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Multitudinario adiós a Paquito

Los restos mortales del esquiador Paquito Fernández Ochoa, oro olímpico en los Juegos Olímpicos de Invierno de Sapporo 1972, recibieron sepultura ayer en Cercedilla, al norte de Madrid. Su pueblo le despidió abarrotando la iglesia de San Sebastián, en la que se celebró la misa funeral, y el cementerio municipal, asaltado por sus familiares, sus amigos y sus vecinos, así como también por representantes de numerosos medios informativos.

Hubo atascos pese al dispositivo especial de la Guardia Civil. El cortejo fúnebre estuvo decorado con una veintena de coronas de flores, escoltado por la policía y compuesto por más de una decena de vehículos.

Cercedilla, que declaró a Paquito hijo predilecto de la localidad a título póstumo, se paralizó para el entierro de su héroe. La llegada del féretro a la iglesia fue recibida con una salva de aplausos. Antes, en la casa de los Fernández-Ochoa, Esperanza Aguirre, la presidenta de la Comunidad de Madrid, se había fundido en un abrazo con María Jesús, la viuda, que estuvo acompañada en el funeral por sus tres hijos, y detrás, los hermanos de Paquito, entre ellos Blanca Fernández Ochoa, medallista de bronce en eslalon en los Juegos de Albertville 92 (Francia), y junto al fallecido, única medallista olímpica invernal española.

Entre los asistentes destacó Juan Antonio Samaranch, ex presidente del Comité Olímpico Internacional (COI), que comentó: "Tuve el honor de imponerle la medalla de oro en Sapporo. Era una gran persona, un gran atleta, el campeón número uno de los deportes de invierno"

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 8 de noviembre de 2006