Necrológica:Perfil
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Peter Benenson, fundador de Amnistía Internacional

La voz de los presos olvidados moría el pasado viernes en Oxford a los 83 años. El abogado británico Peter Benenson podría haber escrito también ese día el mismo artículo que publicó el 28 de mayo de 1961 en la primera página del diario The Observer, de Londres, con el título 'Presos olvidados', y que constituyó el acta de nacimiento de Amnistía Internacional (AI), la organización no gubernamental que más se ha destacado desde entonces en la defensa de los derechos humanos en el mundo. Casi 44 años después de la fundación de Amnistía Internacional, la existencia de la organización sigue estando plenamente justificada.

Desde la sede de Amnistía en Londres se informaba ayer de que Benenson había muerto "como consecuencia de una larga enfermedad". Benenson "estaba enfermo desde hacía tiempo" y falleció en el hospital John Radcliffe, de Oxford (sur de Inglaterra), donde "había estado en coma durante la última semana", explicó AI. Nacido el 31 de julio de 1921 en la capital británica, Benenson deja una esposa y dos hijas.

Irene Khan, secretaria general de Amnistía, rindió ayer homenaje al abogado y dijo que su vida fue "un testamento valiente de su compromiso visionario para luchar contra la injusticia en el mundo". "Él sacó a la luz la oscuridad de las prisiones, el horror de las cámaras de tortura y la tragedia de los campos de concentración de todo el mundo", señaló Khan.

Era el año 1961. Un abogado británico de unos cuarenta años lee el periódico en el metro de Londres. Le llama poderosamente la atención un artículo. En él se cuenta la tragedia de dos estudiantes portugueses encarcelados. Su delito: brindar por la libertad en un céntrico restaurante de Lisboa. Siete años de prisión fue su pena en el Portugal del dictador Salazar. Benenson no cabía en sí de cólera. Salió del metro y entró en la iglesia Saint Martin in the Fields. Allí rezó "a todos los dioses de todos los mundos". Y llegó a una triste conclusión: "La lucha de un solo hombre no vale nada". Meses después llegaba el artículo en The Observer. Fue la primera campaña de Amnistía Internacional. En palabras del propio Benenson, Amnistía era la iniciativa en Londres de un grupo de abogados, escritores y editores que compartía "la convicción expresada por Voltaire: 'Detesto tus ideas, pero estoy dispuesto a morir por tu derecho a expresarlas". Fue entonces cuando se abrió la puerta al activismo de los derechos humanos.

Pero apenas se sabe que la génesis de AI tuvo mucho que ver con España. En especial con las campañas de los exiliados españoles por la dictadura de Franco en Inglaterra a favor de los presos políticos, una de ellas titulada Appeal for amnesty Spain. El nombre de la organización creada por Benenson fue Appeal for Amnesty 1961, antes de convertirse, un año después, en Amnistía Internacional.

Aunque la vinculación de Benenson con España venía de antes. Cuentan sus biógrafos que, de adolescente, le influyó poderosamente la lectura de la obra de Arthur Koestler Testamento español, en la que se describían los horrores de la represión franquista.

Cuando se cumplía el 25º aniversario de AI, Benenson tuvo una idea. Encendió -de nuevo recurre a Saint Martin in the Fields- una vela con alambre de espino enroscado. Fue un símbolo que se convertiría en el logotipo de la organización. "La vela", dijo entonces Benenson, "no arde para nosotros, sino para quienes no hemos podido rescatar de prisión, para quienes fueron tiroteados de camino a la cárcel, para quienes fueron torturados, para quienes fueron secuestrados, para quienes desaparecieron. Para ellos es esta vela".

Amnistía Internacional ha combatido las violaciones de los derechos humanos en todos los rincones del mundo, tarea reconocida con la concesión del Premio Nobel de la Paz en 1977. "La primera vez que encendí la vela", relató Benenson, "tenía en mente el viejo proverbio chino: 'Es mejor encender una vela que maldecir la oscuridad".

"Abra el periódico -cualquier día de la semana- y encontrará una noticia de cualquier lugar del mundo en el que alguien está encarcelado, está siendo torturado o va a ser ejecutado porque sus opiniones o su religión son inaceptables para su Gobierno. El lector siente una desagradable sensación de impotencia. Pero si estos sentimientos de rechazo que experimentan personas de todo el mundo pudieran unirse en una acción común, podría hacerse algo eficaz". Benenson moría el viernes. Pero deja una importante causa.

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 26 de febrero de 2005.