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CONTRASEÑA | Francesc-Josep Deó

Analfabetos en comunicación

Es maestro. Da clases de tecnología a chavales de entre 12 y 14 años en el Instituto Balmes de Barcelona: "A los chicos, lo que más les gusta son las pantallas". Vídeo, televisión, ordenador, móvil: las pantallas de todos los tamaños fascinan a los contemporáneos. "Lo difícil es explicarles ese milagro, lo que hay detrás. Una realidad desconocida y poderosa". Resume lo importante en los primeros 15 minutos, "luego cuesta mucho fijar la atención; los chicos viven en la cultura del zapping". Pura pedagogía de maestro preocupado, desde hace mucho, por lo que llaman educación en comunicación (EC): "Ser analfabetos comunicativos deja a los niños y jóvenes a merced del poder de las pantallas" y de quienes las llenan de contenidos.

En 2001, con un grupo de seis maestros y periodistas, forma Aula Mèdia, una iniciativa "para aprender a leer los medios de comunicación, que se han constituido como única columna de la conciencia colectiva en detrimento de la escuela". Hoy el proyecto, nacido en Barcelona, agrupa en una red -la Xarxa- a 2.700 personas de Cataluña que pretenden que la educación, desde la escuela primaria, prepare a los jóvenes para saber seleccionar entre la enorme oferta de los muy divertidos, variados y omnipresentes profesores audiovisuales. El ¿quién educa? se convierte en ¿quién comunica? Es un juego de riesgo entre gigantes multimedia (las pantallas, los medios de comunicación) y enanos comunicativos (la escuela). "Lo que la escuela construye en una semana, lo puede deshacer la televisión en una tarde", recuerda, "la frase es caricatura de una realidad con la que nos topamos todos los días".

Barcelonés de Gràcia, de 49 años, hijo de una familia humilde que hizo el esfuerzo de llevarle a un colegio religioso y de pago -La Salle-, logró una beca para licenciarse en Ingeniería Técnica. A los 18 años entró de aprendiz en Hidroeléctrica de Cataluña (luego FECSA y Endesa); pasó entre amperios, cables y alta tensión 14 años con un buen sueldo. "Quería hacer algo más, así que entré como interino a enseñar tecnología en secundaria. Me gustaba educar, había sido monitor de esplais". En 1992 gana la oposición a profesor titular. Había combinado esto con viajes por Europa y colaboraciones periodísticas en revistas alternativas, ecologistas y libertarias. "Soy un periodista chusquero", se define. Hace un posgrado de realización de vídeo en la Universidad Politécnica y un master en la Universidad Autónoma sobre Educación y Comunicación: "Creo en la formación permanente". Así une su base tecnológica con la vocación educativa y comunicativa.

Hoy dedica a la enseñanza media jornada y la otra media se zambulle en ese proyecto de educar en comunicación que es Aula Mèdia. "Nos estrenamos divulgando en Internet (www.aulamedia.org) un estudio de la Fundación Jaume Bofill. La sorpresa fue la enorme respuesta que tuvimos, y comenzamos a divulgar experiencias de educación en comunicación que comenzaban". Los diarios fueron pioneros, luego las radios: "Los jóvenes que hacían diarios y programas de radio en los colegios tenían más criterio y capacidad crítica que los demás". Se movieron, lanzaron un manifiesto memorable que firmaron más de 40 instituciones -desde sindicatos de enseñanza hasta asociaciones de padres- pidiendo que la educación en comunicación se integrara en los planes de estudios. Las administraciones les atendieron amablemente: "Hoy sabemos que oyen pero no escuchan", dice, convencido de que el movimiento, como en otros países, es imparable.

En 2002, en un congreso en Sevilla, la Unesco sentencia que "la educación en comunicación forma parte de los derechos fundamentales de los ciudadanos en todos los países del mundo (...) y contribuye a establecer y mantener la democracia". La Unión Europea publica un libro con la misma idea. Y ellos se dedican a trabajar: divulgan, a través de una revista y varios suplementos en Internet, pero también en DVD, recursos educativos; fomentan las experiencias entre educadores y medios de comunicación, y forman al profesorado y a los padres. "Los padres son referencia para los hijos. El consumo racional de comunicación no ha de sustituir experiencias vivas: es muy distinto para un niño tener amigos reales que amigos que salen en la tele o en los videojuegos. En Japón muchos chicos se encierran en sus casas con esos amigos virtuales...". Un tema enorme que también se liga con el fracaso escolar y, desde luego, con la vida familiar. Sus métodos son directos: han logrado que los chavales hagan videoclips, informativos y spots de publicidad. "Sólo conociendo cómo se trabaja en comunicación pueden dejar atrás el analfabetismo y desarrollar espíritu crítico". Así están las cosas. Un nuevo documento, con fecha de mayo pasado, las define con suma concreción.

m.riviere17@yahoo.es

PERFIL

Fue ingeniero técnico, luego maestro y periodista. Hoy da clases de tecnología a chavales de 12 a 14 años y se dedica a sensibilizar a la sociedad sobre la educación en comunicación. "Somos analfabetos frente a las pantallas", dice. En 2001, con seis maestros y periodistas, crea Aula Mèdia. Hoy tienen detrás una red de 2.700 personas. La Unesco reconoce como un derecho la educación en comunicación: "El objetivo es hacer ciudadanos responsables y críticos". El diagnóstico está hecho: ahora se trata de cómo moverse en la avalancha comunicativa.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 8 de octubre de 2006

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