Imaz separa la paz de la negociación política dos días después de que Ibarretxe las vinculara
El presidente del PNV, Josu Jon Imaz, calificó ayer el proceso de pacificación de "prioridad absoluta" de su partido, pero separó en su discurso la paz, de la negociación y del diálogo político, un terreno este último en el que sí reclamó el liderazgo para su partido.
Imaz no se refirió de manera expresa al lehendakari, durante la celebración del Alderdi Eguna, el día del partido, que se celebró en Foronda (Vitoria) ante miles de militantes y simpatizantes. Sin embargo, separó claramente ambos conceptos apenas dos días después de que Ibarretxe volviera a mezclar la paz con la aceptación de su programa soberanista, durante el discurso de política general.
Los dos dirigentes del PNV coincidieron en eludir cualquier referencia al peculiar comunicado de ETA en un acto público en el bosque de Aritxulegi, en Oiartzun, Guipúzcoa, en el que con rifles en la mano, tres etarras adelantaron que van a "seguir luchando con las armas hasta conseguir la independencia en Euskal Herria".
Imaz argumentó que la paz "definitiva" deberá exigir también el cese, junto con las armas, "del esquema impositivo que trata de justificarlas; del que todo vale para conseguir determinados objetivos políticos", en referencia a la cultura política de Batasuna. Tras ofrecer su lealtad al PSOE en ese cometido, reclamó para su partido el liderazgo de Euskadi hacia un nuevo acuerdo político. Según dijo, ese pacto deberá incluir el respeto a la libre voluntad democrática de los vascos y deberá dotar a Euskadi de un nuevo marco de autogobierno, con más capacidad, "para que sigamos creando bienestar y calidad de vida".
Un acuerdo que deberá desarrollar la "identidad" de Euskadi y consolidar el "derecho a decidir" en una consulta popular que ratifique el fruto de la pluralidad vasca. En ese momento aprovechó para subrayar que ese mismo derecho asiste a los navarros y lanzó un mensaje tranquilizador destinado al presidente de esa comunidad, Miguel Sanz: "Nadie va a respetar más que nosotros las instituciones y la identidad de Navarra. Su porvenir sólo lo decidirán los navarros".
El lehendakari, que le precedió en el uso de la palabra, fue más desconfiado con los socialistas, a los que volvió a acusar de "querer diluir como un azucarillo" la identidad vasca en la española. "Ese ha sido siempre su proyecto", concluyó. Quizás por eso advirtió al PSOE y al PP que "si la relación entre el Estado español y Euskadi no es decidida voluntariamente, siempre será frágil".
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