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Crónica:Fútbol | 36ª jornada de Liga

Llorente la arma

El joven delantero, en una gran jugada personal, facilita un gol a Yeste que da vida al Athletic

Curioso. El Athletic jugaba uno de los partidos más importantes de su historia, no el único, porque ha tenido más y más dramáticos, y la Catedral callaba. Asustada. Comprimida. Encogida. Como el equipo, jugaba a lo evidente. Pasa aquí, pasa allá, siempre donde hay que pasar y casi siempre para que lo sepa el defensa. Sin inventiva, fútbol con fórceps. Fútbol con miedo. Hasta que salió Llorente.

Clemente se inventó la última apuesta. Decidió que jugara Julen Guerrero, no se sabe si como una apuesta deportiva o una apuesta anímica. Guerrero no contaba últimamente para él. Y ayer, en el partido del siglo, de la historia, de la vida, Clemente le otorgó a Guerrero la responsabilidad de dirigir el ataque. A los ocho minutos de la segunda mitad le reemplazó por Etxeberria. El asunto no iba bien.

ATHLETIC 1 - ZARAGOZA 0

Athletic: Lafuente; Lacruz, Ustaritz (Tiko, m. 77), Prieto, Amorebieta (Llorente, m. 68); Murillo, Orbaiz; Iraola, Guerrero (Etxeberreia, m. 53), Yeste; y Urzaiz.

Zaragoza: César; Ponzio, Milito, Gabi, Toledo (Generelo, m. 79); Óscar, Celades, Zapater (Aranzabal, m. 78), m. 78, Savio; Ewethon y Diego Milito (Lafita, m. 63).

Gol: 1-0. M.75. Jugada personal de Llorente en un palmo de terreno que cede atrás y Yeste marca con la derecha.

Árbitro: Medina Cantalejo. Amonestó a Capi, Guerrero, Zapater y Etxeberria

Unos 40.000 espectadores en San Mamés.

Y no ocurría porque el Athletic jugaba de catón y el Zaragoza, tranquilo, sosegado, sin miedo, tiraba de contragolpe con el otro manual: el del equipo tranquilo que sabe que va a tener sus ocasiones a poco que haga. E hizo tres. Todas al poste. Dos válidas, de Diego Milito, y una anulada injustamente por fuera de juego, aunque también murió en el poste. Es decir, el que se moría, el Athletic, languidecía y el que sobrevivía, sin mayor interés, disfrutaba de la vida.

El Athletic transmitía una imagen difusa. Costaba mucho saber a qué jugaba el equipo de Clemente. Habitualmente, no es fácil saberlo. Ayer, aún menos. Ni garra, ni heroica, ni arte. Nada. Sólo instinto. Y así, a sobrevivir, con Yeste olvidado en un costado, Urzaiz perdido en el desierto. Y San Mamés que creía que era septiembre y el Zaragoza que pensaba que era junio. Y resulta que era mayo. Quizás por eso, llegó el gol rojiblanco de la forma más insospechada. O igual no. Llorente se quitó a dos defensas en diez centímetros, en la línea de fondo; él, tan grande, tan delantero centro, resulta que hace una jugada sutil, de aquellas que le han hecho llegar al primer equipo aunque Clemente se haya empeñado en destruir su imagen futbolística. Ayer lo bordó. Estuvo un ratito y fabricó el gol que Yeste transformó... con la derecha. El mundo al revés. Llorente, suplente, desatascó el partido con arte y técnica y Yeste, en el centro, marcó con la derecha. ¿Y la pizarra? Vuelva usted mañana.

Y a todo esto, el Zaragoza jugando bien. Tranquilo, pero bien. Sin prisa. Al ritmo de Celades, que es el ritmo de la seguridad, pero llegando con peligro. No importó que Víctor relevara a Diego Milito por Lafita en la segunda mitad o que Ewerthon se escondiera en muchas partes del partido. El Zaragoza funcionaba, más en la primera mitad que en la segunda, pero existía y el Athletic temblaba cada vez que el equipo maño pasaba de medio campo. Por eso existió el portero Lafuente, decisivo en la segunda mitad y ausente en la primera.

Fue Llorente. El chico que está creciendo con sus casi dos metros, el que cambió el partido. Hizo lo que suele hacer Yeste y Yeste hizo lo que suele hacer Llorente. Cambio de papeles. Imaginación.

No fue el partido del Athletic. Más que su juego colectivo prevaleció la inspiración oportuna. Al revés que el Zaragoza, que jugó como equipo, con ganas, pero sin hambre. Con calma. Y claro, en la segunda mitad, cuando el Athletic tiró hacia fuera y vio el abismo (ganaba el Alavés) se comió el campo. Sin fútbol, pero se lo comió, mientras el Zaragoza contemporizaba en espera de su oportunidad, que la tuvo en un par de disparos pero ya con menor convicción. A raíz del gol de Yeste, el Zaragoza dimitió un poco. Lógico. Y el Athletic se aprestó a defender. A resistir. A aguantar. A hacer lo que tenía que hacer,

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 4 de mayo de 2006