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Reportaje:

La vuelta al mundo en 70 horas

El millonario Steve Fossett logra otro de sus récords en solitario

A Steve Fossett le sobra el dinero, le angustia el tiempo libre y le mortifica la falta de notoriedad. Esas tres particularidades están en el origen de lo que muchos consideran una hazaña, otros una temeridad y algunos una simple frivolidad: Fossett cerró ayer una circunferencia aérea al concluir una vuelta al mundo sentado en solitario en un avión ultraligero y diminuto.

A última hora de ayer, Fossett aterrizó finalmente en el mismo lugar del que había partido casi tres días antes, un aeródromo en la ciudad de Salina (Kansas).

Nacido en Chicago y enriquecido como agente de Bolsa y consultor financiero, este multimillonario de 60 años dedica su energía a disfrutar del ocio y a luchar contra una obsesión: la de batir algunos de los récords más pintorescos y arriesgados de la humanidad. Tiene ya 102, sin contar el de ayer.

Fossett ha establecido marcas imbatibles en cinco disciplinas deportivas por tierra, mar y aire. Hace algo más de dos años fue el primer individuo que logró dar la vuelta al mundo subido en un globo sin compañía. Ya lo había intentado en varias ocasiones anteriores, pero su globo siempre acababa estampado en bosques de Rusia, lodazales de Brasil o, más a menudo, en medio del mar.

En su haber también está la mejor marca en una vuelta al mundo sin escalas a bordo de un catamarán. Ha recorrido a nado la travesía del canal de la Mancha en 20 horas y ha escalado las cimas más elevadas de la Tierra, aunque, como consuelo para quienes envidian su estilo de vida, nunca ha logrado culminar el ascenso al Everest a pesar de haberlo intentado en varias ocasiones. "Las cosas que hago son las cosas que a la gente le gustaría hacer", suele decir Fossett para justificar sus proyectos.

La vuelta al mundo en aeroplano contaba con el apoyo logístico y financiero del otro miembro de ese club selecto de multimillonarios convencidos de que el dinero les permite solemnizar hazañas que para otros son irrelevantes: Richard Branson. De hecho, a Fossett no le hacía falta el dinero de Branson, pero a Branson sí le venía bien la gesta de Fossett porque así promocionaba sus líneas aéreas, Virgen Atlantic.

El vuelo contó con un imprevisto que estuvo a punto de obligar el aterrizaje en Hawai, cuando apenas faltaban unas horas para volver a entrar en EE UU por encima de California. El aparato consumió más combustible de lo previsto en las primeras horas de vuelo, posiblemente por una fuga en alguno de sus dos depósitos.

El avión, conocido como GlobalFlyer, estaba construido para aprovechar al máximo el impulso de los vientos y ahorrar combustible cuando no fuera necesario el uso del único motor que permitía la impulsión; así ocurrió en la mayor parte del trayecto entre Japón y Hawai. Los dos depósitos estaban sujetos a la parte inferior del ala del aparato, de 35 metros. La cabina del piloto sólo permitía un asiento minúsculo pegado al panel de control. En la mañana de ayer, el nivel de combustible ya permitía garantizar que habría suficiente para culminar el trayecto de 40.234 kilómetros.

Fossett sabía que nunca podría ser el primer piloto que da la vuelta al mundo en un aeroplano sin repostar. Ya lo hicieron en 1986 Jeana Yeager y Dick Rutan, hermano del ingeniero que diseñó el GlobalFlyer. Consciente de que en la era de la tecnología los récords ya sólo se baten en el ámbito del detalle, el multimillonario se embarcó a la gesta para ser el primero que lo hace en solitario.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 4 de marzo de 2005