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Crónica:Fútbol | Fase clasificatoria para la Eurocopa 2008

Francia consuma su venganza

El equipo de Domenech derrota a Italia (3-1) bajo la sombra de Zidane y Materazzi

¿Quién dijo que no hay que tomar venganza? Dos meses después de la desilusión del Mundial, de la final perdida en Berlín, Francia se tomó la revancha frente a Italia en París dominando de punta a punta un partido jugado con intensidad, como si le fuera todo en ello. Sin Zidane -ni Materazzi- la selección francesa jugó más suelta, con más rapidez. Tal vez con menos elegancia y soberanía, pero con una efectividad absoluta. El talento de sus estrellas brilla más. Thierry Henry, por ejemplo, fue ayer el jugador excepcional que todos los grandes equipos de Europa desean. La suya fue una versión muy por encima de la que ofreció en Alemania este verano.

Makelele -se explica la obsesión del seleccionador Domench por hacerle jugar ante la negativa de Moutinho- y, más atrás Thuram, controlan la zaga, Sagnol sale por la banda en rápidas aceleraciones y Ribery -señalado como el nuevo referente- hace de Zidane a su manera; más eléctrico, menos pausado, pero no menos peligroso, moviéndose entre líneas, llevándose el balón como si lo llevara pegado. Una auténtica pesadilla para la defensa italiana. Porque Italia, a excepción de algunos destellos, fue una sombra.

Fueron tres goles los que encajó Buffon, el mejor portero del mundo, uno más de los que dejó pasar durante todo el Mundial, pero pudieron ser más. El nuevo seleccionador italiano, Donadoni, ya lo había anunciado. "Si Francia ha cambiado perdiendo a Zidane, Italia tampoco es la misma que la del Mundial".

16 de los 22 jugadores titulares que salieron al campo en Berlín el pasado 9 de julio para jugal la final estaban ayer por la noche en París. Faltaban, obviamente, Zidane, ya retirado, y Materazzi, sancionado. Y por parte francesa también el guardamenta Fabien Bartez, el protegido de Zizou, a quien no se echó de menos sino más bien todo lo contrario. El titular del Olimpique de Lyon, Coupet, estuvo extraordinario, sacando incluso un gol en la misma línea con un manotazo cuando ya se colaba dentro el remate de Cannavaro.

Con el estadio casi lleno, les bleus salieron a por todas. Al minuto ya forzaron el primer corner. En el segundo minuto Makelele recuperó el balón, se lo sirvió a Gallas, que lo recibió en la banda izquierda en claro fuera de juego, y centró para que desde el otro lado el neófito Govou empalmara una volea que Buffon no pudo detener. Poco después comenzaron los estragos de Henry, que hizo sufrir de lo lindo a Cannavaro. Y en el minuto 17 Buffon rechazó un fuerte disparo de Malouda desde lejos, pero emergió Henry para remachar, aunque con la ayuda de Cannavaro, que desvió la trayectoria del balón. Con Italia a la deriva, de inmediato apareció Gilardino, que dos minutos después acortó distancias.

Pero Italia ya no ofreció casi nada en la reanudación y en el minuto 50, de nuevo Govou, el jugador de Burdeos llamado en el último momento por Domenech, clavó de un cabezazo un centro impecable de Sagnol saltando por encima de Cannavaro. Fue el delirio. Los franceses hicieron la ola. El placer de la venganza se había consumado. El resto del partido ya no fue otra cosa que las acciones deslavazadas de Italia para intentar maquillar el resultado. No lo consiguió y Francia, resuelta la cuenta pendiente, celebró con júbilo la victoria y desde la grada se homenajeó a Zidane, al que recordaban varias pancartas colgadas de Saint Dennis.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 7 de septiembre de 2006