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Reportaje:

Mar y sierra en la luminosa Huelva

Desde Moguer y El Rompido hasta Aracena, una ruta que adelanta el buen tiempo

En la playa, paisajes atlánticos insuperables. En el interior, las delicias serranas del cerdo ibérico. Castaños y alcornocales frente a dunas y marismas. Un lujo a mano para el turismo sensible.

La luz como lema, como seña de identidad. El rasgo intangible que reivindican los responsables del turismo onubense no es mero marketing, se ajusta perfectamente a la realidad. El Atlántico, las marismas y el sol, que alumbra cada tarde lentamente las aguas y las dunas, dotan al litoral de un halo radiante y dramático. El mismo que inspiró a Sorolla en su célebre pesca de los atunes. La sierra, pletórica de verdes y envuelta en un cielo ebrio de azul, desprende una luminosidad que tampoco escapa al viajero. Este invierno, las lluvias se están haciendo esperar demasiado. "Sin temporales, la pesca no viene bien, hacen falta tormentas que remuevan las aguas para que los peces salgan a la superficie", explica Paco, un pescador de Punta del Moral. Los cultivos de la fresa y los cítricos, base económica de la región, también se están resintiendo.

Huelva tiene un tercio de su territorio protegido y 85 kilómetros de costa sin urbanizar, frente a los 120 existentes. Todo un lujo que sirve para atraer a un turismo selecto

Aracena es la principal localidad de la sierra, la más turística. Aparece cuidadísima, y sus calles rebosan tiendas de artesanía, cafés y restaurantes apetecibles. Un museo de escultura al aire libre acentúa el ambiente alternativo de la villa

Sin embargo, el predominio del sol y las suaves temperaturas maravillan a muchos que, llegados del Norte, disfrutan en pleno invierno de largos paseos por la playa y entre los alcornocales, de la amabilidad local y de la culinaria, rica en productos tan excelsos como los del cerdo ibérico, el pescado y el marisco, los quesos de cabra de la sierra, el vino del Condado y hasta el vinagre con denominación de origen propia (Condado de Huelva), el único de España junto con el de Jerez.

El turismo se está convirtiendo en una importante fuente de ingresos para esta provincia milagrosamente escapada de la especulación salvaje que caracteriza a otras regiones españolas. Olvidada, dicen muchos. Bendito sea el olvido que, sin embargo, ya es cosa del pasado. El Plan Estratégico de Desarrollo del Turismo de Huelva planteó la creación de unas 30.000 plazas hoteleras a lo largo de 15 años. En la actualidad existen 18.000; un 70% más que hace tan sólo cuatro años. Un crecimiento que animará sin duda la economía local y que se presenta como un complemento a las actividades tradicionales. Y que da vértigo. "Si no practicamos un desarrollo responsable y sostenible y no marcamos límites al mismo, presionando indebidamente nuestro territorio, pagaremos más pronto que tarde las consecuencias, y no garantizaremos nuestro futuro", asegura Javier Blanco, director gerente del Patronato Provincial de Turismo. Los efectos no se están haciendo esperar, y una serie de hoteles de aspecto masivo se interpone hoy entre la línea del mar y las marismas y pinares en Punta del Moral, Isla Antilla y Matalascañas.

Lo cierto es que, aun así, Huelva tiene un tercio de su territorio protegido (la sierra no plantea problemas), y 85 kilómetros de costa sin urbanizar, frente a los 120 existentes. Todo un lujo que atrae precisamente al turismo selecto que huye de la masificación de otros tramos del litoral. Es de esperar, por ello, que los futuros proyectos se realicen con respeto y sentido común. La luz como seña de identidad, la conservación como marca de calidad.

Playas y marismas

Huelva es sin duda una de las provincias con mayor diversidad de zonas húmedas costeras y con una avifauna más valiosa. Las marismas del Odiel reúnen las desembocaduras de los ríos Odiel y Tinto, cuyas aguas se confunden con las procedentes de las mareas, creando un ecosistema rico y en perpetuo movimiento en el que millares de aves parecen ignorar en su ajetreo las chimeneas del polo industrial que se definen a sus espaldas. Espátulas, flamencos, agujas, cigüeñuelas, avocetas, combatientes, zarapitos y chorlitos se pasean con parsimonia hundiendo sus largos picos en el limo, mientras que zampullines, patos cuchara, patos silbones y porrones europeos nadan acariciando la superficie del agua con sigilo. Cormoranes grandes, águilas pescadoras y aguiluchos laguneros vigilan desde sus posaderos las presas más asequibles sin perder ojo.

El ocaso del día promete cada tarde una puesta de sol inolvidable, que arranca las chispas más encendidas a las salinas. En las propias marismas, en el término municipal de Punta Umbría, se ubica una piscifactoría municipal semibiológica, Salinas del Astur. Con sus tres oxigenadas hectáreas -próximamente se ampliarán a 90-, pronto se convertirá en un modelo de desarrollo sostenible capaz de ofrecer una alternativa a los pescadores locales. Lubinas, corvinas y lenguados se venderán en el mercado con el sabor proporcionado por un alimento casi por entero de origen natural.

