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Reportaje:

La caza de El Pelícano

El FBI investiga a un detective privado que realizó escuchas ilegales a numerosas estrellas de Hollywood

Es un Philip Marlowe de los tiempos modernos. Es fornido, de mediana edad, fanfarrón, aunque sus herramientas de trabajo son de la más alta tecnología, y sus asistentes, mujeres que parecen salidas de una película de James Bond. El detective privado más famoso de Los Ángeles es un calco de un mal guión de Hollywood. Como si se tratara de un thriller, Anthony Pellicano, cuyo apodo no podía ser otro que El Pelícano, ya ha cumplido una condena de 33 meses de prisión tras declararse culpable de tener en su despacho suficiente explosivo plástico como para abastecer a una "célula de Al Qaeda", según el fiscal.

Pero lo que preocupa y tiene a Hollywood en un sinvivir es su implicación en un escándalo de escuchas ilegales que está siendo investigado. Nicole Kidman ya ha declarado ante el FBI sobre El Pelícano. Sus conversaciones con el que ya era su ex marido fueron grabadas por orden directa de Pellicano, contratado por el abogado de Cruise, Dennis Wasser, que usaba con regularidad sus servicios.

Pellicano es de los que opinan que si "no puedes sentarte con una persona y hacerle razonar, entonces sólo te queda por emplear un recurso: el miedo". Así creció la leyenda. Y si había un problema, Pellicano era el hombre para solucionarlo. Que un chico de 13 años acusaba a Michael Jackson de tocamientos indecentes, El Pelícano llegaba al rescate y limpiaba su imagen; cuando los altos ejecutivos de los estudios se corren una juerga con prostitutas, ¿a quién había que llamar?: a Anthony Pellicano. Se aflojan 25.000 dólares y ya hay una base sobre la que empezar a rebuscar entre los trapos sucios o... taparlos. Es el caso de los Clinton. Pellicano arruinó la reputación de Gennifer Flowers y puso en evidencia el arribismo de Monica Lewinsky al encontrar a la persona que declaró que la becaria mataba por un trabajo en la Casa Blanca para poderse ganar unas "rodilleras" con las que complacer al presidente.

No podía faltar la mafia. La investigación del FBI comenzó cuando una periodista de Los Angeles Times recibió lo que se consideró una amenaza para que dejara de hacer averiguaciones para un reportaje sobre las conexiones entre la mafia y el actor Steven Segal. El mensaje llegó junto a una rosa, un pez muerto y una nota que rezaba: "Stop". Todo fue supuestamente depositado en su coche, cómo no, por El Pelícano.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 18 de marzo de 2006