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ARTE

Los museos se enfrentan al reto de cómo conservar el arte electrónico y digital

Emulación, migración y duplicación son las principales estrategias para archivar el 'new media art' - Si no se puede mantener la esencia de una pieza es mejor conservarla sólo en forma de documentación, advierte Frieling

¿Cómo conservar lo intangible? ¿Cómo conservar un software-art? ¿Y la interactividad en Internet? Hace prácticamente 30 años que existe el vídeo, y desde entonces los artistas han ido incorporando cada vez más elementos electrónicos y digitales a sus obras. Sin embargo, los proyectos para la conservación de este patrimonio siguen siendo escasos y, en la mayoría de países, inexistentes.

Hace unas semanas se reunieron en Barcelona expertos mundiales en un simposio sobre conservación del patrimonio artístico y el uso de las nuevas tecnologías, organizado por Mecad / Media Centre de Arte y Diseño. Participaron especialistas de la talla de Rudolf Frieling, conservador de la obra digital del MOMA de San Francisco; de Tina Weidner, de la Tate Gallery de Londres; Johannes Gfeller, del suizo Active Archives, y Gaby Wijers, del holandés Institute Montevideo.

"En la última década, en España ha habido una extraordinaria proliferación de museos de arte contemporáneo, con colecciones centradas en el arte más actual, que incluyen muchas obras realizadas con medios no tradicionales. Sin embargo, ninguno de ellos ha instituido un departamento específico dedicado a los nuevos medios ni se enfrenta a este tema de forma racional", afirma Claudia Giannetti, directora de Mecad.

"Los museos se están dando cuenta de que poseen obras que no saben cómo preservar y que se arriesgan a perder. De hecho, ya se han perdido muchas experimentaciones tempranas, imprescindibles para trazar la historia del media art en España, que los museos tienen el cometido de generar", añade Giannetti.

"Junto con la obra, el museo adquiere la responsabilidad de conservarla. Nos encontramos inmersos en un proceso de cambio muy acelerado, por eso estamos aquí", explicaba Antonio Franco, director del Museo Extremeño de Arte Contemporáneo.

Sistemas eficaces

"Museos, coleccionistas, artistas, mediatecas e instituciones afines, empiezan a necesitar sistemas eficaces para la restauración, conservación y archivo de las obras que tienen un carácter efímero e interactivo o que emplean vídeo, programas informáticos e Internet", explicó Giannetti. La falta de conservadores especializados en tecnología digital y la volatilidad de la obra electrónica han acelerado la pérdida de las obras inmateriales de la primera época de Internet. Paradójicamente, de esas obras sólo se conservan los textos de explicación de la obra. "Los museos cometen siempre el mismo error", se autocriticó Frieling. "Cuando se dan cuenta de que una obra es relevante para su colección ya ha desaparecido o ha subido su precio"."La obras de net art son las más complejas, porque incluyen la interactividad como característica específica y la interacción se basa en la intención del artista. Para conservarlas hay dos posibilidades. La primera consiste en archivar el código fuente y conservar los programas y las máquinas idóneas para ver la obra, adquiriendo los recambios necesarios. La segunda, en migrar los datos a otro sistema que garantice la misma respuesta, y en este caso hay que conocer los objetivos del autor y sus expectativas de interacción. Hay que hablar con los artistas mientras están vivos", sostiene Frieling.

Después de haber sido 12 años uno de los principales motores del ZKM Center for Art and Media de Karlsruhe, Rudolf Frieling ha abandonado el museo alemán para ser el conservador jefe de media art del Museo de Arte Moderno de San Francisco (SF MOMA), una de las raras instituciones de esta categoría que tienen un departamento de conservación de arte digital.

