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CULTURA Y ESPECTÁCULOS

Roland Petit presenta en Barcelona su nueva versión del 'Pink Floyd Ballet'

En plena efervescencia de la música rock, dos mitos de mundos aparentemente distantes como el bailarín y coreógrafo francés Roland Petit, en el del ballet clásico, y la banda británica de rock psicodélico Pink Floyd cruzaron sus caminos a principios de la década de los setenta para crear el Pink Floyd Ballet, una coreografía de Petit que no rehúye el trabajo de puntas, y con la potente música del grupo de rock interpretada en directo, el Ballet Nacional de Marsella-Roland Petit estrenó en 1973 en la sala Valliers de Marsella. El año pasado, 31 años después de aquel estreno, Roland Petit decidió revisar la coreografía para el Asami Maki Ballet de Tokio, una de las principales compañías de ballet clásico de Japón que mañana lo estrena en España en cuatro únicas funciones en el Teatro Tívoli de Barcelona. El teatro parisiense de Champs-Elysées, los días 9 y 10 de septiembre, y el Festival Le Temps d'Aime la Danse de Biarritz, son las próximas citas europeas del Asami Maki Ballet para presentar la nueva versión del Pink Floyd Ballet.

"La música de Pink Floyd me inspiró un ballet clásico que a la vez tiene una danza que cualquiera podría bailar en la calle"

"Aquella música de Pink Floyd era maravillosa, llena de ritmo y me inspiró un ballet clásico que a la vez tiene una danza que cualquiera podría bailar en la calle", aseguró ayer en Barcelona un pletórico Roland Petit, que a sus 81 años desborda energía. "Cada mañana hago ejercicio y así empiezo la jornada en plena forma, porque la danza es un baile de juventud", advirtió. Petit ha creado para la revisión del Pink Floyd Ballet un pas de deux sobre la canción The great gig in the sky, del legendario álbum del grupo británico The dark side of the moon, y un número para bailarines de hip-hop sobre el tema Run like hell, del disco Is there anybody out there?, un contrapunto a la danza clásica para un espectáculo sin decorado que juega todas sus bazas en la danza, la música y un preciso juego de luces.

"El público joven me dice que de todos mis ballets de aquella época el que más les gusta es el Pink Floyd Ballet", aseguró el coreógrafo, quien se lamentó del nulo riesgo que corren los empresarios del mundo de la danza a la hora de programar. "Resulta muy difícil hacer nuevos ballets cuando no dejan de pedirme la reposición de mis viejas coreografías. Y por si ello fuera poco, cuando alguien decide encargar un nuevo ballet no recurren a un nuevo creador, sino que insisten en llamar a los viejos coreógrafos. Ello provoca que la actual crisis de la danza no esté en la falta de bailarines, que hay muchos y cada vez son mejores, sino en la práctica ausencia de nuevos talentos, que no es que no existan sino que no se les dan oportunidades para crecer. Es como si hubiera cine sin directores", precisó.

Hizo ayer Petit una inflamada defensa del ballet clásico -"la danza clásica es la más bella de todas y la más difícil de aprender, precisa de una llave, el talento, y si se tiene, se puede hacer de todo", dijo- frente a la "nueva epidemia de la no danza". "Para sacar a unas chicas desnudas revolcándose sobre el escenario y a unos chicos que se abren la bragueta y mean sobre ellas, como he visto en un presunto espectáculo de danza en París, no hace falta aprender danza", concluyó.

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