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CARTAS AL DIRECTOR

Respuesta de Álvaro Pombo

Leo muy avergonzado y arrepentido la justa carta-amonestación de José Antonio Miquel Silvestre, registrador de la propiedad de Gijón. Reconozco que me pasé varios pueblos en lo de decir, en general, que los registradores de la propiedad son solemnes y con frecuencia bobos. Como escritor que es él mismo, reconocerá en mi deplorable generalización un peligro inherente a todas las manifestaciones públicas de opinión: al opinante se le calienta la boca y, a poco que se descuide, emite su voz dos octavas más alta de lo adecuado. Yo debí limitarme, en la conversación con Juan Cruz, a desestimar la opinión de un registrador de la propiedad particular (Mariano Rajoy), que llamó "bobo solemne" a Zapatero. Zapatero, hasta la fecha, no parece ser solemne. Tampoco lo es Rajoy, quien -por confesión propia- detesta los mítines y las declaraciones altisonantes de los altoparlantes de la vida política. Pero, en fin, me pareció un chistecillo pasable, una ingeniosidad y una picardía sugestivas, conjugar la profesión de Rajoy, que sí es una profesión solemne (como todo lo jurídico) con la bobería de llamar bobo a un contrincante político.

Estoy muy satisfecho de tener esta oportunidad de pedir disculpas en la persona de José Antonio Miquel Silvestre a todos los registradores y notarios de España, que ejercen con la debida solemnidad sus profesiones jurídicas y que sólo pueden parecerle bobos y ahuecados a un opinante desbocado, como fui yo en esta ocasión en relación con este asunto en concreto.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 13 de enero de 2006