Recientemente, Frieling ha acabado un importante proyecto de restauración y exposición de obras audiovisuales, titulado 40yearsvideoart.de: Patrimonio Digital, que recorre la historia del videoarte en Alemania desde 1963 a la actualidad. El proyecto incluye obras emblemáticas como la película de Wolf Vostell Sun in your head (1963), conservada en el Archivo Vostell de Malpartida (Cáceres) y el vídeo Malerei Deckt Zu-Kunst deckt auf (1977) de Richard Kriesche. También está la mítica Good Morning Mr. Orwell de Nam June Paik, la primera performance simultánea y participativa vía satélite, que se estrenó en el Centro Pompidou de París en 1984, con la participación de unos 50 artistas, entre ellos Merce Cunningham, Philip Glass, Charlotte Moorman, Joseph Beuys, Laurie Anderson y John Cage.

"Este trabajo quiere destacar la importancia y el impacto del media art en el patrimonio cultural alemán, así como la necesidad de estudiar los procesos de degeneración de los soportes vinculados a las nuevas tecnologías, para poner a punto medidas de conservación eficaces", afirma Frieling.

Frieling es el impulsor de Media Art Net, una plataforma-archivo online, con más de 2.000 trabajos, que se propone reconstruir la historia de las expresiones artísticas vinculadas a los nuevos medios, relacionándolas con las principales corrientes del arte del siglo XX. Su peculiaridad es la gran cantidad de material audiovisual disponible en Internet, incluidos algunos fragmentos de vídeo de Nam June Paik y otros autores míticos, que no se encuentran en ningun otro sitio web, debido a los costes de los derechos de autor. Poner las obras en red costó en concepto de derechos de autor, un cuarto del presupuesto total, que superaba los 800.000 euros.

De todos modos, Friedling advierte de que no todo se puede reinterpretar. "Cuando no se puede mantener la esencia de una pieza es mejor conservarla sólo en forma de documentación, aunque esto comporta evidentes conflictos con los intereses económicos vinculados a la obra de arte", señaló Frieling.

A veces, la obra está a caballo entre lo físico y lo virtual. A eso se dedica The Netherlands Media Art Institute Montevideo, con sede en Amsterdam. "La peculiaridad de estas obras radica en su posición híbrida entre el objeto de arte físico y el evento artístico, de modo que también su conservación requiere una aproximación dual entre la documentación y la preservación", afirma Gaby Wijers, conservadora de Montevideo.

MONTEVIDEO: www.montevideo.nl/ MEDIA ART NET: www.mediaartnet.org MECAD: www.mecad.org/conservacion.htm

Emulación

Frente a la ineficacia de almacenar archivos digitales en un CD, la emulación crea un facsímile en un medio diferente, lo cual significa reprogramar la obra en un sistema vigente, respetando las intenciones del autor, como en el caso de un nuevo software, que emula un viejo hardware. Por ejemplo, el programa informático de The Erl King, de Grahame Weinbren, para un ordenador Sony, no funciona en un Pentium de 2000, así que es necesario realizar un emulador Sony para el Pentium. Lo mismo ocurre en el caso de Good Morning Mr. Orwell, de Nam June Paik, en la imagen.

Duplicación

La estrategia de la duplicación se aplica a los medios que pueden ser perfectamente clonados, es decir en los que no hay diferencia entre el original y la copia, como en el caso de los applets java y los navegadores necesarios para ver obras de net art. Éste es el caso, por ejemplo, de la obra de Mark Napier, Net.flag, propiedad del Guggenheim de Nueva York, que permite al público realizar banderas inéditas, alterando los símbolos nacionales y creando nuevos territorios virtuales para la comunicación, como se muestra en la imagen publicada más arriba.

Migración

En vez de recrear la pieza en un medio diferente como en el caso de la emulación, la migración consiste en actualizarla según normas contemporáneas, aceptando todos los cambios que esto puede generar visual y sensorialmente. Es el caso de la célebre videoinstalación TV Garden (1974), que se migró de la fuente vídeo U-matic a los discos láser o a los DVD, o la película Sun in Your Head, de Wolf Vostell. En determinados casos los artistas pueden decidir prohibir cualquier variación a la forma y estructura original de una obra, dotándola de algo parecido a una fecha de caducidad.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 1 de junio de 2006

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