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Reportaje:AIRE LIBRE

La Vía Augusta sobre dos ruedas

El histórico trazado romano se rescata para el cicloturismo

Entre La Zafra, en el límite de Alicante y Valencia, y San Joan del Pas, en Castellón, discurren los primeros 265 kilómetros recuperados de la ruta que unía Roma con la ciudad de Cádiz.

La Vía Augusta. La recorrió Hércules en su viaje mitológico hacia Occidente, y Aníbal, a lomos de sus elefantes. En el año 46 antes de Cristo, Julio César penetró en la Península por este corredor para sofocar una revuelta. No fueron los únicos. El viejo camino de la costa mediterránea fue uno de los ejes más largos y transitados. Una autopista precoz que unía Roma con el puerto de Cádiz, y que el emperador Octavio Augusto, en su afán por dotar a Hispania de una sólida red viaria, formalizó y le legó su nombre. Procedente de las Galias, saltaba los Pirineos por el collado de Parissars, atravesaba Gerunda, Tarraco, Saguntum, Valentia y Carthago Nova, ahí cambiaba de rumbo y se alejaba de la costa para alcanzar el valle del Guadalquivir.

En la actualidad, dos milenios después, este augusto pasillo pretende transformarse, de la mano del programa europeo Vías Romanas del Mediterráneo, en una de las grandes rutas senderistas y ciclistas españolas. Dos comunidades autónomas del litoral ya están trabajando en ello. La Generalitat valenciana dio el primer paso hace cinco años inaugurando el primer tramo, y hoy tiene perfectamente acondicionados los 265 kilómetros de las provincias de Valencia y Castellón, aunque falta aún el trozo que discurre por Alicante. Al norte, Cataluña comienza lentamente a rescatar 420 kilómetros del trazado: ya está señalizado de manera provisional (con marcas de pintura amarilla y azul) el tramo entre Martorell y La Jonquera.

La mayor parte de la calzada original yacía oculta bajo el asfalto o vías férreas, y cuando no, pasaba por campos de cultivo y urbanizaciones. A la nueva Vía Augusta, por tanto, no le ha quedado más remedio que reinventarse y buscar nuevos trazados aprovechando caminos agrícolas, vías pecuarias y arcenes de carreteras sin tráfico. El resultado no presume de lógica y muchas veces se aparta de la ruta histórica. Pero aun así es posible encontrar algún miliario de los de verdad o descubrir en algún tramo piedras desgastadas y rodadas de la antigua calzada. Aparte del deslumbrante legado de Tarragona, la impronta romana aparece desperdigada a menudo en los paisajes más inesperados: ruinas de mansiós, villas, puentes, acueductos y arcos son supervivientes tenaces a siglos de olvido.

Sobre dos ruedas

Quien se anime a emprender esta aventura en bicicleta lo tiene fácil. La señalización es correcta, al igual que las infraestructuras (han sido acondicionadas áreas de descanso, fuentes y carriles bici en los accesos a las ciudades). Las señales abundan: columnas cilíndricas de hormigón a modo de los antiguos miliarios cada pocos kilómetros, y unos llamativos mojones horizontales que indican incluso los tramos en los que se pisa el trazado original. A la entrada de cada pueblo, un panel informativo indica los servicios existentes para ciclistas y senderistas. La Vía Augusta es una buena excusa para desempolvar las alforjas y recorrer sus 265 kilómetros operativos al ritmo sosegado de una bicicleta.

Con el proyecto aún sin completar, las primeras señales aparecen en La Zafra, una reducida aldea en el límite entre Alicante y Valencia. La ruta empieza con la alegría de un prolongado descenso. Los últimos coletazos de la Cordillera Ibérica la empujan hacia la fosa de la comarca La Costera, paso natural que comunica la Meseta con el Mediterráneo. Ahí coinciden la carretera nacional, el ferrocarril y la Vía Augusta. Y a partir de ahí los pueblos comienzan a crecer: Canals, Xàtiva, Alzira, Algemesí, Benifaió.

El laberinto de caminos agrícolas de la ordenada huerta valenciana ayuda a olvidar la proximidad de la gran urbe. Tras pasar Valencia, la nueva Vía Augusta utiliza la plataforma de un antiguo ferrocarril desmantelado, la vía Xurra, para acercarse a Sagunto. Su castillo, antigua fortaleza romana, cuenta con unas vistas privilegiadas del horizonte de La Plana, una estirada planicie cuajada de naranjos y limoneros muy cuidados.

Tras La Pobla Tornesa y su museo arqueológico, llega un tramo que depara sorpresas: tres viejos miliarios, restos de la calzada original, y finalmente un arco, el de Cabanes; sin duda la estampa más evocadora de la ruta. La vía gana ahora en altura y se esconde entre los bordes de las montañas del Alto Maestrazgo. El aire se vuelve más fresco, los campos de naranjos se transforman en almendros, las barracas en masías y el cálido aroma del Mediterráneo en un intenso olor a oliva verde. Sant Joan del Pas, en el límite de Castellón con Tarragona, pone por ahora punto y final a la aventura. Quedan aún 420 kilómetros hasta la frontera y 1.650 hasta Roma.

GUÍA PRÁCTICA

Cómo llegar y etapas- Desde Caudete, en la A-31 (Albacete-Alicante), se toma la CV-656 a Ontinyent; a pocos kilómetros surge el desvío a La Zafra. Los trenes regionales tienen parada en la estación de Caudete.- La Zafra-Xàtiva (42,8 kilómetros). Xàtiva-Valencia (54,9 kilómetros). Valencia-Sagunto (31,3 kilómetros). Sagunto-Betxí (37 kilómetros).Betxí-Les Coves de Vinromà (54 kilómetros). Les Coves de Vinromà-Sant Joan del Pas(43,2 kilómetros).Información.- Consellería de Medio Ambiente de la Generalitat Valenciana (963 86 37 35; www.cma.gva.es).- Departament de Medi Ambient de la Generalitat Catalana (934 44 50 00; www.mediambient.gencat.net/viaaugusta).

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 26 de febrero de 2005

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