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Reportaje:

'Jacuzzi' para todos

72 horas en el complejo turístico castellonense de Marina d'Or, que democratiza el chorro cervical, la ducha escocesa y el 'spa'. Granizado de limón, estatuas romanas y lucha por la primera línea de playa

Él con su pelo entrecano apoyado en el bordillo del jacuzzi, la cadena de oro que se hunde entre las burbujas, una sonrisa de oreja a oreja, ¡ah! A su lado, su señora, con unas gafas de piscina azules colgando torcidas del cuello, extasiada. Enfrente, la cuñada y su santo, comentando con sorpresa el cambio de color del neón que bordea la bañera: del verde al fucsia, del fucsia al amarillo. Nada como estar de vacaciones, en familia y a remojo. Es tal el gozo que él, presa de un entusiasmo difícil de contener, declama un sonoro "¡glamour, glamour!", que reverbera en los techos altos del balneario, sujetos por réplicas de regias columnas romanas. Al cabo de unos segundos, él tuerce el gesto. "Está salada", dice, en referencia al agua. "Es que viene de la mar", le explica su señora esposa.

El parque exhibe sus bancos con bafle para musicoterapia, sus 'Venus' y sus 'Davides', sus rocas de cartón piedra

Unos sesenta bailongos se afanan en la difícil tarea de conseguir un movimiento 'sexy' con una mano en la cabeza

En un día, el hotel de tres estrellas da 1.500 comidas y lava 7.000 kilos de ropa, 4.200 toallas y 7.100 servilletas

Bienvenidos a Marina d'Or, ciudad de vacaciones, según reza su megapublicitado eslogan (¿pero eso de las vacaciones no consistía precisamente en huir de la gran ciudad?, que diría un urbanita), territorio Miss España y chica Interviú, millón y medio de metros cuadrados pensados para el turismo familiar que albergan, entre otras cosas, cuatro hoteles, 10.000 apartamentos, tres chiringuitos, una playa de césped y un coche-trenecito para recorrerlo. Sí, uno de esos estilo Disneyworld, sólo que con carteles luminosos con el rostro de Anne Igartiburu en el techo y un eslogan escrito en cada uno de sus vagones: "La mejor inversión".

A esta hora de la tarde, el balneario de agua marina está más que animado. La joya de la corona de este complejo de Oropesa del Mar ofrece tarifa promocional -entre las 19.30 y las 21.30, 19 euros- y aquí acuden muchos turistas, algunos, cámara de vídeo en mano, en busca del momentazo ducha escocesa / piscina flotante / trepidarium (baño romano), o lo que se tercie. Los que se alojan en el hotel cinco estrellas, eso sí, lo tienen gratis. Si algo queda claro en cuanto uno se adentra en este microcosmos levantino es que: 1) aquí todo está escalonadamente tarifado; 2) el concepto de lo VIP, el más (baño de Cleopatra) para el que más paga es santo y seña, y 3), que no está reñido con 2), aquí se pone al alcance de todos algunas cosas que, durante un tiempo, parecían reservadas a ciertas élites.

Paqui recorre la parte exterior del balneario persiguiendo a su hija Marta. A sus espaldas, palmeras, el mar, jacuzzis a distintas alturas y el logo de Marina d'Or, el velerito, girando sobre sí mismo, sobre una plataforma. Cordobesa de 38 años, se dedica a cuidar niños y nunca se había dado el gustazo de sumergir su cuerpo en un jacuzzi hasta llegar aquí. El tema de los cambios de temperatura entre las distintas aguas la tiene loca. Fue su hija Marta la que más insistió para que vinieran a este complejo: "Mamá, ciudad de vacaciones", le repetía. Los anuncios de la tele surtieron su efecto.

Sentada en la terraza, a escasos metros de Paqui, está Mari Carmen, profesora de Logroño, apurando los últimos rayos de sol del atardecer. "Hemos estado en siete u ocho balnearios en España y éste es el más completo. Normalmente, el que tiene para pies, no tiene para manos", dice en alusión a los circuitos que ofrecen estas instalaciones -40.000 metros cuadrados con 24 jacuzzis que permiten acoger a 2.000 personas al día-. Mari Carmen se ha dado el lujo de alojarse en el cinco estrellas, algo que en un principio le parecía "una barbaridad", totalmente fuera de sus posibilidades. "Lo bueno de este sitio es eso: somos clase media pero podemos alojarnos en un hotel como éste", dice. Y sonríe con sus dientes recién blanqueados en el centro médico, otra de las apuestas de Marina d'Or. Un espacio que además de tratamientos desestresantes, masajes y terapias varias, ofrece operaciones de cirugía estética. Ocho mamas, dos lipos y dos narices. Ésas son las previsiones de intervenciones quirúrgicas para agosto, cuenta el director, Juan Ricart. "La gente aprovecha las vacaciones. Es cuando tiene tiempo", explica. ¿Los servicios más solicitados? Aumento de mama (mujeres) y liposucciones de flancos y mama (hombres).

Recorrer las calles y la recepción de los hoteles de Marina d'Or es como vivir en un anuncio. Los escaparates ofrecen una y otra vez las mismas imágenes publicitarias: el balneario, el miniparque de atracciones, Anne, las peceras incrustadas en las paredes... Cuestión de captar al comprador indeciso. En una noche como la del jueves 27 julio, por ejemplo, Marina d'Or alojó a 3.762 turistas en sus hoteles y apartamentos (189 euros al día en temporada alta), sin contabilizar a los propietarios que pasan aquí sus vacaciones. El hotel tres estrellas sirve unas 1.500 comidas al día. Y por las lavadoras, que más bien parecen un vagón de metro, y unas secadoras que se asemejan a garitas de vigilancia (en aspecto y en tamaño) pasan cada día 7.000 kilos de ropa: se lavan 4.200 toallas, se doblan 7.100 servilletas.

