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Reportaje:FÚTBOL | Vuelta de las semifinales de la Copa del Rey

El Madrid apela a sus noches mágicas

El departamento de márketing predica una remontada como aquellas que en los ochenta planificaba el vestuario

Dice un empresario relacionado con el Madrid que cuando hace un negocio con Chamartín necesita cambiar su mentalidad. Lo hace porque de otro modo sus ofertas no serían comprendidas en el club. Para que su trato con Florentino Pérez llegue a buen puerto tiene que considerar que "el Real Madrid no es un equipo de fútbol", sino "una película". Una película en la que cada jornada es un desafío para el guionista. Una lucha permanente por situar a los personajes en la cima del drama. En la lista de éxitos del pop.

La nueva pieza va de remontadas (21.00, ppv). No queda más remedio después del 6-1 que recibió el equipo ante el Zaragoza en la ida de las semifinales de la Copa. La respuesta de los jugadores es una incógnita, pero la maquinaria publicitaria funciona. No había pasado media hora desde que recibiera seis goles y Casillas ya se había apostado ante las cámaras con la solvencia y el control que sólo él atesora en el escenario. ¿Qué otro jugador podría resultar más convincente? Nadie más que Casillas, que salió de la ducha de La Romareda y dijo: "Apelamos al espíritu de Juanito".

Camacho y su grupo estudiaban cómo rematar antes del minuto dos y cómo expulsar a un rival

A falta de Raúl -ayer, finalmente, no fue convocado- y a falta de figuras carismáticas en general, Casillas se ha erigido en el líder del vestuario del Madrid. Desde el miércoles pasado, el portero no ha dejado de lanzar proclamas, celebrar conferencias de prensa, dar entrevistas y hacerse fotos con pintura de guerra. Desde el club lo ampara una cadena de suministros: el aparato de propaganda que coordina el director de comunicación, Antonio García Ferreras. "El Real Madrid", predica Ferreras, "es grande porque consigue lo posible y es legendario porque consigue lo imposible. Y, si no te lo crees, no hay nada posible. Hay que creérselo".

La campaña, mezcla de reacciones espontáneas de los jugadores y planificación de los dirigentes, ha sido un éxito. El canal Real Madrid TV y el portal oficial en Internet van a una. Apelan a la remontada como mito de la resistencia madridista a la derrota. "Aquellos partidos fueron en el Bernabéu", recuerda Ferreras, "y Valdano dice que el Bernabéu es como un mar. Mañana en ese mar nosotros queremos un tsunami".

Ferreras asegura que él no es el "ideólogo". Que la idea parte de las "sensaciones" y la "energía" que transmitieron jugadores como Salgado, Casillas, Ramos o Robinho, en La Romareda, tras recibir la goleada. "Si ellos nos han metido seis, ¿por qué no les vamos a meter nosotros cinco?", repetían. Ferreras insiste: "Yo sólo he canalizado esa energía".

Hace 20 años, el Madrid no tenía un responsable de comunicación. Las remontadas no eran asunto ni del entrenador. Eran responsabilidad de los jugadores hasta el último detalle. Al frente de todos se situaba José Antonio Camacho, el líder de aquel Madrid legendario que se confiesa incapaz de entrenar al Madrid actual. Camacho, vociferante, convocaba a sus compañeros después de cada entrenamiento para preparar los partidos de vuelta. Durante quince días llamaba a Santillana, Juanito, Gordillo, Míchel, Valdano... y, si veía a alguno distraído, gritaba: "¿Estamos o no estamos?". Camacho y sus acólitos seleccionaban al italiano o al alemán al que harían expulsar tras provocarlo con un rosario de patadas. Se turnaban para hacer las faltas ordenadamente y disponían la táctica. Por planear, planeaban hasta los efectos psicológicos. "Antes del minuto dos", mandaba Camacho, "tenemos que tirarles a puerta al menos una vez ¡Que el portero pare algo!".

Ayer en Valdebebas no había una piña como la de Camacho. Los jugadores, que parecen más jóvenes que los de entonces, terminaron el entrenamiento y se marcharon a casa con ciertas convicciones. "¡Claro!", dijo Zidane cuando le preguntaron si era posible ganar por 5-0. "¿Has estudiado la ley de la probabilidad?", replicó otro, "esto es como la lotería". Y Baptista, que hoy jugará en el medio campo, se fue con su sonrisa de siempre trasladando su montaña de músculos: "¡Hay que tirarles mucho desde fuera del área! ¡Hay que meterles por lo menos dos goles antes del descanso!".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 14 de febrero de 2006