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Reportaje:Fútbol | 26ª jornada de Liga

Fútbol y ladrillo

Fernando Martín, presidente del Madrid, ha hecho una fortuna con la gestión de millones de metros de suelo en la capital española

El primer estadio por el que peleó Fernando Martín Álvarez no tenía gradas. El Chato, como llamaban al ahora presidente del Madrid en su pueblo, Trigueros del Valle (Valladolid, 328 habitantes), capitaneó un grupo de chavales que se dirigió al alcalde para pedir un campo de fútbol municipal. Estaban hartos de que el dueño del prado donde jugaban les echara todas las tardes. Y logró su objetivo. Éste fue el primer proyecto de Martín (58 años) y marcaría su futuro: fútbol y ladrillo.

Desde pequeño, Martín, miembro de una familia de seis hermanos, se ganó fama de perseverante. "No rehuye los problemas", dicen sus amigos. "Va de frente y no se refugia en sus ejecutivos", añaden de Martín, que ha hecho una fortuna gracias al negocio de la gestión de suelo en Madrid y es uno de los grandes propietarios de terrenos para viviendas del país.

Se licenció en Química, militó en la UCD y ahora es uno de los mayores propietarios de terrenos

Martinsa ganó 145 millones el año pasado y tiene una participación en el estadio Calderón

Presidir el Madrid fue su ilusión escondida. "Tras el éxito en los negocios, ésta era quizá su mayor ambición", comentan personas que han trabajado con él. "Sólo así se explica que haya sido capaz de perder el anonimato que tanto le gustaba y meterse en una aventura tan arriesgada como ésta", dicen de Martín, casado con María Jesús del Agua, a quien conoció en la época universitaria. Tienen dos hijos, Fernando y Javier.

Martín, hijo de la farmacéutica del pueblo, se licenció en Química en Valladolid en 1970 y entró a trabajar en una remolachera al poco de terminar la carrera. Con la llegada de la democracia, ingresó en la UCD, donde también militó Florentino Pérez. Al poco tiempo, alcanzó el puesto de secretario general del partido en Valladolid, siempre en la corriente liberal, cerca de los Garrigues y los Camuñas.

Los cinco años que Martín estuvo volcado en la política, entre 1978 y 1982, le sirvieron para desarrollar una gran capacidad de convicción. "Cuando discute con un grupo de personas, casi siempre le acaban dando la razón porque transmite credibilidad", admiten sus competidores. "Ha sabido llevarse bien con ayuntamientos y gobiernos autonómicos tanto del PP como del PSOE", agregan.

Pero la UCD se deshizo en 1982 y un año después Martín se trasladó a Madrid. Fueron momentos duros para él, que tuvo que hacer las maletas cuando ya tenía un hijo. La decisión la tomó empujado por su mujer: "Es más lista que yo". Se valió de sus contactos políticos para hallar trabajo y José Antonio Camuñas, hermano del líder de la UCD, le llamó para ayudar a salvar una empresa. Ahí empezó su verdadero máster. En los nueve años siguientes aprendió lo necesario para manejarse en el complejo mundo de la gestión del suelo.

Entre 1983 y 1991 conoció a los principales personajes del sector. Como Luis del Rivero, ahora presidente de Sacyr Vallehermoso y vicepresidente del Madrid. También se topó con Juan Abelló, otro vicepresidente del club blanco. En 2002, Martín entró en el capital de la constructora Sacyr, de la que eran accionistas Abelló y Rivero; entre ellos hubo numerosas diferencias y en 2005 salió de la empresa.

Pero su contacto más importante siempre fue Florentino Pérez, la persona que le aupó al puesto más alto del universo blanco y a quien conocía desde 1979. Aunque recibió invitaciones para apoyar al Valladolid, Martín, que era madridista desde niño, seguidor del fútbol y el baloncesto, tenía sus ojos puestos en el club de Chamartín, del que se hizo socio en 1993.

En 1991 Martín se convenció de que podía volar solo y el 20 de noviembre fundó Martinsa, su empresa. Ya conocía todos los trucos para agilizar los proyectos urbanísticos. La prueba es que fue capaz de comprar 800.000 metros cuadrados en dos meses por encargo de Inmobiliaria Colonial (La Caixa).

Martín supo elegir un sitio clave para comprar suelo: la zona norte de Madrid. Con la primera gran operación hizo ya una pequeña fortuna. "Todavía no tenía suficiente dinero para comprar el mejor suelo. Fui al banco, pedí un crédito millonario y me lo concedieron con la garantía del terreno", reconoce él mismo. Martín consiguió agrupar a una quincena de pequeños propietarios y formar una comunidad que presentó un proyecto urbanístico que aprobó el Ayuntamiento. A los pocos meses, recibió una oferta en la que se le ofrecían 1.000 millones de pesetas más de lo que había invertido: "Tuve dudas, pero pensé que, si vendía el terreno a la primera, pronto estaría sin nada y tendría que volver a empezar". Apostó por mantenerse y logró mucho más dinero. Ésta ha sido su estrategia en un sector que vive desde 1998 un boom que ha disparado los precios de los pisos.

Martín se confiesa católico, pero poco practicante. Dicen que es astuto, tenaz, ambicioso, agresivo y trabajador. Su rápido ascenso le ha creado enemigos que dicen que es un poco arrogante y le echan en cara que siempre dijera que quería el anonimato y proteger a su familia de los medios, cuando en el primer acto público la ha presentado.

En 15 años, Martinsa, cuyo número dos es José Luis Echave, se ha convertido en una de las principales inmobiliarias, con un beneficio neto de 145 millones en 2005. Este resultado le coloca por encima de seis empresas del Ibex 35. Martinsa tiene siete millones de metros en Madrid, Galicia, Andalucía, Valencia, Castilla y León y Baleares. Quizá la inversión más llamativa es el 10% que posee, junto con Caja Madrid y otros socios, de la División Inmobiliaria del Atlético, es decir, el estadio Calderón, terreno que previsiblemente será recalificado para viviendas. Además, tiene un 2,5% de Unión Fenosa e inversiones en el Santander, el BBVA y Telefónica. En el fútbol, Martín no quiere "ni galácticos ni millonarios", como dijo en su primer acto público. Entre sus jugadores preferidos, y con los que más amistad conserva, están Zidane y Figo. Y, en su tiempo libre, le gusta viajar en familia, siempre a los hoteles más lujosos, escuchar música clásica e ir a los toros.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 5 de marzo de 2006