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Reportaje:

Otra estrella para el General

Knight iguala el récord de victorias en la Liga universitaria de baloncesto

Si algo es digno de admirar del entrenador de baloncesto universitario Bobby Knight (Ohio, EE.UU., 1940) no es sólo haber alcanzado 879 victorias, igualando el récord de Dean Smith, sino haberlo hecho durante 40 temporadas en la Liga universitaria estadounidense siendo fiel a un estilo y una filosofía de vida que le dejan como uno de los mayores genios que ha dado el baloncesto. Pero también es Knight el último vestigio de la vieja hornada de entrenadores autoritarios y polémicos hasta la caricatura que siempre se creyeron por encima de la ley.

Cambiaron los tiempos, los jugadores, cambió la manera de jugar, pero, impenetrable, Knight se mantuvo él mismo. Portador de la antorcha del baloncesto puro y de cómo educar a las jóvenes promesas, el General siempre ha hecho lo que le ha dado la gana, ya sea durante sus 26 años en la Universidad de Indiana o ahora en Tejas Tech.

Entrenando en West Point aprendió a salirse con la suya: estaba en el ejército

A lo largo de sus cuatro décadas en el banquillo, Knight se ha comportado como el clásico abusón. Su estilo militar trata de inflingir el máximo castigo psicológico posible a los jugadores. Les pone a prueba con tácticas de intimidación, erosiona su orgullo, les humilla públicamente y en algunos casos recurre a la violencia física. Llegó incluso a dar una patada a su hijo Pat durante un partido en Indiana. Knight siempre se propuso poner al límite a sus jugadores para saber hasta dónde eran capaces de aguantar. Sin embargo, para Knight no existe el gris. O estás con él o en contra de él. Los que le abandonan dejan de existir. Cuando Luke Recker, ex del Girona, sufrió un grave accidente de tráfico poco después de cambiar Indiana por Arizona, Knight ni se molestó en llamarle. Era su castigo por completar la máxima traición.

Pero los que le aguantan durante cuatro años pasan a formar parte de su gran familia y se crea en torno a él un círculo de fidelidad y tradición casi tribal. Los que han pasado por las manos de Knight siempre le agradecen haber forjado sus personalidades. En 1981 uno de sus jugadores, Landon Turner, sufrió un grave accidente que le dejó paralítico. Entonces Knight llamó a su buen amigo Red Auerbach para pedirle un pequeño favor. Al día siguiente, durante el draft de la NBA se escuchó de la boca del comisionado: "En la sexta ronda los Boston Celtics eligen a Landon Turner, de la Universidad de Indiana".

El gran problema de Knight es que piensa que la vida no se vive, se juega, y por tanto todos los que se le acercan se convierten en sus jugadores. Les prueba, les rompe y en algunos casos les levanta. Desafiante ante los medios de comunicación, hizo de la demagogia un arte. Todo valía, desde lanzar una silla al parqué, pegar a un policía en Puerto Rico o sacar un látigo durante una rueda de prensa. Contra los que no pensaban como él utilizaba el agravio como arma de destrucción masiva. "Cuando todo esto haya acabado quiero que me entierren boca abajo para que mis detractores puedan besarme el culo", dijo Knight en una ocasión.

Knight formó parte del equipo de la Universidad de Ohio State que ganó el título en 1960 de manos de John Havlicek y Jerry Lucas. Su carrera en el banquillo comenzó en el lugar ideal, la Academia militar de West Point, en 1965. Entrenando allí, Knight aprendió a salirse con la suya, porque al fin y al cabo era el Ejército. Su llegada a Indiana en 1971 devolvió el orgullo a un estado que siente el baloncesto como propio. Ganó los títulos en 1976 (sin perder ningún partido), 1981, con Isiah Thomas, y 1987, y la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles. En Indiana, de donde le echaron en 2000 por agarrar del brazo a un estudiante, le siguen adorando y admirando. Indiana vivió un fenómeno extraño: no era la universidad la que tenía un equipo de baloncesto, sino un equipo que tenía una universidad detrás. A día de hoy si se le pregunta a un norteamericano con quién asocia Indiana le dirá que con Bobby Knight, igual que con Massachussets diría John F. Kennedy.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 28 de diciembre de 2006