OPINIÓN DEL LECTORCartas al director
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Agua de Madrid

En mi finca tenemos un trozo de césped del tamaño de un edificio mediano de apartamentos. El riego automático funciona por la noche y por la mañana temprano, con agua dulce, cinco días a la semana. El jardinero lo riega a mano a pleno sol matutino, si le parece que está seco. La escena se repite en las fincas vecinas y en los jardines públicos. He pedido al jardinero y al administrador a quien pertenece el césped y a miembros de la comunidad de vecinos que dejen de regarlo. Sus respuestas:

1. Todos los demás riegan, ¿por qué no yo?

2. Los españoles somos así, no vamos a cambiar hasta que no haya agua.

3. La única medida es la prohibición, pero si hay restricciones diarias, la gente llenará la bañera cada día y la vaciará una vez que acabe.

4. El Canal debería ocuparse de sus fugas de agua.

Me siento impotente. Si vamos a seguir siendo tan egoístas, miopes e irresponsables, vamos a acabar muy mal. Si hay que poner prohibiciones, porque la gente carece de autodisciplina, que se pongan de forma inmediata. Así no se puede seguir.

Me pregunto de dónde va a sacar el señor Zapatero el agua prometida a los ciudadanos de Madrid: de los suministros escasos del campo reseco y de otros pueblos infortunados, evidentemente, porque del cielo no cae.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0015, 15 de agosto de 2005.