Reportaje:

Medio campo, vida nueva

Es difícil explicar los progresos del Madrid sin atender a las modificaciones que se han producido en el equipo. López Caro ha influido en tres cuestiones fundamentales: una alineación rejuvenecida, la simetría del sistema y el aprovechamiento del centro del campo. Este último dato es más que relevante. El Madrid ha sufrido durante los últimos años la fragilidad de su línea de centrocampistas. El equipo no manejaba los partidos porque estaba fracturado por la mitad. El Madrid se defendía a duras penas o atacaba sin orden, con la esperanza de encontrar a Ronaldo lo antes posible. En estas condiciones, a nadie ha extrañado su excesiva dependencia de Casillas y Ronaldo.

Casi todas las decisiones conspiraban contra la consistencia de su línea media. Por un lado, el desequilibrio de una plantilla donde proliferan los media punta. Y como consecuencia, la necesidad de árbitrar soluciones artificiales para acomodar a los notables del equipo. Sin un eficaz pivote defensivo desde el traspaso de Makelele al Chelsea, el Madrid ha concedido otra ventaja sustancial a sus rivales: la pésima ubicación de sus jugadores. Los guitarristas tocaban el violín, los violinistas soplaban la trompeta y los trompetistas movían las maracas.

El Madrid ha desperdiciado los últimos tres años con Beckham como medio centro. De paso, ha desperdiciado lo mejor de un jugador que ofrece cantidad y precisión en la banda derecha. A Zidane se la ha exigido un sacrificio igual de desagradable. Rara vez ha jugado en el puesto que le define como futbolista: media punta, segundo delantero, nueve y medio o como quiera que se diga ahora. Zidane superó el desafío cuando era más joven y saludable. Pero ya no puede emerger desde el ala izquierda, donde ha penado visiblemente. Ni ayuda a Roberto Carlos, ni recibe el auxilio del lateral brasileño, que ha perdido influencia y vitalidad. A Zidane le convenían varias cosas: acercarse al área, hacer recorridos más cortos, evitarse las obligaciones que detestaba en la banda izquierda y encontrarse con la gente en su sitio natural.

Tampoco Guti era ajeno al desorden general. Aunque es difícil remitirle a una posición concreta, Guti no es delantero centro, ni interior izquierdo, ni medio centro. Puede jugar en los tres puestos, y a veces hasta muy bien, pero finalmente ha sido víctima de su propia naturaleza como jugador. Guti es lo más parecido a Zidane. Lo demás son soluciones de emergencia. Lo sabe él y siempre lo han sabido los entrenadores. Si el equipo jugaba sin un gran pivote defensivo, si Beckham oficiaba de lo que no sabía, si Zidane estaba obligado a un sacrificio que le deprimía, si Guti era un futbolista sin destino concreto, los resultados eran evidentes: el Madrid no tenía un centro del campo digno de tal nombre. De ahí su dificultad para defenderse y para manejar los partidos, que es lo que siempre se espera de los buenos equipos.

Por sensatas razones de aprovechamiento, quizá por la ausencia de Raúl, posiblemente por el efecto del éxito del Barcelona, López Caro ha modificado eficazmente el medio campo. Gravesen se ha instalado como pivote defensivo, Beckham se ha trasladado a la banda derecha y Zidane se ha encontrado con Zidane en los tres cuartos de campo. O sea, con Guti. Se diría que se pide de ellos lo mismo que exige el Barça a Deco y Xavi. Para corregir el desequilibrio en la banda izquierda, López Caro ha ubicado a Robinho en ese costado, solución preocupante para los laterales adversarios. En lugar de atacar a Zidane y amenazar a Roberto Carlos, los laterales se encuentran ahora con un extremo improvisado pero lleno de recursos. El Madrid no sólo gana en simetría con Robinho a la izquierda y Beckham a la derecha, sino que obliga a los rivales a arbitrar nuevas soluciones defensivas.

La influencia de la nueva línea media, con toda la gente en su sitio, parece que tiene consecuencias en los resultados y en el juego. El Madrid ha ganado en porcentaje de posesión de la pelota, se acerca más al área, aprovecha las condiciones naturales de sus mejores jugadores y obtiene mejores resultados. Los centrocampistas o defensas han marcado 10 de los 15 goles del Madrid durante el periodo López Caro. La línea más sospechosa del Madrid se ha convertido de repente en el arma más eficaz en este periodo de progresos. Con una particularidad añadida: la adquisición de Cicinho robustece todavía más la maquinaria de juego. En realidad, es un centrocampista más, por maneras y por claridad. Eso y algo más, porque Beckham encuentra un respiro y un gran colaborador en la banda derecha. Un equipo que no tenía a ningun centrocampista en su sitio, y que lo pagaba gravemente, encuentra ahora que el centro del campo es su principal garantía de fútbol: por calidad, cantidad y contundencia.

Guti abraza a Zidane tras un gol del francés.
Guti abraza a Zidane tras un gol del francés.GORKA LEJARCEGI

* Este artículo apareció en la edición impresa del domingo, 05 de febrero de 2006.

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