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Cameron opta por la sanidad pública como emblema de los 'tories'

El líder conservador británico adorna el giro al centro del partido con referencias thacheristas

David Cameron cerró ayer su primer congreso como líder del Partido Conservador británico con una intervención en la que confirmó el sesgo centrista que quiere darle al partido, pero endulzó el mensaje con retóricas referencias thacheristas. Cameron sale de su primer congreso reforzado mediáticamente como líder, pero más consciente de las dificultades para imponer un programa centrista que puede encontrar muchas resistencias a la hora de plasmarse en propuestas concretas.

El telegénico Cameron resulta bastante aburrido como orador. Sus dos intervenciones ante las bases, en la apertura y la clausura del congreso, no han alcanzado nunca los niveles del que parece su inspirador político, Tony Blair. Plagados de bromas previsibles y probablemente demasiado largos, los discursos de Cameron han tenido el inconveniente añadido de que han rehuido a toda costa las políticas para ceñirse a los principios. Su mensaje centrista quedó sintetizado cuando especificó sus prioridades personales: "Familia, comunidad, sociedad, servicio público de salud, el medio ambiente y la calidad de vida". Nada de ello hubiera entrado en contradicción con las prioridades personales de Tony Blair, el primer ministro laborista.

El domingo dejó claro que la financiación de los servicios públicos constituirían la prioridad de su Gobierno y que ese principio está por delante de la sempiterna voluntad tory de reducir los impuestos. Ayer fue un poco más específico al citar el servicio público de salud, el famoso NHS, como la prioridad de las prioridades. Su apasionada defensa de la salud pública chocó con el desdén con que ha sido tradicionalmente tratada por el thatcherismo y por un momento pareció que había un viejo laborista en la tribuna más que un joven tory.

Pero el problema llegará a la hora de traducir esos principios en políticas concretas: a la hora de conjugar la admiración de Cameron por el NHS, que definió como "uno de los grandes logros del siglo XX", con las intenciones desveladas en vísperas del congreso por uno de los hombres fuertes de la actual dirección conservadora, Oliver Letwin, de privatizar todo lo privatizable en ese mismo NHS.

El nuevo líder laborista confirmó el nuevo credo centrista que le quiere dar al partido y sus credenciales ecologistas. Sorprendió con constantes referencias comparativas con Tony Blair: desde su célebre "duros con el crimen y duros con las causas del crimen" a su lema en tres palabras, "educación, educación, educación", que Cameron sintetizó "en tres letras: N, H, S". O cuando aclaró que él no quiere "hacer política desde el sofá" en Downing Street porque "yo quiero ser primer ministro de este país, yo no quiero ser presidente".

Quizá los momentos de más confusión de todo el congreso conservador han sido los debates acerca de las reducciones fiscales. Cameron, al igual que hizo el martes el responsable del Tesoro del Gobierno en la sombra, George Osborne, defendió que la estabilidad presupuestaria es la máxima prioridad en materia financiera y que la financiación de los servicios públicos es más importante que las reducciones fiscales. Pero tras varios días de presiones se han visto obligados a dejar claro que también ellos quieren impuestos bajos.

Aunque la audiencia se le entregó desde el primer momento, los aplausos más sentidos llegaron cuando el líder apeló al thacherista que todo buen tory lleva dentro. No faltó un buen desprecio a Europa (su proyecto de sustituir la declaración europea de Derechos Humanos por una Ley Británica de Derechos). Y nada como un brindis al Ejército británico, a la mano dura contra la delincuencia y a la política de inmigración. Pero lo hizo con buenas maneras, sin el brusco radicalismo que ha distinguido a las últimas direcciones conservadoras estos temas. Cameron se pronunció a favor de una inmigración ordenada y de impedir que se desarrollen guetos musulmanes en las ciudades británicas. Se declaró a favor de las escuelas religiosas musulmanas, pero advirtió de que éstas deberían aceptar al menos a un 25% de alumnos de otras fes religiosas para evitar el fomento de guetos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 5 de octubre de 2006