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Tribuna:

Bob Dylan, por Bob Dylan

"El mundo era absurdo. Tenía muy poco en común, y apenas sabía nada acerca de la generación a la que se suponía que mi voz representaba". Nadie ha contribuido más a la desmitificación de Bob Dylan -músico, poeta y símbolo de los años sesenta- que él mismo. "Como casi toda la gente famosa, lo único que quiero es que me dejen tranquilo", dijo una vez.

¿Quién narices se esconde detrás de la máscara Bob Dylan? A lo largo de toda su carrera, Dylan ha vivido oculto bajo un halo de misterio y provocación que él mismo ha ido tejiendo a base de contestaciones impertinentes, arrogancia y surrealismo. El nuevo documental de cuatro horas realizado por Martin Scorsese, No Direction Home, se suma al primer volumen de las memorias que el propio Dylan publicó el año pasado para arrojar un poco más de luz natural sobre un personaje fascinante y controvertido. ¿Quién es Dylan: un oportunista que ha sabido reinventarse a cada paso, un apóstol de la verdad incómodo bajo la luz de los focos y la fama o un poeta con alma de Huckleberry Finn?

¿Quién narices se esconde detrás de la máscara del cantante? ¿Quién es Dylan, un oportunista o apóstol?

"Si se puede creer en algo así como una conciencia colectiva americana, de alguna manera Bobby la hizo aflorar", dice Dave Van Ronck, cantante folk, en el filme. Dylan siempre ha rechazado el puesto de portavoz de la generación del descontento bajo una pose de indiferencia y controversia. Para empezar, Dylan se convierte legalmente en Dylan cuando ya tiene 21 años. Nació judío, hasta que se convirtió al cristianismo a los 28. Y no nació con una armónica en la boca, sino que quería ir a la academia militar de West Point, según cuenta en la película de Scorsese. Dylan fue acusado de Judas cuando pasó al sonido eléctrico a mediados de los sesenta, y de traidor por una parte de la izquierda estadounidense de la época por mantenerse fiel a sus raíces folk y a Nashville. Y aun así, muchos admiradores piensan que "tenía el dedo en el pulso de nuestra generación".

Su nombre de pila era Robert A. Zimmerman. Nació en 1941 en Duluth, Minnesota, donde, según él mismo, "hacía tanto frío que no se podía ser un rebelde". Sus padres pertenecían a la pequeña comunidad judía local. "De mi padre aprendí los méritos del trabajo", cuenta en No Direction Home. El joven Zimmerman sobrevivió a los fríos inviernos de Minnesota escuchando blues y country que emitían desde Nueva Orleáns. Más tarde, en 1959, una vez le rechazaron en West Point, fue a la universidad de Minneapolis, donde pronto abandonó los estudios para unirse a las bandas de folk locales.

Meses después, ya con la guitarra debajo del brazo y la armónica en la funda, viajó en autostop a Nueva York para visitar a Woody Guthrie -activista social, músico folk y la gran referencia para Dylan en sus inicios-, que yacía postrado en una cama de hospital. Era enero de 1961, en el Greenwich Village neoyorkino, y el joven músico que surgió del frío no tenía más que 20 años "y un puñado de dólares en el bolsillo".

"Era la encarnación de lo cool, cuando ser cool todavía implicaba llevar pantalones ajustados y zapatos de gamuza marrón", escribió Sean Wilentz, un historiador de la Universidad de Princeton. Joan Baez, su compañera artística y sentimental durante varios años, se enamoró de su "piel suave y su carita de bebé". Pero siempre hubo en la voz nasal y juvenil de Dylan una sensación difusa de rabia. "Oí a diez mil susurrando, y a nadie escuchando / Oí una persona morir de hambre, y a mucha gente reír / Oí la canción de un poeta que murió en la alcantarilla / Oí el sonido de un payaso que lloraba en el callejón", dice en la canción A Hard Rain?s A-Gonna Fall, del disco The Freewheelin (1963).

Dylan fue el niño bonito de la izquierda de la época y cantó en la famosa Marcha sobre Washington en la que Martin Luther King pronunció su discurso "I have a dream". Pero la máscara le empujaba, por ejemplo, a afirmar, al recibir el premio de una asociación de derechos civiles, que "veía algo de sí mismo en Lee Harvey Oswald", el asesino de Kennedy.

"Estar junto a la gente que lucha por algo no significa ser político. Yo no era comunista: no sabía lo que significaban esos términos, ni veía a la gente en esos términos", cuenta Dylan en No Direction Home. Dylan es ante todo un músico y un compositor de letras, un "expedicionario musical" que aspira a escribir canciones que "inspiren", según se define él mismo. Pero también en el terreno musical Dylan encontró la incomprensión de los más fanáticos de sus admiradores, como el que no le perdonó que pasara a la guitarra eléctrica y le gritó "¡Judas!" en el concierto que dio en 1966 en el Free Trade Hall de Manchester. Dylan, con desprecio, le contestó: "¡Eres un mentiroso!". Y ordenó a su banda tocar Like a Rolling Stone a mil revoluciones.

Hoy, tras haber publicado 47 discos, divorciado y padre de cuartro hijos, Dylan confiesa que disfruta de los "partidos de liga, las fiestas de cumpleaños, ir de cámping y pescar". A pesar de ser un insoportable, de tener tres discos de contenido evangélico, de haber cantado para Juan Pablo II y de que apenas puede ya tocar la guitarra en directo, la voz de Dylan se escucha todavía envuelta en la verdad de los poetas que no se resignan. Como su maestro, el poeta galés Dylan Thomas. "No vayas suave a la noche caliente / Rabia, rabia contra la muerte de la luz".

Borja Bergareche es abogado.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 9 de octubre de 2005