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Crónica:Fútbol | 104ª final de la Copa del Rey

El Betis caza la Copa al contragolpe

Un gol de Dani en la prórroga acaba con el sueño de Osasuna y les da a los verdiblancos su segundo título

Dani, un chico de la casa que ha atravesado meses difíciles después de varias lesiones graves, dio la Copa al Betis en una jugada de última hora, en la prórroga, cuando el partido se abocaba a los penaltis. Un contragolpe, un buen desmarque, una carrera veloz y el zurdazo inapelable de Dani, un delantero travieso que tiene la enemiga de muchos centrales por su tendencia al histrionismo. Aquí fue todo precisión y nada de teatro. No se adornó en la jugada de su vida, la que coronó una final sin demasiado fútbol, pero vibrante por la emoción que presidió un encuentro que terminó entre patadas, peleas y la expulsión de Pablo García, que siempre ejerce de duro.

OSASUNA 1 BETIS 2

Osasuna: Elía; Expósito, Cruchaga, Josetxo, Clavero; Valdo, Puñal (López, m. 77), Pablo García, Delporte; Webo (Aloisi, m. 78) y Morales (Milosevic, m. 72).

Betis: Doblas; Melli, Juanito, Rivas (Lembo, m. 78), Luis Fernández; Arzu (Varela, m. 68), Assunçao;Joaquín, Fernando, Edu (Dani, m. 89); y Oliveira.

Goles: 0-1. M. 74. Oliveira aprovecha una indecisión de Cruchaga y Elía para marcar. 1-1. M. 81. Aloisi, de cabeza. 1-2. M. 114. Dani marca de disparo cruzado.

Árbitro: Pérez Burrull. Amonestó a Morales, Rivas, Clavero, Melli, Expósito, Cruchaga, Pablo García, Juanito y Varela. Expulsó con roja directa a Pablo García. (m. 123)

56.000 espectadores en el Vicente Calderón.

Dani, un chico de la casa que ha atravesado meses difíciles después de varias lesiones graves, dio la Copa al Betis en una jugada de última hora, en la prórroga, cuando el partido se abocaba a los penaltis. Un contragolpe, un buen desmarque, una carrera veloz y el zurdazo inapelable de Dani, un delantero travieso que tiene la enemiga de muchos centrales por su tendencia al histrionismo. Aquí fue todo precisión y nada de teatro. No se adornó en la jugada de su vida, la que coronó una final sin demasiado fútbol, pero vibrante por la emoción que presidió un encuentro que terminó entre patadas, peleas y la expulsión de Pablo García, que siempre ejerce de duro.

Hubo más ambiente que juego, más pasión que detalles, más temor que voluntad de ganar, hasta que el partido se rompió con el tanto de Oliveira. Reaccionó Osasuna con su tenacidad habitual y el fútbol se volvió vibrante, con una tensión que invadió las gradas, donde se apiñaron las dos aficiones. Era la final de Copa, el único partido en España que mueve masivamente a las hinchadas. En un fútbol tan poco viajero como el español, la final representa algo excepcional. Es una emocionante fiesta que muchas veces no encuentra respuesta en el juego de los finalistas. Osasuna y Betis combatieron en medio de un calor sofocante y no hubo más durante un largo trecho del encuentro, con los fieles a su estilo.

Osasuna siempre ha tenido un aire inglés, con mucho pelotazo, poderío en el aire, olfato para aprovechar los rechaces y mucho sacrificio. No ha cambiado con los años, ni ahora que es un equipo trufado de jugadores suramericanos, africanos y europeos. El Betis sí ha cambiado en los últimos tiempos. Se ha italianizado bajo la dirección de Serra Ferrer. El Betis busca el contragolpe de manera obsesiva, con poca elaboración en el medio campo y mucho cuidado defensivo. No es su vieja cultura, pero los resultados han funcionado. Así jugó la final: se tapó y tiró de contragolpe. Si Osasuna llevó el peso del partido, el Betis hizo las ocasiones, la mayoría protagonizadas por Oliveira, el hombre del partido. Su velocidad desestabilizó a la defensa de Osasuna, que no necesita mucho para desestabilizarse. Ha recibido más goles que nadie este año, y con razón. Es el típico equipo que concede oportunidades a sus rivales en toda clase de jugadas. Las que tienen peligro y las intrascendentes, como ocurrió en el gol de Oliveira, que fue más listo y más rápido que Cruchaga en una acción donde el defensa navarro tenía todo tipo de ventajas. Pero el hombre se ofuscó y permitió un gol impensable.

Fue bastante mejor la segunda parte que la primera, pero sin grandes excesos. El primer tiempo fue un duelo sordo, con muchas faltas y una tensión que aniquilaba a los futbolistas. El calor tampoco favoreció el juego. Fuera de una excelente jugada de Edu y Fernando, que dejaron pasar la pelota y permitieron una estupenda diagonal de Oliveira, no se vio nada interesante. El Betis se saltó el medio campo para buscar la velocidad de sus delanteros y el instinto de Fernando para la sorpresa. Apenas hubo noticias de Edu y Joquin, que no acostumbra a estar a la altura de su fama. Osasuna hizo lo mismo que el Betis, pero con objetivos diferentes. Webo y Morales están en las antípodas de los ágiles delanteros del Betis. Son grandes, poderosos, combativos y con una querencia irrefrenable a jugar de espaldas a la portería. Se les busca para que prolonguen los pelotazos, o aprovechen su corpachón para defender la pelota cerca del área y esperar la llegada de los centrocampistas. Con los pies pueden hacer poco, especialmente Morales, el menos sutil de los delanteros.

Aunque Osasuna parecía sentirse más cómodo, el Betis tiró algunos bocados casi letales. Oliveira estuvo especialmente afilado. Se impuso a los centrales y marcó el gol tras el error de Cruchaga. A Osasuna todo le resultaba más trabajoso, pero eso figuraba en los pronósticos. Tiene más voluntad que clase. Está más preparado para la percusión que para la creatividad. Es un equipo que no suele desmayar. En este sentido no se dejó impresionar ni por la final -la primera que disputa en su historia- ni por el tanto de Oliveira. Reaccionó con entereza y se benefició del ingreso de David López por Puñal. Enfrente, el Betis siguió blindado, sin medio campo, con los delanteros en plan palomero, esperando los errores defensivos de Osasuna. Era su plan, nada ambicioso por otra parte. En este aspecto no hizo nada por justificar su condición de favorito, ni por acreditar la calidad de sus jugadores. Pero su carácter especulador no le sirvió de nada. En una jugada de toda la vida, Delporte progresó hasta la raya de fondo y tiró un centro sensacional que Aloisi cabeceó en el segundo palo. Si Oliveira hizo daño a los centrales de Osasuna, Delporte le dio muy mala vida a Melli. Por la izquierda encontró Osasuna su salvación en un partido que se fue a la prórroga entre la emoción de las hinchadas y la fatiga de los dos equipos, aplastados por el esfuerzo y la exigencia que siempre supone una final. La rueda de penaltis parecía irremediable, pero el Betis insistió en su plan: mucha defensa y contragolpe. En el último surgió Dani. Y el chico lo ejecutó sin dudar. Clavó el zurdazo y vivió su momento de gloria: la Copa era del Betis.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 12 de junio de 2005