Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Crónica:FÚTBOL | Segunda jornada de Liga

Figueroa mitiga el vacío de Riquelme

El Villarreal se sobrepone a la lesión del argentino ante un Sevilla poderoso que desperdició un penalti

Fue magnífica la estampa de El Madrigal nada más terminar el encuentro. Jugadores blancos y amarillos agrupados, exhaustos, abrazados, satisfechos de haber exprimido hasta la última gota. Un choque marcado por la lesión de Riquelme [según las primeras estimaciones sufre un esguince de tobillo], que dejó huérfano a su equipo hasta que éste se dio cuenta de que no le quedaba otra que vivir sin su estrella. Y también marcado por la variedad de recursos atacantes del Sevilla, que desperdició un penalti además de un buen puñado de ocasiones, neutralizadas casi siempre por un gran estreno del meta uruguayo Viera. Eso y el arreón final le permitió al Villarreal salvar al menos la moral ante la histórica visita el miércoles del Manchester United en su estreno en la Liga de Campeones.

VILLARREAL 1 SEVILLA 1

Villarreal: Viera; Kromkamp, Gonzalo, Quique Álvarez, Arruabarrena (Sorín, m. 46); Cazorla, Josico (Figueroa, m. 70), Tacchinardi, Riquelme (Héctor Font, m. 25); José Mari y Forlán.

Sevilla: Palop; Alves, Aitor Ocio, Prieto, David; Maresca (Jesús Navas, m. 56), Martí, Renato, Adriano (Antonio López, m. 46); Kepa (Saviola, m. 67) y Kanoute.

Goles: 0-1. 40. Envío largo de Palop, peina Kanoute, falla Quique Álvarez en el despeje y Adriano empalma a gol. 1-1. M. 73. Centro de Cazorla, Figueroa controla de espaldas a la portería, se gira y marca con la izquierda.

Árbitro: Megía Dávila. Expulsó con roja directa a Tacchinardi (m. 87). Amonestó a Ocio, Gonzalo, Arruabarrena y Figueroa.

Unos 18.000 espectadores en El Madrigal.

Lo logró a través de los canteranos Font y Cazorla, que se conjuraron en el segundo tiempo para, juntando su talento, tratar de acercarse al del ausente Riquelme. Podría concluirse que del giro de Cazorla nació el empate. Al tener el centro de gravedad tan bajo, el menudo Cazorla se da la vuelta en un suspiro. Y después centra con una suavidad estremecedora, sobre todo con la izquierda. Así llegó el gol de Figueroa, que recibió el centro de espaldas a la portería, su posición preferida: porque sabe aguantar el cuero y dispararlo mientras se está girando. A escasos metros del portero Palop, con lo que el gol estaba asegurado.

Fue la manera de mitigar el tremendo vacío que había sentido el Villarreal cuando se lesionó Riquelme. Como si le hubieran robado el alma. Acostumbrado como está al as argentino, el equipo de Pellegrini ha interiorizado la presencia de Riquelme como una cuestión ineludible. Pero no. Se lastimó y el cuadro amarillo se vino drásticamente abajo, sin apenas nada de la creatividad que le ha caracterizado en los últimos tiempos. Terreno abonado para el Sevilla, que se defendió con tanta comodidad como contundencia. Sin demasiada energía para defenderse, así que decidió invertirla en el ataque. Con variadas opciones. La velocidad de Adriano por la izquierda, la inteligencia de Maresca por la derecha y la gigantesca presencia por el centro de Kanoute, que hizo sangre en la escasez de centímetros de la zaga amarilla. Por ahí le dio la razón ayer a su entrenador, el chileno Manuel Pellegrini, que ha reclamado sin éxito un central de altura durante todo el verano. Ese problema quedó retratado en el gol sevillista. Un balón que peina Kanoute ante la impotencia de Arruabarrena, un mal despeje de Quique Álvarez y el inmediato remate de Adriano. Tras el tanto, el Villarreal perdió los papeles y no pudo haber mayor evidencia que la de su capitán, Arruabarrena, cometiendo un penalti innecesario: agarró disimuladamente a Kepa. Pudo sentenciar el encuentro el Sevilla, pero lo evitó Kanoute, que envió fuera el lanzamiento.

Pellegrini castigó el error de Arruabarrena y lo mandó a la ducha en el descanso. Su puesto lo ocupó Sorín. Y el Villarreal mejoró tímidamente, aunque sin encontrar de todas formas antídoto a la fuerza de Kanoute, que le ganó todos los balones aéreos a Quique Álvarez. Además, entró Jesús Navas y sus regates de serpiente fueron una invitación al suicidio del defensa de turno. Lo mismo que los de Saviola, que entró para mandar al suelo a Gonzalo en un quiebro magistral. Parecía enterrado el Villarreal, pero le quedaba una última bala que tardó en mostrar el entrenador: Figueroa. Entró el delantero argentino en vez de Josico y el cuadro amarillo pasó a jugar con tres delanteros: Figueroa, Forlán y José Mari. El Villarreal se apoderó por primera vez del partido. Pero fue efímero. Una entrada brutal y sin sentido del italiano Tacchinardi a Martí, por la que fue expulsado, equilibró el encuentro. Y siguieron atacando unos y otros, sin freno, hasta quedar exhaustos en el centro del campo, compartiendo abrazos y despedidas tras el trabajo bien hecho.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 12 de septiembre de 2005