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COLUMNA

El 'limbopp'

Las recientes deposiciones sobre madurez sexual realizadas por el Vaticano parecen fundamentos de ciencia cuántica comparadas con la arrebatada pretensión de borrar de golpe y porrazo el limbo de nuestras perspectivas post-mortem. Verán, si hay algo que inspira mi curiosidad, es el limbo. Como cualquier ser humano, he conocido el averno y el edén; pero no tengo ni idea de en qué consiste el limbo: era uno de los pocos sitios con misterio que reservaba la inmortalidad.

Como comprenderán, esta noche apenas he podido dormir, perseguida por las almitas infantiles sin bautizar, y algún que otro feto despistado que, a falta de tal refugio, serían en adelante confiados a "la misericordia de Dios", ese gran dispensador de tsunamis. Ya me habían advertido que a B-16 no le gustan nada los niños. A ver si le da por anular la Navidad, para fastidiarles.

¿Puede el Vaticano hacer eso? Nada más amanecer, trémula, me he metido en Google a por asesoramiento, y, en efecto, tiene la Iglesia mucho derecho a clausurar esa nube de nadie. Ya lo dice la página de Las Siervas de los Corazones Traspasados de Jesús y de María, que el limbo no es doctrina, sino una simple proposición teológica. Fuera limbo, pues. También cambiaron de fecha el Día de la Madre, y pude con ello.

Sin embargo, me consuela pensar que en nuestro país permanece un reducto completamente limbático, aunque no para la protección de la inocencia, sino para el cultivo de la maldad. Es esa subrealidad chillona en la que habitan los dirigentes del Partido Popular. Se trata de un espacio intemporal, por el que los dichos dirigentes se desplazan elaborando calumnias, chorreando chismes, encadenando mentiras, condenando a ciudadanos, despotricando contra los demás, anticipando apocalipsis, babeando infamias, usando la Constitución como palio. Se trata de una especie de cuna en donde sus almitas se dejan penetrar por el espíritu de la Mano que la Mece, también conocido como Bigotes Cercanos. Por ese bilioso limbo político y social, tan ajeno a la realidad como a la verdad, transitan los retoños del Aznárido, huérfanos de poder gubernamental que intentan convertir el mundo de los otros en un infierno.

Es la FAES. El limbopp.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 1 de diciembre de 2005