Cartas al director
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Zidane, lógica del honor contra lógica profesional

EL PAÍS que no nos ha dado una versión suficiente de lo sucedido, se ha alineado con la posición prácticamente unánime de los medios de comunicación europeos, incluidos los franceses en la condena, sin atenuantes ni calificaciones, del cabezazo de Zidane a Materazzi en la final del Mundial de fútbol del pasado domingo.

La razón más esgrimida para esa inapelable reprobación es la falta de profesionalidad de Zidane, ya que su conducta, dictada por razones personales, disminuyó las posibilidades de victoria de su equipo e infringió las reglas de su profesión de futbolista. También el mal ejemplo -la violencia como recurso- que ha dado a una juventud que lo consideraba como su héroe. Sin que hayan faltado los posmodernos mofándose de una reacción medieval basada en una antigualla como el honor que nadie sabe ya en qué consiste. Ahora bien, si lo que aconteció durante un partido de fútbol hubiese acaecido en la calle o en un café, una buena parte de la opinión pública habría aprobado que se defendiera la honra de la madre y de la familia recurriendo, a medios tan menores como un cabezazo. Que no se considere aceptable en este caso supone hacer prevalecer los intereses profesional-corporativos, de condición reglamentaria, sobre los valores ético-familiares vinculados a la persona. ¿Por qué nadie ha elogiado que Zidane haya sacrificado la gloria de su despedida, el punto cenital de su carrera y su imagen de marca a la lealtad a unos principios y a unos afectos para él innegociables? En cualquier caso la FIFA tiene la obligación de restablecer el fairplay, esencia de cualquier actividad deportiva, en el mundo del fútbol. Comenzando por darnos una versión real de lo acontecido tomando las medidas que de ello se deriven.

* Este artículo apareció en la edición impresa del jueves, 13 de julio de 2006.

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