Crónica:LO QUE HA LLOVIDO
Crónica
Texto informativo con interpretación

Amnistía de sacristía

Aquí se había abierto la veda, y todo el mundo se creía con derecho a abrir su propia ventanilla de impartir perdones, amnistías y carnés de demócrata de toda la vida. Entre ellos, el párroco de Ascó, en Tarragona, que aprovechó una homilía dominical para anunciar que, "ya que el Rey nos ha dado esta amnistía, yo también estoy dispuesto a otorgarla".

No se trataba de hacer tabla rasa con los pecadores, y aquí paz y después, gloria. El párroco especificó que su particular decisión afectaba a las autoridades locales, a las que tenía prohibido asistir en corporación a los actos religiosos de la fiesta mayor, e incluso entrar en la iglesia y participar en actos litúrgicos.

La razón no había que buscarla en profundas divergencias teológicas o disputas bíblicas con alcalde y concejales, sino en la diversidad de criterio que tenían sobre la central nuclear del pueblo, a la que el cura se oponía. Ante lo cual, y en uso de la autoridad divina que creía que le estaba conferida, había decidido prohibir la asistencia a sus actos, sus misas y sus celebraciones a la corporación. Con lo que siempre ha cundido en España tanto Corpus lleno de alcaldes y ministros, tanta procesión con los munícipes vestidos de bonito.

Hablando de ministros, y sin salir de las sacristías, publicábamos una noticia por la que no ha pasado el tiempo: la Iglesia quería más dinero, público, por supuesto. El titular de Justicia, Landelino Lavilla, iba a mantener contactos "con los cuatro cardenales españoles para tratar, entre otros temas, de la subida de la dotación económica del clero y de su manera de presentarlo a la opinión pública". Curiosamente, parecía que una cosa era acceder desde el Gobierno a las demandas eclesiásticas, porque la petición, decíamos, "cuenta con buenas perspectivas en los medios oficiales", y otra ver cómo se lo tomaba el pueblo llano, el personal cotizante, el del refrán de parece que te ha hecho la boca un fraile.

El Festival Internacional de Cine de San Sebastián tomaba por entonces una decisión de la que quién sabe si no se habrá arrepentido: después de haberle propuesto a Salvador Dalí que hiciera el cartel de ese año, que era el de las bodas de plata del Festival, se volvió atrás por considerar que el artista se había subido a la parra. "Tras varios regateos", contábamos, el pintor pidió 1.750.000 pesetas. No sé si Dalí se había subido a la parra, pero hacía tiempo que ya estaba en su propio Olimpo.

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