Reportaje:

El riesgo de la presión excesiva

El piragüista Oier Aizpurua ha estado a punto de perder la movilidad de su mano derecha tras vencer en el Mundial

Oier Aizpurua (Zumaia, 1977) recibe estos días múltiples llamadas de teléfono. Todas para interesarse por el estado de su muñeca derecha, de la que ha sido operado hace apenas dos semanas en Barcelona por una rotura del ligamento escafolunar. Aizpurua revalidó a finales de septiembre el título de campeón del mundo de piragüismo en la modalidad de maratón K-2 junto a su compañero, el asturiano Manuel Busto. La pequeña localidad francesa de Tremolat, cercana a Burdeos, se pobló de aficionados de Zumaia, ansiosos por confirmar la que iba a ser tercera victoria consecutiva de Aizpurua en la especialidad. Lo que muchos no sabían es que el piragüista ha estado a punto de perder la movilidad de su mano derecha por arriesgarse a competir. "Los médicos me han dicho que si esperaba otro mes para operarme podía ser demasiado tarde", confiesa. ¿Y qué motivos había para exponerse a ello? "Si me jugué tanto fue por los aficionados, porque sabía que había un gran despliegue en toda Zumaia para acudir a Tremolat, y no podía fallarles", indica.

"Durante un tiempo, por los dolores, ni siquiera podía abrir el tapón de una botella"

El triunfo fue el más complicado de los tres que Aizpurua acumula (2004, 2005 y 2006), todos con Busto. "El ritmo era muy cansino, con tirones y parones. Eso provoca que te canses mucho. Al final, lo resolvimos en un sprint". Aizpurua se vació en el esfuerzo, culminado con un sonoro grito. "Ver a toda esa gente de Zumaia allí era una gran motivación, pero también una presión añadida. En ese grito se fue toda la tensión del año".

Una zozobra que llegó a comienzos del pasado invierno, con los primeros entrenamientos de la temporada. Aizpurua, que ha comprado un piso en Barañain con su esposa, arrancó los preparativos en el embalse navarro de Alloz. "Salía a entrenar con viento y lluvia, y me di cuenta de que las molestias, que ya tenía del año anterior, habían empeorado. Apenas podía remar. Me levantaba con la mano hinchada en mitad de la noche y lloraba de impotencia. Durante un tiempo, por los dolores, ni siquiera era capaz de abrir el tapón de una botella. Era frustrante". Mientras, en Zumaia, el club de toda la vida del piragüista, Itxas Gain, proseguía los trámites necesarios para organizar el viaje a Tremolat de casi cien personas. "Se había levantado una gran expectación, y mucha gente se acercaba para comentarme que no se lo perdían".

Tras una exploración médica a principios de año, los pasos estaban claros: "Los médicos me dijeron que si pasaba por el quirófano entonces me perdía el Mundial, y que si no lo hacía, tendría alguna posibilidad de participar. No lo dudé". No obstante, admite que muchas veces pensó en dejarlo, pero su familia le animó a seguir adelante. Eso sí, tuvo que reducir el ritmo competitivo y descartar, entre otras pruebas, el Descenso del Sella, muy jugoso para sus patrocinadores por la resonancia que acompaña a esta competición. En ella sí tomó parte, en el apartado invididual, Manuel Busto. El palista asturiano, uno de los maestros de este deporte en España, es compañero de bote de Aizpurua desde 2004. Juntos han vivido el éxito, pero también la decepción, como cuando se quedaron fuera de los Juegos Olímpicos de Atenas por sólo 60 centésimas. "Entre los dos existe una pócima de sensaciones. Aunque esté en Asturias y yo en Zumaia, confíamos el uno en el otro. No es un matrimonio, pero tenemos que pasar muchas horas juntos y hay que llevarse bien, quieras o no".

Aizpurua, que suma también medallas en campeonatos de España y de Europa, se inició en el piragüismo por casualidad, un día de verano en el que su madre les conminó a él y a su hermano a que se buscasen algo para no holgazanear. "Estábamos pescando, y vimos a un piragüista. En Zumaia siempre ha habido una gran tradición, y rápidamente me llamó la atención la sensación de libertad y tranquilidad que posees en una piragua".

El deportista no cree que el final de su carrera se encuentre lejano, y cada día que pasa crece su deseo de pasar más tiempo en casa. "Llevo desde los 18 fuera, en Galicia, Asturias y Sevilla, y me apetece disfrutar de los días que no he podido hacerlo". Y es que cuando no rema en una piragua, es frecuente verle en bicicleta o en la montaña.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0022, 22 de octubre de 2006.

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