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Una trayectoria marcada por los éxitos y los fracasos

El entrenador italiano nunca volvió a alcanzar la gloria que vivió con el laureado Milan

Arrigo Sacchi, a sus 59 años, está acostumbrado a los éxitos y a los fracasos. Toda su vida ha sido así, marcada por un fuerte temperamento.

El primer fracaso lo probó como regular jugador de nulo futuro en los campos, lo que le obligó a encaminar su carrera hacia los banquillos. En 1985 logró ascender de categoría al Parma, entonces en la Tercera División italiana. Dos años más tarde, en 1987, Silvio Berlusconi le dio la gran oportunidad al ofrecerle el banquillo del Milan. Era casi un desconocido, hincha desde pequeño del Inter, y la prensa no le trató bien al principio, pero lo acabó ganando casi todo.

En 1989, el Real Madrid cayó laminado con el histórico 5-0, y Sacchi llevó al Milan a su primera Copa de Europa. También ganó la siguiente con un fútbol que encumbró al entrenador.

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Sacchi también pasó por la selección y logró llegar a la final del Mundial de Estados Unidos de 1994, en el que eliminó a España en cuartos de final.

Con casi todo en su bolsillo, rompió su contrato con la selección, el 1 de diciembre de 1996, para volver a dirigir a su Milan, en horas bajas, que poco recordaba a aquel con el que logró dos Copas de Europa, una Liga, dos Intercontinentales, dos Supercopas de Europa y una Copa de Italia. Y ya poco pudo hacer por renovar otros tiempos gloriosos, pero sí consiguió que Jesús Gil le llamase para entrenar al Atlético de Madrid, en cuya presentación Sacchi fue claro al exponer su filosofía de juego: "Si un sistema crea problemas a un jugador, no es un buen sistema". Pero no mostró gran sensibilidad al echar de su equipo a jugadores carismáticos Caminero, Vizcaíno y Pantic, para traer apuestas personales que no evitaron la mala trayectoria del equipo. Sacchi quería abandonar el fútbol al finalizar su contrato con el Atlético en 2000, pero Gil se le adelantó al destituirle el 14 de febrero de 1999, tras una nueva derrota, esta vez frente al colista de la Liga, el Salamanca.

De vuelta a Italia, vivió una nueva etapa con el Parma, y lo dejó. Anunció que tenía crisis de ansiedad y decidió dedicarse a los despachos como asesor. Ahora termina otra etapa. Dice que por problemas de salud.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 6 de diciembre de 2005