Necrológica:Perfil
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Alexandr Yákovlev, el arquitecto de la 'perestroika'

La perestroika o intento de reforma del sistema socialista en la Unión Soviética emprendido por Mijaíl Gorbachov en la década de los ochenta del pasado siglo, perdió ayer una figura de referencia clave con la muerte de Alexandr Yákovlev, a los 81 años de edad. Por su delicado estado de salud, Yákovlev no pudo asistir ya en septiembre al funeral de otras de las figuras de la época, su amigo, el periodista Yegor Yákovlev.

Con el nombre de Alexandr Yákovlev y su paso por la dirección comunista de la URSS como máximo responsable de los medios de comunicación en época de Gorbachov está ligada la glasnost, nombre con el que se conoció la política de transparencia informativa que permitió a los intelectuales soviéticos abordar temas que habían sido tabúes y criticar las bases mismas del sistema.

Historiador de formación y doctorado con un trabajo sobre la política exterior de Estados Unidos, Yákovlev informó en diciembre de 1989 sobre la existencia de los protocolos secretos del pacto germano-soviético, mediante los cuales Hitler y Stalin se adjudicaron sendas zonas de influencia en Europa.

El "arquitecto de la perestroika" hizo toda su carrera en el partido comunista, comenzando por la organización local de Yaroslávl, su región natal, en época de Stalin. Sin embargo, acabó convirtiéndose en un furibundo anticomunista. Una de las cosas que reprochaba al primer presidente de Rusia, Borís Yeltsin, es que no hubiera prohibido el Partido Comunista. "Los fascistas", dijo, "sólo pueden estar en la cárcel".

Como Gorbachov, Yákovlev procedía de una familia campesina. Luchó en la Segunda Guerra Mundial, donde sufrió graves heridas que le dejaron cojo. Durante el "deshielo", fue enviado con una beca de intercambio a Estados Unidos, a la universidad de Columbia, durante un año.

En los sesenta y principios de los setenta, fue responsable de la sección de propaganda y agitación en el Comité Central del Partido Comunista de la URSS . En 1972 escribió un artículo en el que criticaba el chauvinismo, el nacionalismo y el antisemitismo. Su manifiesto le enemistó con los conservadores del partido y le valió un "exilio" político a Canadá, donde permaneció como embajador de la URSS de 1973 a 1983. Ese año, estableció una sintonía ideológica con Gorbachov durante una visita oficial de éste, cuando estaba a punto de producirse el relevo generacional en el Kremlin.

Gorbachov le hizo volver a Moscú como director del Instituto de Economía Mundial y Relaciones Internacionales. Tras su llegada al poder en 1985, Gorbachov integró a Yákovlev en la estructura dirigente del partido, donde llegó a ser secretario del Comité Central y miembro del Politburo.

Sus discrepancias con los sectores reaccionarios dirigidos por Yegor Ligachov fueron una de las intrigas políticas en la URSS hasta que la reforma se plasmó en un parlamento cuasidemocrático en 1989. En una carta a Gorbachov en abril de 1991, Yákovlev vaticinó el intento de golpe de estado que acabó produciéndose en agosto de aquel año. Los altos funcionarios comunistas que intentaron salvar tanto el sistema como el imperio le consideran una figura odiosa y le consideran la personificación de una conjura internacional contra la URSS.

Desde 1992 y hasta su muerte, Yákovlev ha dirigido la comisión de rehabilitación de las víctimas del estalinismo adscrita a la presidencia de Rusia. En este puesto ha logrado limpiar la memoria de más de 4 millones de represaliados políticos. Una de sus actividades más importantes en los últimos años de su vida ha sido la publicación de decenas de tomos de documentos históricos de los archivos soviéticos, incluidos los del antiguo KGB, el Comité de Seguridad del Estado de la URSS.

El futuro de la democracia en Rusia le preocupó hasta su muerte. El pasado marzo, al celebrarse el 20º aniversario de la perestroika, Yakóvlev acusó a los dirigentes rusos de hoy de intentar reanimar elementos de la época del estalinismo y callar o falsificar las reformas de Mijaíl Gorbachov y sus consecuencias.

"El pasado continúa aterrorizando nuestra vida hoy", manifestó. Los dirigentes rusos de hoy intentan, según él, "realizar un nuevo experimento en el cuerpo de la sociedad" con el fin de despertar en ella la "psicología de esclavos" que "comenzó a desaparecer en los tiempos de la perestroika". Según Yákovlev en Rusia se pisotea hoy la idea de libertad de forma grosera y cínica, se recrea un sistema monopartidista y se forma una nueva casta especial de dirigentes. Además, los grupos fascistas se han activado y no esconden sus intenciones de destruir la libertad y la democracia. El veterano político opinó, con todo, que el "autoritarismo sólo puede tener éxito temporalmente".

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0018, 18 de octubre de 2005.