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Crítica:TEATRO | El musical Maribel
Crítica
Género de opinión que describe, elogia o censura, en todo o en parte, una obra cultural o de entretenimiento. Siempre debe escribirla un experto en la materia

La extraña revista

Miguel Mihura estrenó Maribel y la extraña familia en 1959; todavía tiene su humor y algunas de sus tesis habituales. Por ejemplo, "la extraña familia" es casi lo que entonces se llamaba normal, y Maribel una prostituta y aquí plantea los extremos a la inversa: la normal es ella. En esta adaptación musical se conservan varias de las escenas originales, en decorados como de la época; lo demás son números musicales. Viéndola en su estreno pensaba yo que hubiera quedado mejor quitando los números musicales y añadiendo el resto de las escenas de Mihura. Inútil: el teatro va degenerando en musical desde hace años y es frecuente que se utilicen obras literarias, de la escritura dramática, para estas adaptaciones. Unas salen bien, otras mal. Pero en Madrid y en las ciudades que pueden contratarlas suelen llenar de público los teatros, y no me extrañaría que fuera así en éste. La música es una imitación de Broadway, y suena peor que allí; los números no dejan la huella de un recuerdo; los cantantes están aburridos y la orquesta hace lo que puede con una partitura sin gracia.

Maribel y la extraña familia

De Miguel Mihura, versión musical del maestro José Ramón de Aguirre. Letras: Fernando Albares. Adaptación: Juan José Arteche y Ángel Fernández Montesinos. Intérpretes: Andoni Ferreño, Amparo Saizar, Ester Bellver, Chus Herranz, Raquel Grijalva, Milagros Ponti, Selica Torcal, Andrés Navarro, Marichu Lorente, Tony Cruz, Beatriz Uría, Julio Rodríguez, Carlos Brau, Sara Pastor, Vicente Bustamante, Alfonso Cayetano . Director de orquesta: Alberto Quintero. Decorados: Juan Pedro de Gaspar. Vestuario: Pedro Moreno. Coreografía: Juan Carlos Santamaría. Dirección artística: José Ramón de Aguirre. Director: Ángel F. Montesinos. Madrid, Teatro Nuevo Apolo.

El público: un estreno de invitados radiantes y muchos famosos, deseosos de aplaudir a sus compañeros en público y, por tanto, gritones y palmeros; varios números fueron oídos con entusiasmo, y al final de la obra las ovaciones fueron muy fuertes, y todos, absolutamente todos, con colaboradores incluidos, salieron a saludar entre gritos. ¡Un éxito!

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