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Análisis:A LA PARRILLA

Cánceres

Si la muerte de Carmina Ordóñez representó el punto álgido del luto carroñero, la larga enfermedad de Rocío Jurado ha cimentado las bases de un género parecido: la agonía-show. ¿Dónde estás corazón? (Antena 3) y Salsa rosa (Tele 5) compitieron en este viscoso liderazgo, pero también vimos conexiones de TVE e incluso de Nos pierde la fama (Cuatro), que, con la coartada de la ironía, hace lo mismo que los demás. María Patiño también estaba allí, sembrando su apasionado patiñismo entre sus muchos imitadores. El sábado hubo cambio de guardia y Salsa rosa se hizo cargo del asunto enviando a Mabel Redondo. Desde el plató, los tribunos adoptaron un tono contradictorio: si tan afectados estaban todos, quizá habría sido mejor no hurgar tanto en la herida.

En el plató de ¿Dónde estás corazón?, en cambio, el tertuliano Antonio Montero llegó a admitir que se estaban precipitando y que hacía falta paciencia. Eso no le impidió participar en la enésima revisión, con retórica grandilocuente incluida, del cáncer de la cantante. En la puerta de Villa Jurado, el hermano de la cantante, Amador Mohedano, lidiaba la avidez periodística con una resignada serenidad. "La enfermedad tiene guasa", decía, y demostraba lo que debe ser un portavoz: tan respetuoso como ambiguo.

Pero no sólo de cánceres vive el formato. También vimos a un ex torero con collarín hablar de sus amigos famosos y a una amante despechada que recordó cómo depilaba a otro famoso adúltero. Enfermedades, convalecencias y despechos alimentan un género con ingredientes típicos de un país que venera lo decadente y lo superficial, lo cómico y lo trágico, el linchamiento y la mitificación, todo envuelto en una incesante cháchara en la que cuanto menos riguroso se sea, más éxito se tiene. Casos como el de Rocío Jurado demuestran que algunos no sólo tienen que luchar contra la enfermedad, sino también contra los efectos secundarios de un tratamiento mediático que se entromete y que, en nombre del derecho a informar, interfiere en el sagrado derecho a morir en paz.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 29 de mayo de 2006