Cae la noche y uno se encuentra de pronto en Sevilla. Esta sensación de haberse teletransportado en el espacio (a un recinto ferial) y en el tiempo (abril) la proporciona el iluminado de la avenida de Barcelona, fosforescente espina dorsal bautizada con gran sentido común por el personal como avenida de las Luces. Los arcos blancos con miles de bombillas de colores se suceden junto a unos postes, de inspiración más bien navideña, en forma de flor de diente de león (sí, esa de tallo fino que soplan los niños). Descontando estas dos poderosas influencias, Sevilla y la Navidad, dos son básicamente los referentes estéticos de Marina d'Or: la Roma antigua y el azulejo al estilo Gaudí. Fusionados.

"Hombre, a mí me gustan las cosas un poco más sobrias", confiesa Borja, ingeniero de caminos madrileño de 29 años. "Como decoración me parece precioso", sostiene Antonio Santos, palentino de 59 años, sentado en un banco del parque, con su camisa amarilla y su bolsito cruzado en bandolera. Debates aparte, el hecho es que todas las noches se forma un pedazo de cola para subirse al poyete que ofrece la mejor perspectiva: hacerse la foto con el alumbrado de fondo forma parte del ritual.

Frente a Antonio y su esposa, el parque exhibe sus bancos con bafle incorporado para la musicoterapia, sus Venus y sus Davides blancos y desnudos, su riachuelo con carpas japonesas más gordas que los patos y sus rocas de cartón piedra, amén de los cervatillos y otros animales del bosque tallados por el equipo de jardineros. Esta noche, eso sí, la musicoterapia transita por otros derroteros: de fondo llegan ecos de movimientos sexys, sí, parece que vuelve a sonar el inefable himno de hace cinco veranos, aquella histriónica La bomba.

La gran terraza de la cafetería del parque, con sus mesas y sillas naranjas, acoge actuaciones casi todas las noches. Hoy toca una escueta formación de teclista (con casi todo pregrabado), percusionista-animador y una cantante. Unos sesenta bailongos (niños, padres, abuelos) se afanan en la difícil tarea de conseguir ese movimiento sexy con una mano en la cabeza mientras la gran mayoría, unos 400, optan por chupar de la pajita del limón granizado, a ver si queda algo.

Son pocos los que a las diez de la mañana están preparados para el aerobic mañanero en la piscina. Bueno aerobic, no, que ya pasó de moda, cuenta Fátima, animadora de 23 años, con sus rastas, su pulsera de pinchos y su palillo en la boca. Ahora lo que se lleva es la batuka, disciplina popularizada por Operación Triunfo que fusiona el aerobic con el baile. "Cada verano es diferente", cuenta Fátima, "el pasado, el reggaeton; el anterior, el Caribe; y éste, la batuka". Y avisa: "Si eres animador y no conoces la batuka, estás muerto".

La cita de las once con el aqua fitness concita algo más de público, 42 mujeres y un hombre. Hacer deporte con medio cuerpo en el agua es buena manera de empezar el día. La cosa se revoluciona cuando aparece el artilugio que protagoniza la mayor parte de los ejercicios, un palitroque flotante de gomaespuma de unos 80 centímetros que las animadoras bautizan como churro. Churro para arriba, churro para abajo, churro entre las piernas, churro bajo los pies, la hora pasa volando entre gimnásticas risas. Aída, monitora, explica qué es lo más complicado del ejercicio al término de la sesión: "Con el churro, como cuesta meterlo bajo el agua, haces más fuerza y endureces más el músculo".

Cuenta Juan Colmenero que las hostilidades en pos de la codiciada primera línea de playa se suelen desencadenar sobre las 9.30. Ex conductor de 68 años que ha venido junto a otros 80 habitantes de Torredelcampo (Jaén) en autobús a pasar una semana aquí, dice que conseguir la ansiada posición al borde del agua es mucho más fácil que en Benidorm. Está encantado con su hotel, sirven muy bien y está muy limpio. Paga 525 euros por la semana, pensión completa, bebida incluida. No tan positivo es el balance que hace su paisano José María, panadero, un poco cabreado con los 240 euros al día que paga en su única semana de vacaciones. "Me lo pusieron muy bonito en la tele. Pero me parece caro. Hace dos años estuve en Playa Bávaro y eso sí que era paradisiaco. Aquí, el hotel de cuatro estrellas da un bufé de un dos estrellas, los ascensores son muy pequeños y en la recepción no hay aire acondicionado". Tampoco son pocos los que se quejan de la playa: "Tiene muchas piedras, rocas, está poco tratada", dice Milka, madrileña de 35 años.

Con todo, Marina d'Or es un proyecto que crece como la espuma. Este mes recibirá a tres delegaciones de sendos países que quieren construir ciudades de vacaciones a imagen y semejanza del complejo levantino. Y lo que queda por llegar, de aquí a 10 años: el faraónico Marina d'Or Golf, un Las Vegas de más de 18 millones de metros cuadrados con 46.000 viviendas y una colección de hoteles temáticos a tan sólo tres kilómetros de aquí. "No se ha hecho una obra de estas magnitudes", dice Lorenzo Montón, arquitecto y encargado de urbanismo del proyecto, "desde las reconstrucciones urbanas de la II Guerra Mundial". Habrá pista de nieve artificial de un kilómetro en el hotel Alpes, bolera prehistórica onda Pedro Mármol, una Torre Eiffel de siete pisos de altura, un bar musical de copas con forma de esfinge egipcia y menús con esposas en el restaurante Alcatraz. Casi ná.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 8 de agosto de 2006