Crítica:POP | Sr. ChinarroCrítica
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Haciendo de sí mismo

Pese a las indudables bondades de la discografía de Antonio Luque en los doce años transcurridos desde su debut al frente de su proyecto Sr. Chinarro, no sería justo hacer la vista gorda ante una de sus eternas asignaturas pendientes: la descorazonadora endeblez de cada una de sus apariciones sobre el escenario. La noche del sábado sirvió para constatar una leve superación del tal estigma, sin que ello ofrezca aún motivos ni para tirar cohetes ni para siquiera situarle en un plano de igualdad con respecto al buen tono adquirido por otros coetáneos de la generación independiente hispana de los 90 que hace tiempo abandonaron el mal entendido amateurismo sobre las tablas, pongamos el caso de La Buena Vida. Cierto es que incidir en tales aspectos no deja de ser como pedir peras al olmo: el compositor sevillano es un músico y letrista tan singularmente inspirado como secularmente indolente ante los peajes dictados por la industria. Su esmero a la hora de dar forma a uno de los cancioneros más brillantes de la última década (casando mejor que nadie la narrativa sureña con las sonoridades del post punk británico en su versión más densa, léase The Cure o Joy Division, sirviéndose para ello de su ejercicio de prestidigitación con la lengua castellana) ha sido inversamente proporcional a su empeño (escasísimo) por hacer que su mensaje fuera, al menos sobre el escenario, algo más accesible. Parte de esa tendencia se ha corregido con el recientemente aclamado El fuego amigo (producido por J de Los Planetas y más legible para el gran público, aunque menos brillante que su cima de 1997, El porqué de mis peinados), así como con la corporeidad otorgada por una consistente banda de acompañamiento que por momentos hace que uno llegue a olvidarse de ese ensimismamiento que le lleva a opacar el hechizo de sus letras tras un micro casi inaudible. Tras doce años, Antonio Luque sigue haciendo lo que mejor sabe: hacer de Antonio Luque. ¿Es eso suficiente para desbordar los estrechos márgenes de la independencia estatal y acceder a un público potencial mucho más amplio? Seguramente no. Aunque con cierres tan concluyentes como la eternamente recia Quiromántico, posiblemente ni él mismo (ni su reducida y fiel legión de seguidores) se lo planteen.

Sr. Chinarro

Sábado 14 de enero. Sala El Loco. Valencia.

* Este artículo apareció en la edición impresa del domingo, 15 de enero de 2006.

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