Reportaje:FIN DE SEMANA

Reflejos versallescos en Segovia y Madrid

El jardín de La Granja de San Ildefonso y El Capricho de la Alameda de Osuna

La curiosidad por la figura de María Antonieta despertada por la homónima película de Sophia Coppola tras su estreno en el festival de Cannes ha reavivado también el interés por los jardines de Versalles. El pasado mes de julio se reabrió al público el llamado Domain de Marie-Antoinette, un ámbito reservado del parque parisiense, en torno al palacete Petit Trianon, que la reina remodeló a su gusto con un nuevo jardín de estilo chinesco y un peculiar despliegue de escenografías y pabellones. Entre ellos, el célebre hameau de la reina, una aldea idealizada donde un escogido grupo de aristócratas, ajenos al mundo real y a su destino, jugaban a ser refinados campesinos de salón.

Escenas parecidas, aunque en una versión más modesta, nos sugiere en Madrid El Capricho de la Alameda de Osuna, la finca de recreo que los duques de Osuna adquirieron en 1783 y convirtieron en foco de la vida social madrileña hasta la invasión francesa. Para los salones de El Capricho pintó Goya telas inmortales como El columpio, La cucaña, La procesión de aldea o El ataque a la diligencia. El jardín responde a los cánones de la época y cuenta con la parafernalia propia del paisajismo inglés: estatuas, templetes, ruinas, el lago, cascadas, que el paseante descubre entre una frondosa arboleda y las masas de lilos que florecen puntualmente a mediados de abril. La Casa de la Vieja recuerda el hameau de Versalles, con el templo del Amor, las esfinges, y el asombroso parecido entre el Casino madrileño y el Belvedere parisiense. Aunque lo más interesante de todo el jardín es una folie enigmática: el Abejero, un encantador palacete neoclásico construido para albergar 80 colmenas. Su galería acristalada permitía observar desde el interior el trasiego de las abejas, y desde unas trampillas en la fachada posterior, el acceso a los panales. Estos insectos ilustraban uno de los grandes debates de la época: la organización del trabajo en aras de una mayor productividad. Puede que ello justifique su presencia en El Capricho, declarado de interés artístico por el Gobierno de la República y que desde 1974 pertenece al Ayuntamiento de Madrid.

"El jardín soy yo"

Aunque a nadie le consta que Luis XIV dijera nunca "El jardín soy yo", ésta es la idea que uno saca de Versalles, sobre todo cuando se ha recorrido siguiendo el itinerario que el propio monarca redactó. Es imposible ignorar el contenido político de Versalles, escenario apoteósico de la monarquía absoluta francesa. Un proyecto, que nace del asombro y la envidia por la magnífica perfección del jardín de Vaux-le-Vicomte, y que recurre al mismo equipo, en el que destaca con luz propia el genio de André Le Nôtre. Convierten el pabellón de caza de Luis XIII en una auténtica obra de arte. Como prototipo del jardín barroco, su influencia abarca un sinfín de proyectos creados en Francia, como es el caso del jardín de Marly, y en el resto de Europa durante más de un siglo. Por eso, poco importa si La Granja de San Ildefonso (Segovia) se parece más a Marly, porque ambos son hijos indiscutibles de Versalles.

Es un acierto que la reciente restauración del Real Sitio segoviano se haya realizado de acuerdo con las reglas compositivas y el espíritu del barroco, intentando recuperar, allí donde era posible, su trazado original. El proyecto, llevado a cabo por Patrimonio Nacional según un plan director de la paisajista María Medina, ha logrado realzar la coherencia racionalista que rige este minucioso engranaje de parterres de filigrana, boulingrins, juegos de agua y paseos abovedados. Pero el orden cartesiano que domina en los niveles más bajos se relaja conforme uno asciende, hasta fundirse con el paisaje. En lo más alto, un bosque de pinos y robles autóctonos da paso al lago artificial llamado El Mar, del que se abastecen las 27 fuentes que tanta fama han dado a La Granja. Desde aquí, el jardín nos revela su propia identidad que le confieren el paisaje y la luz del Guadarrama.

Una estatua de Venus en el templo del Amor en el jardín de El Capricho de la Alameda de Osuna, en Madrid.
Una estatua de Venus en el templo del Amor en el jardín de El Capricho de la Alameda de Osuna, en Madrid.SANTI BURGOS

GUÍA PRÁCTICA

- El Capricho. Paseo de la Alameda de Osuna, s/n. Madrid. Abierto sábados, domingos y festivos. Del 1 de abril al 30 de septiembre, de 9.00 a 21.00. Entre octubre y marzo cierra a las 18.30. La entrada es gratuita.

- Real Sitio (921 47 00 19; www.patrimonionacional.es). La Granja de San Ildefonso (Segovia). Abre todos los días.En septiembre abre de 10.00 a 20.00 (consultar los horarios del resto del año). Entrada gratuita todo el año salvo cuando funcionan las fuentes (3,40 euros).

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