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La iconoclasta Carmen París tiende puentes entre Europa y América en su disco más mestizo

Carmen París es una mujer acostumbrada a que no le regalen las cosas. Artista desde la más tierna adolescencia, esta tarraconense de cuna y zaragozana de adopción no vio publicado su primer disco (Pa mi genio, 1992) hasta después de haber deambulado por los circuitos musicales más variopintos. El pianista gaditano Chano Domínguez fue el primero en apadrinarla "desde Madrid", impresionado por el torrente indómito de una voz con tres octavas y media de tesitura. Aquel álbum de muy heterodoxa jota aragonesa terminó despachando más de 40.000 ejemplares, gracias al boca a boca y para asombro de su propia compañía discográfica, la multinacional Warner. Ahora ve la luz la esperada continuación, Jotera lo serás tú, un disco seguramente más personal e íntimo en el que a Carmen se le nota, para bien, su condición de "ser humano más cercano a los 40 que de los 30, más baqueteado, pero cómodo en su pellejo". Es, una vez más, un trabajo temperamental, el retrato de quien ha sabido reivindicarse y ejerce el oficio de jotera a contracorriente. "Por bemoles", anota ella con un punto de sorna.

"No, no he sentido el famoso pánico de los segundos discos", se apresta a aclarar una París de mirada glauca y sinceridad desarmante. "Todo ha resultado más sencillo. Cuando grabé Pa mi genio era una perfecta desconocida y tuve que hacer algunas concesiones Ahora ha sido más fácil hacerme comprender". Suya fue la elección del percusionista asturiano Tino di Geraldo como productor ("tenía en mente un disco con mucha voz y mucha percusión").

Algunos aún no le han perdonado a Carmen esa aproximación iconoclasta a la jota, alejada de patrones e inmovilismos. El tema central de este nuevo disco constituye su "pequeña venganza" al respecto: una especie de Señora azul, de Cánovas, Rodrigo, Adolfo y Guzmán, sólo que 30 años después y en clave aragonesa. "Nunca he pretendido canonizar nada", argumenta. "Por eso nadie debería rasgarse las vestiduras y pensar que mis discos son una aberración. Sólo pretendo establecer un lenguaje personal, una visión musical propia. Yo me crié entre los Beatles y la filología inglesa, pero he preferido enarbolar los puentes que nuestra tradición ha establecido entre Europa, América y todo el Mediterráneo".

De hecho, puede que Jotera... sea, precisamente, un disco menos jotero que su antecesor. Más allá de Chavalica o La chata mandinga, que se inspiran más directamente en el repertorio clásico aragonés, el nuevo cancionero de la París está impregnado de chotis madrileño, ranchera mexicana, candombé uruguayo (Cuerpo triste), boleros con guitarra flamenca (Me buscas y me encuentras) y hasta un cierto misticismo oriental, como en ese Revelación que comparte con su buena amiga Mercedes Ferrer. "El sincretismo de las religiones orientales es uno de mis descubrimientos recientes. Me atrae esa búsqueda de las esencias comunes entre las diferentes tradiciones místicas", confiesa.

Aunque la Carmen París más auténtica es la que termina aflorando en Guaraní, Chavalica o Cuerpo triste, canciones de trasfondo confesional que perfilan a una mujer más tierna que geñuda, a menudo pertrechada de un saludable sentido del humor.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 28 de marzo de 2005