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ÓPERA

Sotelo busca en 'Dulcinea' el alma musical del 'Quijote'

La imagen de Dulcinea sólo podemos verla a través de Don Quijote. Porque no era de este mundo, sino que se trataba de una ensoñación constantemente imaginada por él. "Era el alma de Don Quijote", decía ayer el escritor Andrés Ibáñez, autor del libreto de Dulcinea, la ópera para niños que ha compuesto Mauricio Sotelo y que se estrena mañana en el Teatro Real (con representaciones el sábado 20 y el lunes 22).

La búsqueda de ese mundo ideal es lo que ha llevado a los autores a crear una ópera que dirige en escena Gustavo Tambascio y Joan Cerverò en el foso. Antonio Moral y José García Velasco, director de la Sociedad Española de Conmemoraciones Culturales (SECC), acompañaron ayer a los cuatro artistas en la presentación de esta pieza de 55 minutos que ha despertado el interés de algunos teatros de Europa y ha sido puesta en pie por la colaboración de varios teatros y asociaciones españolas: Liceo, Real, Maestranza, Palau de les Arts, la Asociación de Amigos de la Ópera de Bilbao y la Fundación Ópera de Oviedo, además de la SECC.

Se trata de una pieza llena de magia, ensueño y misterio con un objetivo claro: acercar niños a los teatros de ópera. "Cuando te encargan algo así tienes una gran responsabilidad", asegura Sotelo. "Es difícil acercar a los niños a un mundo así y no banalizar", añade el compositor.

Según sus compañeros, Sotelo no ha banalizado en absoluto. La ópera cuenta la iniciación de un niño al mundo genial y riquísimo del Quijote. "Sotelo e Ibáñez han abierto una caja de Pandora de la que sale toda la magia del Quijote", asegura el director musical.

"Hay lírica, mundo burlesco, ironía, canto puro, transparencia, violencia", afirma Andrés Ibáñez, que dice haber cumplido un sueño con su amigo Sotelo. "Estrenar una ópera en el Real, algo que imaginábamos cuando todavía este teatro no era de ópera", asegura el escritor.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 17 de mayo de 2006