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La policía diseña un nuevo plan ante grandes atentados y catástrofes

La experiencia adquirida por agentes españoles en la matanza del 11-M en Madrid y en catástrofes ocurridas en el extranjero es la base del nuevo plan de actuaciones de la policía científica, encargada de identificar a las víctimas y de la investigación técnica. El protocolo detalla cómo deben actuar los agentes en cada momento ante esas tragedias y cuál es la tarea de cada una de las unidades que acuden al escenario del suceso. El plan está en vigor desde el pasado 20 de junio, según informó ayer el Cuerpo Nacional de Policía.

Todas las brigadas de las jefaturas superiores y unidades de policía científica deben tener lo que se llama un grupo básico de actuación en grandes catástrofes, que incluye dos equipos: uno que trabajará en la identificación de los heridos y localización de los desaparecidos y otro que intentará averiguar quiénes son los fallecidos. Tanto unos como otros tendrán entre sus miembros agentes expertos en identificar cadáveres, en huellas dactilares, en inspecciones oculares, en elaborar mapas por ordenador y en recogida de muestras químicas y biológicas.

Cada jefatura superior y cada unidad de policía científica deberá tener preestablecidos estos equipos. El coordinador de los grupos decidirá, dependiendo de las circunstancias concretas, si es necesaria la intervención de especialistas en otras materias como balística forense o incendios.

El comisario general de la policía científica, Miguel Ángel Santano, ya advirtió, durante su comparecencia ante la comisión parlamentaria del 11-M, de la necesidad de adecuar los planes de actuación a las nuevas amenazas terroristas: "Uno de mis primeros objetivos es hacer un protocolo de actuación en grandes catástrofes que disponga de un equipo multidisciplinar", afirmó entonces en el Congreso.

Proteger cuerpos y pruebas

Cuando ocurra una catástrofe o un gran atentado, el responsable de la unidad de policía científica será el encargado de avisar a la comisaría general y a la autoridad judicial. Además, deberá acordonar la zona, proteger los cadáveres, sus efectos personales y las posibles pruebas, y hacer una inspección ocular del lugar.

El equipo post-mortem se encargará de analizar los cadáveres y las pertenencias de las víctimas mientras el ante-mortem confeccionará un listado de los posibles desaparecidos.

El protocolo también establece que hay que prever el lugar al que trasladar a las víctimas en caso de atentado o catástrofe y cuáles son las condiciones que debe cumplir. Y precisa que los familiares de los afectados y las personas que puedan dar información sobre las identidades de éstos serán atendidos en otra ubicación en colaboración con psicólogos y asistentes sociales.

El plan señala que se deberá informar del suceso a los países cuyos ciudadanos pudieran estar entre las víctimas y, además, recomienda hacer simulacros.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 10 de julio de 2005