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El retorno de 'Atlántida'

La Orquesta Nacional, bajo la dirección de su actual titular, Josep Pons, ha celebrado el 40º aniversario de su fundación y el centenario del nacimiento de Ernesto Halffter (Madrid, 1905-1989) con una nueva interpretación de Atlántida en la que, junto a la ONE y su coro, han intervenido el Coro de la Generalitat valenciana y la Escolanía de Nuestra Señora del Recuerdo, amén de un equilibrado grupo de solistas vocales: Ofelia Sala (Reina Isabel), Margrief van Reisen (Pirene) y Manuel Lanza (Corifeo), principalmente.

Josep Pons hizo una Atlántida en Granada, en la plaza de las Pasiegas, en colaboración con La Fura dels Baus, en 1996, pero ahora, con mayor madurez y más intensa concentración, ha obtenido mejores resultados. Sobre todo, me parece que la obra póstuma de Falla, completada por Halffter, alcanza una vigencia normal en nuestro repertorio; lo vimos en la aceptación emocionada del público. Bien lo merece una creación, largamente discutida, altamente elogiada (Ansermet, Markevitch, Rostand, Mila) por la extremada belleza de sus variadas y bien ensambladas "escenas".

Orquesta y Coros Nacionales de España

Coro de la Generalitat valenciana; escolanía del Recuerdo. Director: Josep Pons. Solistas: O. Sala, M. van Reisen, M. Lanza, J. Cabero, F. Garrigosa, J. A. López. Directores coro: L. Ramos, C. Sánchez y F. Perales. Auditorio Nacional. Madrid, 10 de junio.

Mucho se ha escrito -y no siempre rectamente- sobre esta grandiosa, sencilla, histórica y dolorida cantata que clausura el inmenso legado hispano-universal de Falla. Una obra como Atlántida es, por sí misma, un hecho cultural además de una experiencia artística; en ella habitan muy importantes vivencias de nuestra historia musical que en muchos momentos se apoyan hasta dejar asomarlos en datos concretos. Al fin estamos ante una composición grande, original y poco menos que solitaria en el mar de la música hispana, con la primitiva polifonía y los romances estudiados con primor y sabiduría por Menéndez Pidal. Y en los oídos resuena el brillante catalán de la poética verdagueriana o ese Amén de Dresde, asumido por Mendelssohn y Wagner y hecho cadencia pura por don Manuel.

Vaya nuestro aplauso a todos. Y nuestra gratitud. La merecería Noche suprema o el casi madrigal de la llegada de Alcides a Gades. En el prólogo, en cambio, faltaron retenciones y sobró velocidad.

* Este artículo apareció en la edición impresa del domingo, 12 de junio de 2005.