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Entrevista:Eduardo Aguirre | Embajador de EE UU en España

"Hay puntos de encuentro sobre Venezuela"

Tras dos semanas en Madrid, Eduardo Aguirre, embajador de Estados Unidos, está encantado de la acogida "fuera de serie" que ha recibido y "emocionado" por volver al país de su abuelo Juan, que emigró a Cuba. Llegado a Miami con 12 años, Aguirre tiene en su despacho la llave del caserío de San Juan de Muskiz, Vizcaya, que fue de su familia.

Empresario antes que diplomático, persona de estrecha confianza del presidente George W. Bush, Eduardo Aguirre se muestra como una persona dialogante que ya ha encontrado principios de convergencia sobre uno de los temas más polémicos para EE UU en relación con España: la política hacia Venezuela.

Pregunta. ¿Es usted el diplomático que va a restablecer la normalidad entre España y EE UU?

Respuesta. Vengo para recentralizar las relaciones entre EE UU y España, en el sentido de que tenemos muchas cosas entre nuestro dos países que cabe celebrar y que se han mantenido no solamente estables, sino fuertes y vibrantes a través de estos años. Y a identificar puntos de divergencia que quizás hayamos tenido para ver si podemos devolverlos adonde puedan ser puntos de convergencia.

"Puedo asegurar que España y EE UU trabajan muy de cerca en justicia y policía frente al terrorismo"

"Agradecemos al Gobierno español de manera muy destacada el acceso a las bases militares"

"Para nosotros, los intercambios diplomáticos con el Gobierno de Fidel Castro no conducen a nada"

P. ¿Considera recuperable el grado de proximidad e intimidad que se dio durante la presidencia de José María Aznar, o fue algo excepcional y basado en elementos personales?

R. Si usted se refiere a la relación personal que pueda existir entre dos dirigentes, yo vengo aquí mucho más allá de eso. Vengo con instrucciones claras de mi presidente de enfrentar y entablar conversaciones con puntos concretos. No vengo con ninguna instrucción de tratar de que existan relaciones entre personas, porque esa no es mi función, en absoluto.

P. ¿No han dejado las divergencias de la última etapa un poso de desconfianza?

R. Yo no lo veo como poso de desconfianza. Lo veo más bien como necesidad de comprender los intereses mutuos y, dentro de lo que cabe, hacerlos intereses comunes. Vamos a hablar de algo que ocurrió hace un poquito más de un día [se refiere a los atentados de Londres]. Interés común, para nosotros, tiene que seguir siendo la lucha contra el terrorismo. Tenemos ahora tres países, y por supuesto hay muchos más, que han sufrido muertes criminales de personas inocentes por ataques terroristas. Esos ataques cobardes y terribles, frente a los cuales EE UU, España y tantos otros países del mundo necesitan cooperar en la inteligencia, que es tan necesaria, para encontrar a estos mezquinos cobardes y hacerles pagar. Eso no ha cambiado. Yo le puedo asegurar que ambos gobiernos trabajan muy de cerca en lo que es la justicia, la parte policiaca, en el intercambio de información que nos proteja de esas personas.

P. ¿Es Venezuela el principal escollo en las relaciones entre EE UU y España?

R. No. Yo veo a Venezuela como un punto en donde hay mucho de qué hablar. Cuando surge Venezuela con los amigos nuevos que estoy haciendo en España, hablamos de la venta de los navíos y los aviones [que el Gobierno español hizo el pasado mes de mayo], e, indiscutiblemente, EE UU, se siente preocupado de que se le pueda dar cualquier cosa al Gobierno del presidente Chávez que pueda ser utilizada para desestabilizar una región que de por sí tiene cierta volatilidad. Pero lo que no hemos hablado es de la falta de democratización que existe hoy en día en Venezuela, y aquí yo creo que estamos encontrando puntos de partida y no de divergencia. Recientemente, el señor secretario de Estado de Exteriores, Bernardino León, hizo unos comentarios sobre Venezuela que coinciden absolutamente con nosotros. Hay en Venezuela un grupo de disidentes que se llama Súmate, cuyos dirigentes han sido acusados de traición y todo tipo de cosas. Son cargos irrisorios, y Bernardino León hizo un comentario de sustancia diciendo que el Gobierno español estaba preocupado por las acciones del Gobierno venezolano. Ese es el tipo de cosas donde yo creo que necesitamos identificar que nuestros objetivos en Venezuela son ver una Venezuela democrática.

P. ¿Cómo valora usted que el presidente de Colombia, Álvaro Uribe, declarara que los barcos y aviones vendidos por España a Colombia eran una bendición, porque servirían para controlar el narcotráfico y la guerrilla?

R. Yo tengo gran respeto por el presidente Uribe y por la lucha que está batallando allí, en Colombia. Quizás se esté refiriendo a lo que dice Chávez que va a hacer. La parte difícil es que quizás yo no le dé la misma credibilidad a las palabras del presidente Chávez que le pueda dar el presidente Uribe, que es su vecino, o el Gobierno español.

