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Reportaje:

"Lloré de rabia por el agotamiento"

David Meca se recupera de la primera travesía a nado Jávea-Ibiza, en la que perdió ocho kilos

El nadador David Meca, que ayer completó su reto de recorrer los más de cien kilómetros que separan Jávea (Alicante) de Sant Antoni (Ibiza), aseguró que lloró de rabia por el agotamiento en el último tramo de su travesía de casi 26 horas. El campeón mundial de los 25 kilómetros en aguas abiertas, bastante recuperado tras su hazaña, señaló también en una conferencia de prensa que el recorrido que hizo es el "más bonito, aunque no el más corto", entre la península y Baleares. Afirmó que se hubiera ahorrado algunas horas si hubiera salido desde el cabo de San Antonio en dirección a Alicante,

"Las 14 horas sin luz han sido lo más duro que he vivido, y aunque no me planteé el abandono sí tuve momentos de mucha irritación al comprobar que no avanzaba", señaló. Las corrientes adversas provocaron que el nadador retrocediera unos kilómetros, motivo que le desalentó a media noche y originó que finalmente nadara un total de 120 kilómetros en lugar de los 110 previstos.

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A las 6.30 horas Meca alcanzó tierra pitiusa, las islas Ses Bledes, momento en el que el reto ya se daba por conseguido, aunque el nadador decidió continuar hacia el puerto de Sant Antoni, para el que faltaban aún 7,4 kilómetros.

"Las Bledes son un islote, muy bonito, pero ya que había conseguido llegar hasta allí no quería que ni medios de comunicación ni los ciudadanos me dijeran que no había llegado a Ibiza, así que continué, a pesar de los problemas con las corrientes adversas", aseguró Meca que, a pesar de sus múltiples éxitos, dijo: "Éste ha sido el reto de mi vida, más importante que cualquiera de mis medallas, y podría colgar el bañador satisfecho. Pero a mis 31 años continuaré marcándome nuevas metas", puntualizó antes de añadir: "Era una prueba personal y no una locura como muchos han criticado. Además, en el mundo de las nuevas tecnologías, esta proeza es una muestra de lo lejos que pueden llegar las personas con nuestro propio cuerpo", afirmó. Tras la hazaña en la que ha perdido 8 kilos de peso se tomará una semana de vacaciones. "Por primera vez desde los Juegos Olímpicos de 1992 estaré más de dos días descansando", añadió.

Meca nadó a una velocidad media de 2 nudos y llegó a alcanzar los 3,5 nudos, que equivalen a los 6 kilómetros por hora. "Es una velocidad muy elevada propiciada por el viento de componente oeste", detalló Enrique Mas, patrón de la embarcación guía. "También hubo un momento muy duro en el que no calculamos la distancia desde Ses Bledes hasta Sant Antoni, y tenía que indicarle la distancia que faltaba para llegar, y nos equivocamos en tres kilómetros". En lugar de un hora tardó cuatro.

Meca recordó que es un asiduo de Sant Antoni, municipio en el que ha estado de vacaciones en varias ocasiones, razón por la cual tenía especial interés en llegar hasta ese puerto. Pero dijo que fueron los peores momentos. "Fueron cuatro horas trágicas. Jamás había llorado en una travesía, pero durante ese trayecto lo hice, sobre todo de rabia, porque los brazos ya no me respondían y pensé que no lo conseguíamos", dijo nuevamente en el plural que usa para integrar al equipo que le acompañó. Además, el nadador reconoció que en algún momento pensó que no llegaría. "Las medusas me picaron casi todas en la cara y fue horrible en cuanto empezó a oscurecer. Tenía vómitos, pesaba 73 kilos y hoy estoy en 65 kilos, no puedo levantar brazos, tengo heridas en las axilas...", declaró.

"La gente no se cree que en invierno hay la misma cantidad de medusas en el mar que en verano", afirmó. "Pasé un mal momento porque no podía meter la cabeza en el agua y porque incluso a través de los guantes notaba las pequeñas descargas eléctricas".

La situación de enorme dureza en la travesía no mejoró hasta que llegó al puerto, aseguró el nadador de Sabadell, que incluso hizo los últimos 500 metros, ya en la dársena, con problemas de contractura en un brazo, que apenas pudo utilizar. Pero sólo con el otro consiguió acabar: "Fue impresionante", agregó, "encontrar a tanta gente esperando y tantos barcos acompañándome en los últimos metros, todos haciendo sonar las sirenas", concluyó.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 7 de enero de 2006