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Reportaje:MOTOCICLISMO | Gran Premio de Alemania

Contra los temores, rutina

"Me pongo los guantes, paso por detrás de la moto...", explica Gibernau, que vuelve a competir tras su caída en Montmeló

Los accidentes graves quedan grabados en la memoria de los motociclistas, que los procesan mejor o peor según sus consecuencias. El que sufrió Sete Gibernau en el circuito de Montmeló, en junio, fue aterrador. Instantes después del apagón de los semáforos, al final de la recta, el antebrazo de su compañero Loris Capirossi accionó el freno delantero de su Ducati y salió catapultado a una velocidad estratosférica para rodar por la vía de escape y romperse la clavícula izquierda. Tras perderse dos grandes premios, los de Holanda y Gran Bretaña, Gibernau reaparece en el de Alemania, en Sachsenring.

"Para un piloto profesional sí es posible abstraerse de un accidente semejante", asegura Josep Pep Font, miembro del departamento de Psicología del Deporte del Centro de Alto Rendimiento (CAR) de Sant Cugat. "El trauma que provoca un percance tan importante está ahí. De lo que se trata es de comprobar cómo lo ha procesado el afectado. Todos los que estuvieron allí quedaron condicionados, en menor o mayor medida, por lo que sufrieron o vieron", explica.

Font propone una técnica para tratar de mantener a raya los malos recuerdos. "Se basa en dirigir el control emocional deliberadamente hacia un estímulo clave en el procedimiento de la salida", alecciona. En tal momento, el estímulo más importante cobra luz. "El semáforo. Aunque suene a mofa, los corredores deben centrarse en él", apunta. Y detalla: "No deben verlo tan sólo, sino centrar toda su atención en él. Para olvidarte de algo debes centrar tu atención en otra cosa de forma exagerada".

A Gibernau no le hará ninguna falta. "Será difícil que me venga a la mente alguna imagen de la salida porque no me acuerdo de nada y, además, no he querido ver las del accidente", reconoce el español, de 33 años.

"Si los pilotos están temerosos de que les pueda suceder lo mismo que cuando se cayeron, lo que hacen es predisponerse a que les ocurra y anticipan su angustia. Entonces, deben poner en práctica las rutinas individuales que cada uno tiene para concentrarse", comenta Font.

"Cada uno crea una secuencia para activar los sensores de concentración que repite en cada parrilla de salida: yo me pongo los guantes, paso por detrás de la moto, tengo la última palabra con Juan [Martínez, su jefe de mecánicos] y todo se va cerrando a medida que se acerca el momento de partir: la concentración máxima", conviene Gibernau.

"Siempre escucho la misma canción [Local Hero, de Dire Straits]. Me abstraigo de todo y no veo nada más que el semáforo", atestigua Toni Elías, que, al igual que Gibernau, reaparece tras el costalazo que se dio en los ensayos del Gran Premio de Holanda, en el que se fracturó la cabeza del húmero. "Me agacho, me pongo al lado de mi moto y le doy golpecitos con el casco. Sólo estamos mi moto y yo", destaca Valentino Rossi. "Yo respiro hondo y me relajo", añade Carlos Checa, que concluye:. "Está claro que una caída como de Montmeló afecta, pero trato de borrar las imágenes".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 15 de julio de 2006