P. Sabe también que el senador republicano Norman Coleman expresó gran comprensión hacia la política de España en Venezuela. ¿No hay unanimidad en las filas republicanas?

R. Bueno, espero que usted entienda la democracia de la misma forma que la entiendo yo. Nosotros respetamos que cada uno de los senadores o congresistas representa no sólo a una sección del país, sino también sus opiniones o ideas indistintamente del partido al que puedan representar. Pero tenemos bien claro de que las relaciones exteriores de EE UU están manejadas por el presidente Bush y por el Departamento de Estado.

P. ¿Podrían reavivar las tensiones entre Madrid y Washington las probables visitas a España de Chávez y Castro el próximo octubre, para asistir a la Cumbre Iberoamericana de Salamanca?

R. Yo creo que los viajes de dos personas a través del mundo no son cosas que nos toquen. Yo siempre voy al grano, a las cosas concretas. Yo creo que el diálogo entre países puede o no ser productivo, pero España es un país muy agradable y no me extraña que quieran venir, sobre todo Fidel Castro, que tendrá mucho gusto en escaparse de Cuba y venir a pasarlo bien.

P. En el caso de Cuba, ¿no cree que la liberación de disidentes y sus reuniones, como la organizada por Marta Beatriz Roque, pesan más en la balanza que la suspensión de las invitaciones de disidentes a las embajadas europeas?

R. Mi enfoque es hacia el futuro de Cuba. ¿Quién va a estar a cargo de ese país? Hay que dar a los disidentes la oportunidad de ampliar sus horizontes, de entender las ideas internacionales de democracia, de libertad y de progreso. En Cuba, que es un país totalmente represivo, hay que entender que las embajadas son oasis donde los disidentes pueden opinar, escuchar e intercambiar ideas. También que la represión les hace la vida muy difícil, y el que se les acepte en las embajadas, sobre todo en días de fiestas nacionales, les da una credibilidad para otras personas que pudieran querer ser disidentes, porque les legitimiza su presencia y su humanidad. Yo creo que los países europeos pierden una oportunidad de oro de darles a estas personas la capacidad de asistir a recepciones.

P. Pero el Reino Unido o la República Checa, no sólo España, han estimado que es más importantes mantener abiertos los canales diplomáticos en La Habana.

R. Yo respeto la idiosincrasia y la soberanía de cada país. Para nosotros, los intercambios diplomáticos con el Gobierno de Fidel Castro no conducen a nada. Estamos más interesados en darles alas a los disidentes que, en su momento, tendrán la oportunidad de liderar Cuba.

P. Volviendo al planteamiento más general de las relaciones, quisiera señalar que, en los últimos doce meses, el Gobierno de EE UU ha comprado a España tres aviones de CASA sobre un paquete de treinta que se ha negociado. En el mismo periodo, Ferrovial ha obtenido un mega-contrato en EE UU e IBM ha apostado por España. ¿Son mejores las relaciones en la esfera privada que en la pública?

R. Yo creo que son dos mundos totalmente diferentes. El mundo de la adquisición por el lado gubernamental se rige por varios elementos. Naturalmente, hay la necesidad de comprar un equipamiento, el mejor posible al mejor precio posible. Por eso vinieron los casas. Pero también hay la realidad de los presupuestos, de la disponibilidad de fondos. Por el lado comercial, es claro que España es un país avanzado, con buena tecnología, con buena humanidad bien educada, y no me extraña que las compañías que tengan la oportunidad de comerciar con España lo sigan haciendo. Parte de mi función aquí como embajador es asegurar las condiciones para que los empresarios españoles y norteamericanos puedan trabajar conjuntamente para beneficio de ambos países.

P. ¿La reducción de efectivos en la base de Rota refleja una disminución de valor estratégico de esa base?

R. No. No creo que nada pudiera alejarse más de la realidad. Hay que entender que el mundo militar a través de los años se adapta a las situaciones y a la tecnología. Por lo tanto, no me extraña que haya algunas veces expansiones o contracciones de personas, de equipamientos... La importancia de cada una de esas bases es estratégicamente clave para nosotros. Y agradecemos al Gobierno español de manera muy destacada el acceso a ellas y el poder trabajar como estamos trabajando.

P. ¿Por qué EE UU no se implica más en el Sáhara? ¿Por qué no se empeña en que el secretario general de la ONU nombre un nuevo enviado especial para ese conflicto, como pide España?

R. Uno de los puntos importantes en mi cartera es el tema del Magreb. Es un área que, obviamente, está en desestabilización, que genera fuerzas de emigración que llegan a repercutir en España. Para nosotros es un área importante, pero no tiene la misma relevancia. A ustedes les queda mucho más cerca y les afecta de forma prácticamente diaria. Le dije al ministro Moratinos que vengo a aprender, a ver si entiendo mejor los elementos que vienen a jugar en el Magreb, para poder darles opiniones, sugerencias e ideas a los que siguen el tema en Washington. Ésta es una de las funciones en que el presidente tiene interés.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 10 de julio de 2005