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Reportaje:

"No vayáis, es demasiado peligroso"

La policía romana aconseja a los aficionados no ir hoy al estadio ante la rivalidad extrema entre las bandas fascistas del Lazio y las comunistas del Livorno

Juan Morenilla

Roma vive horas de gran tensión. Al grave estado del Papa y la llegada de miles de fieles a la ciudad se unen, mañana, las elecciones regionales en Italia y, hoy, un partido de fútbol considerado de alto riesgo entre el Lazio y el Livorno en el estadio Olímpico. El encuentro sobrepasa el marco deportivo y se adentra en el terreno político. Más que dos equipos, se miden, al fondo, las ideas fascistas que, tradicionalmente, han defendido los seguidores del Lazio y las comunistas de los del Livorno. Eso, siempre que se dispute la jornada, en vilo por la enfermedad de Juan Pablo II.

En todo caso, la policía romana ha aconsejado a los seguidores que se queden en casa en previsión de posibles incidentes entre las dos hinchas como ocurrió en la cita de la primera vuelta, en noviembre, cuando la del Lazio acudió a Livorno ataviada con símbolos fascistas y en actitud provocadora.

"El riesgo de altercados es muy alto", avisan los agentes al público en general; "el sábado por la tarde [hoy] no vayáis al estadio, es demasiado peligroso. Las páginas en Internet hablan claro. Contamos decenas de heridos entre la policía y los seguidores. Desaconsejamos vivamente ir al estadio a quienes no quieran verse metidos en incidentes".

En lo que va de año, 44 miembros de las fuerzas de seguridad y 79 aficionados han resultado heridos en diferentes trifulcas. "Tal vez [Giuseppe] Pisanu está esperando un muerto", aseguran sin tapujos fuentes policiales en referencia al "inmovilismo" del ministro del Interior, al que echan en cara no poner en marcha medidas para erradicar la violencia del fútbol: entradas unipersonales, detectores de metales, separación física de los ultras y cámaras de vídeo tanto dentro como fuera de los estadios.

"Sed buenos", han pedido los símbolos del Lazio y el Livorno, los delanteros Di Canio y Lucarelli. Di Canio, de 36 años, conquistó en enero el corazón de los aficionados laziales al saludar con el brazo en alto a la grada tras marcar un gol al Roma, un gesto fascista que le costó 10.000 euros de multa, pero que fue considerado "viril" y "honorable" por sus seguidores y por varios dirigentes del partido Alianza Nacional. Nacionalista, según se define, y admirador de Benito Mussolini -lleva la palabra Dux tatuada en un brazo-, Di Canio se ha convertido en el ídolo del Olímpico, donde aún se alza un obelisco con el nombre del dictador.

Lucarelli, de 29 años, natural de Livorno, donde nació el Partido Comunista, renunció a grandes sueldos por jugar con el equipo de su ciudad en Segunda y ha simpatizado siempre con los ideales del puño cerrado. Hoy, sancionado, el ex valencianista no podrá jugar, pero animará a sus compañeros desde la grada. Si vence, el Lazio adelantará al Livorno en la clasificación, por más que este partido trascienda de los tres puntos en juego.

Di Canio saluda, brazo en alto, a los seguidores del Lazio en el estadio Olímpico.
Di Canio saluda, brazo en alto, a los seguidores del Lazio en el estadio Olímpico.ASSOCIATED PRESS

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Sobre la firma

Juan Morenilla
Es redactor en la sección de Deportes. Estudió Comunicación Audiovisual. Trabajó en la delegación de EL PAÍS en Valencia entre 2000 y 2007. Desde entonces, en Madrid. Además de Deportes, también ha trabajado en la edición de América de EL PAÍS.

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