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Reportaje:Fútbol | 21º título español en Europa

La marea sevillista saluda al campeón

Miles de aficionados arropan al equipo andaluz y celebran en las calles la victoria en la Copa de la UEFA

Los pitidos se oían desde primeras horas de la tarde en las principales avenidas de Sevilla y se intensificaron a medida que se acercaban las siete, cuando debía haber aterrizado ayer el avión de los jugadores del equipo rojiblanco. Las banderas con los colores y el escudo del Sevilla, que ya ondeaban desde hacía días en automóviles y balcones, se multiplicaron a partir de la noche de la victoria.

La ciudad estaba ayer rendida al equipo portador de la Copa de la UEFA. El momento se hizo esperar, ya que el avión en el que viajaban los jugadores desde Eindhoven (Holanda) se retrasó más de dos horas. Hasta las nueve y media de la noche no llegó el equipo al aeropuerto de San Pablo, algo que no desanimó a los aficionados, que inundaron las calles de la ciudad para corear a su equipo entre el aeropuerto y el centro de la capital andaluza.

El autobús que transportaba a la plantilla realizó su ruta arropado por los vítores de miles de aficionados que relentizaron el paso de su equipo en los diferentes puntos del itinerario que el presidente del club, José María del Nido, había anunciado en la página web del club.

"¡Vamos, mi Sevilla!"

Al llegar a la catedral, donde el equipo presentó la copa a la patrona de la ciudad, la Virgen de los Reyes, los más de 4.000 aficionados sevillistas apostados junto a la Puerta del Príncipe del templo aclamaron a sus ídolos hasta desgañitarse: "¡Vamos, mi Sevilla, vamos campeón!". Durante la espera, el cardenal Carlos Amigo saludó a la afición, que le respondió invitándole a botar, reto al que no respondió. "Llevo aquí desde las cuatro y media. Soy sevillista desde que nací. En mi casa, se enseña como una asignatura más", afirmó ayer Margarita Martín, una aficionada de unos 50 años que esperaba al equipo cerca de la catedral.

Las expresiones de emoción, las lágrimas y los gritos de alabanza continuaban a pesar de que muchos llevaban un día completo de celebraciones. Durante la noche anterior, la juerga que se trasladó desde todos los puntos de la ciudad al estadio Sánchez Pizjuán, duró hasta pasadas las cuatro de la madrugada.

Después de la presentación en la catedral, el equipo se trasladó al Ayuntamiento donde, desde el balcón principal, el capitán, Javi Navarro, mostró a la afición el trofeo conseguido en Eindhoven. Los más de 10.000 hinchas concentrados como podían en la Plaza Nueva, actualmente en obras por la construcción de una línea de tranvía, corearon al unísono la victoria y se lanzaron, con voces roncas por la fiesta, a cantar el tema del sevillista El Arrebato compuesto para el centenario del club, que ya se ha convertido en algo más que un himno.

Allí los jugadores, acompañados del alcalde de la ciudad, Alfredo Sánchez Monteseirín, tomaron el micrófono para animar a la afición, a la que dedicaron su triunfo en repetidas ocasiones. Los hinchas respondieron a su equipo con gritos, e incluso, lágrimas. Los sevillistas vitorearon especialmente al protagonista del partido, autor de dos de los cuatro goles encajados al Middlesbrough, el italiano Maresca, que ha confirmado en este último encuentro el acierto del club al apostar por él como fichaje. Los otros dos autores de los goles restantes, Luis Fabiano (el primero del partido) y Kanouté, que permaneció sentado la primera parte del encuentro por no estar totalmente recuperado de una lesión, fueron también diana de piropos y coros hasta la saciedad. La fiesta se fue animando a lo largo de la noche, en la que no faltaron los botellones y los arranques por sevillanas,. Culminó nuevamente en el campo del Sevilla, que abrió sus puertas a los aficionados.

La policía calculó que más de 50.000 personas inundaron las calles para celebrar la victoria sevillista desde últimas horas de la tarde hasta la madrugada. Aunque se organizaron botellones en los alrededores del campo de fútbol, al cierre de esta edición no se había registrado ningún incidente grave.

El Sevilla se tendrá que enfrentar a dos retos más en los próximos días. Primero, el partido aplazado contra el Barcelona, previsto para este sábado, y después, contra el Real Madrid, el martes de la semana que viene. Aún podría clasificarse para la Liga de Campeones.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 12 de mayo de 2006