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Necrológica:

Rafael Trabuchelli, pionero de la producción musical en España

Creador del 'sonido Torrelaguna', grabó los mayores éxitos de Karina, Miguel Ríos, Mari Trini o José Luis Perales

El pasado jueves 28 de septiembre fallecía en Madrid, de una insuficiencia respiratoria, el productor y compositor Rafael Trabuchelli, uno de los personajes más influyentes de la música española entre 1965 y 1975. Fue el director artístico en los años de gloria de Hispavox y grabó más de 1.300 discos; entre ellos, La yenka o el Himno a la alegría de Miguel Ríos.

Imposible comprender el auge de la música española durante la década de los sesenta y los primeros setenta sin la figura seminal de Rafael Trabuchelli. Romano de nacimiento pero residente en Madrid desde los cinco años de edad, este apasionado compositor y arreglista desempeñó un papel decisivo desde que en 1965 el sello Hispavox le fichara como director artístico, en sustitución de Enrique Martín Garea. Durante los diez años siguientes, Trabuchelli fue una fábrica imparable de éxitos y se erigió, junto al ginebrino Alain Milhaud (Los Bravos, Los Canarios, Pop-Tops), en el primer productor con personalidad propia en la historia de nuestra música popular.

En cuanto grabó el primer disco en Hispavox ya le sonrió la fortuna: La yenka, del dúo holandés Johnny & Charley, se aupó a lo más alto de las listas españolas en marzo de 1965. A partir de ese instante le contemplan, según sus propios cálculos, 1.300 sencillos y elepés con algunos de los momentos musicales más significados de aquella década gloriosa.

Suyas son las producciones de Por qué te vas (Jeanette), Amores (Mari Trini), Todo tiene su fin (Módulos), Calles del viejo París (Solera), Señora azul (Canovas, Rodrigo, Adolfo y Guzmán), los primeros discos de José Luis Perales, Raphael, Paloma San Basilio y Mireille Mathieu o todo el rosario de éxitos de Karina a finales de los años sesenta.

A ello hay que sumarle uno de los mayores pelotazos internacionales de la música española, el Himno a la alegría de Miguel Ríos, que produjo en 1970 junto a su mano derecha, el malogrado Waldo de los Ríos.Tras la mesa de mezclas era un hombre riguroso y detallista. Gran conocedor de los pormenores técnicos y acústicos de las grabaciones, exprimió al máximo las posibilidades de los nuevos estudios que Hispavox había construido en una nave de 200 metros cuadrados de la madrileña calle Torrelaguna. Tan identificables resultaban sus producciones que popularizó la expresión sonido Torrelaguna.

"Era una persona tremendamente tímida y cariñosa", le evoca Pepe Robles, cantante de Módulos. "Le gustaba la seriedad en el trabajo y marcaba alguna pauta, pero siempre dejaba que los músicos nos expresáramos tal y como éramos". Y José María Guzmán, que le conoció en los tiempos de Solera y Canovas, Rodrigo, Adolfo y Guzmán, agrega: "A veces se enfadaba mucho, se ponía como loco, pero se le pasaba enseguida. Era entrañable. Formábamos un tándem en el que él hacía las veces de George Martín: un músico de otra generación, pero muy imaginativo".

Tras 1975, cuando José Luis Gil vendió Hispavox a EMI, la carrera profesional de Trabuchelli languideció. El guitarrista y escritor Salvador Domínguez fue el último que le entrevistó en profundidad, para su libro Bienvenido Mr. Rock (2002). Ya entonces le encontró dependiente de la bombona de oxígeno, consecuencia de los casi tres paquetes de Camel diarios que fumaba en los años de gloria. "Era un músico brutal y arrebatador, además de un auténtico caballero", le recuerda.

La Academia de la Música le concedió en 2003 el Premio a la Difusión de la Música junto a Maryní Callejo, la arreglista de Los Brincos, pero su mala salud le impidió recogerlo en persona.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 2 de octubre de 2006