fondo, acrisolada por un lenguaje perfecto, rico y musical. Su prosa, casi poética a veces, alterna la información con el ensayo que transmite la profunda empatía del autor con un verosímil don Miguel.Es el relato de la confusión de un viejo lleno de ideas y aislado en un mundo que no entiende de matices, en el cual la gente, ávida de consignas políticas, prefiere matar antes que pensar. El análisis, asimismo, de la desolación del solitario, el desierto propio del cuerdo entre locos.

Y, cómo no, Egido recuerda el actuar valiente de Unamuno frente a los verdugos con la descripción del glorioso canto de cisne final de aquel anciano todavía vigoroso, siempre en pugna por defender su soledad y su conciencia. Éste, abrumado por las circunstancias y tras diversas vacilaciones, supo por fin dónde estaba su lugar y con quién debía vérselas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0012, 12 de enero de 2007.

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