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Reportaje:

El embrollo de Lagat

El corredor de 1.500 ganó como keniano una medalla en Atenas 2004 pese a haberse hecho ciudadano de EE UU meses antes

A la vista de las noticias que llegan últimamente, bien podría concluirse que, aunque suene a paradójico, no hay peor maldición para un atleta que ser keniano.

Al keniano que quiere dejar de serlo y, a cambio de unos miles de dólares, acepta una bandera de conveniencia, la de Qatar, por ejemplo, y cambia su nombre, pasando, por ejemplo de ser Stephen Cherono a Said Saif Shaheen, las autoridades del país africano le hacen la vida imposible cuando regresa a sus sabanas, con visado de turista, para entrenarse y vivir. Eso, cuando le dejan entrar, porque el ministro de Deportes acaba de anunciar que ya ni les dejará volver a Kenia.

Al keniano que decide seguir siendo keniano le pueden pasar dos cosas. Le puede suceder como a Susan Chepkemei, a la que dejaron fuera del equipo para los Mundiales de cross por desafiar a los federativos y participar antes en una carrera para la que había sido contratada. O lo que le ocurrió a Ezekiel Kipkemboi, el campeón olímpico de Atenas 2004 en los 3.000 metros obstáculos, que vive atemorizado, junto a su familia, por el chantaje de unos gánsters de Eldoret, que han llegado hasta a destruir su casa y sus propiedades.

Y al que quiere a la vez ser y no ser keniano, ser y no ser ciudadano de otro país, le puede pasar como a Bernard Lagat.

Si no fuera por Hicham el Guerruj, Lagat sería probablemente el mejor atleta de 1.500 de la historia, pero, como sus años de esplendor han coincidido, con la madurez del marroquí, lo mejor que ha podido dar Lagat al atletismo ha sido la última recta de los 1.500 de Atenas, el codo a codo crispado e increíble que terminó en el primer oro de El Guerruj. Y ahora se descubre que ni siquiera Lagat había tenido derecho a participar en aquella carrera; que, si se hubiera atendido a todos los intríngulis legales, los aficionados se habrían quedado sin una noche memorable. Porque Lagat, quien en la noche del 13 de agosto de 2004 portó la bandera de Kenia en el desfile inaugural de los Juegos, era ciudadano estadounidense desde tres meses antes.

Siguiendo dos decenios más tarde los pasos de Henry Rono, Lagat se matriculó en 1996 en la Universidad de Washington State. A Rono, como Lagat, de la tribu Nandi, le privaron de la gloria olímpica los boicoteos kenianos a los Juegos de 1976 y 1980, pero deslumbró al mundo el verano de 1978, cuando en un plazo de 81 días batió cuatro récords mundiales en cuatro pruebas diferentes: 3.000, 3.000 obstáculos, 5.000 y 10.000 metros. Rono se estableció en Albuquerque, Nuevo México; se dio a la bebida y se arruinó.

Lagat, más modesto en sus logros atléticos, pero menos exuberante en su estilo de vida, se estableció confortablemente en Tucson, Arizona, y se hizo norteamericano de hecho hace seis años. Hace un mes anunció, sin apenas conceder importancia al hecho, que el 29 de marzo había obtenido la ciudadanía norteamericana. Sin embargo, unos días más tarde, el Chicago Tribune anunció que, en realidad, Lagat tenía los papeles de la ciudadanía desde el 7 de mayo de 2004. Y añadía el rotativo que, a diferencia de Estados Unidos, que acepta la doble nacionalidad, la Constitución keniana señala que todos los mayores de 21 años que adquieran otra ciudadanía pierden automáticamente la keniana. Así que el 24 de agosto de 2004, el día de la final de los 1.500, Lagat era técnicamente estadounidense. Dado que la Carta Olímpica establece que los Comités Olímpicos Nacionales sólo podrán seleccionar ciudadanos de su país, no debería haber estado allí.

Lagat estaba allí porque, temiendo perderse los Juegos, no había informado a nadie de su cambio de nacionalidad preolímpico. El COI ya sabe ahora la verdad, pero su Ejecutivo no intervendrá a menos que haya una denuncia de un tercero, que bien podría ser Portugal, pues Rui Silva fue bronce.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 29 de abril de 2005