En dirección a Portugal, y tras un paseo por la playa protegida de los Enebrales, el próximo punto inexcusable es El Rompido, uno de los paisajes costeros atlánticos más cautivadores. Consiste en una ancha flecha de dunas formadas por la arena que arrastra consigo el río Piedras, colonizada de vegetación y que crece a un promedio de 10 a 50 metros anuales, creando un mar interior lleno de sosiego y de barquichuelas de color que sestean a lo largo de 13 kilómetros. Del otro lado de la flecha, en "la otra banda" como aquí la llaman, está la playa, a la que sólo se accede en barca. Un lugar intacto para sentirse como un perfecto robinsón de un día. "A nosotros no nos interesa que esto se masifique, queremos que se mantenga así de bien conservado. Hay que concienciar a la gente para que lo cuide", asegura Miguel Ángel García. Hijo de pescadores, García se dedica él mismo a la pesca, y en sus ratos libres pasea en barca a los clientes del hotel-golf El Rompido, uno de los pocos que tienen el privilegio de disfrutar de esta visión sedante y bellísima. Entre las artes que emplea destacan el palangre y el trasmallo, pero también los alcatruces, consistentes en unas vasijas de barro que se depositan en los fondos y en las que se refugian los pulpos.

Otro de los lugares con más encanto de la costa es el barrio de La Villa, en Ayamonte. Allí, sobre un cerro que domina la desembocadura del río Guadiana y la población baja, se entreteje un entramado de casitas blancas, iglesias tan peculiares como la ermita mudéjar de San Sebastián, plazuelas íntimas y patios de vecinos como el de Beas Álvarez, de 1914. Tras la cancela, y rodeadas de macetas y de un pozo comunal, las mujeres se prestan fácilmente a charlar con la "forastera", invitándola a pasar. "Somos cuatro vecinos, y bien avenidos. Aquí se vive muy bien", comenta Gregoria Álvarez en tono dicharachero, "hay pesca, conservas de pescado y fresas, para qué queremos más".

En dirección a levante, otro de los hitos del turismo es el muelle de las Carabelas, donde se pueden visitar las reproducciones de las naves de Colón a tamaño original, y junto a éste, el monasterio jesuita de la Rábida. De origen almohade, el actual nombre hace alusión al que fuera un templo fortificado, o ribat. Allí, entre las paredes de un claustro de estilo mudéjar popular, una capilla gótica, y las estancias del piso superior cubiertas de artesonados, se conservan los secretos mejor guardados de la aventura colombina. La portería muestra un mural, ejecutado por Vázquez Díaz entre 1929 y 1930, que narra la epopeya americana en todo detalle. En su día, estas escenas de efecto tridimensional influidas por Matisse y Cézanne fueron tachadas de demasiado rompedoras. En ellas, Colón viste el rostro de Ortega y Gasset con la máxima dignidad.

La ciudad de Juan Ramón

No lejos queda Palos de la Frontera, con su maciza iglesia gótico-mudéjar de San Jorge, y Moguer. La ciudad natal de Juan Ramón Jiménez muestra, entre casas enjabelgadas y rejerías, templos tan espectaculares como la iglesia de la Granada, del siglo XVIII, de planta basilical, toda ella en ladrillo, con tres espléndidas portadas que reproducen frutas carnosas de sabor colonial. También, el convento de Santa Clara, gótico mudéjar y fortificado al estilo almohade. Este conjunto de edificios sirvió de modelo para reproducir otros similares en Tujna, Colombia, así como en Huejozingo y Xochimilco, en México.

Entre los muchos atractivos de Moguer se incluye además la Casa Museo de Zenobia y Juan Ramón, hoy en reformas y parte de cuyos fondos se muestran en la casa natal de Juan Ramón, situada en la calle de la Ribera, 2. Allí se acumulan recuerdos personales del controvertido escritor y su mujer procedentes de su exilio puertorriqueño: fotografías, algunos de sus primeros cuadros, retratos de Vázquez Díaz, ediciones de Platero y yo en todos los idiomas imaginables, cartas personales y una fabulosa biblioteca.

Antes de internarse uno en la sierra, conviene una parada en el parque nacional de Doñana. Allí, de la mano de alguna de las empresas que realizan las visitas guiadas, se contemplan en silencio los flamencos, las bandadas de ánsares, los moritos, los calamones de andares torpes que pululan por las orillas, o la majestuosa águila imperial posada sobre un viejo eucalipto con sus hombros eternamente manchados de blanco. En los días más luminosos y tras las lluvias (lo que no es el caso en la actualidad), el agua de las marismas y el cielo se llegan a confundir en una mancha azul y cegadora que se despliega a 180 grados. Cerca queda El Rocío, la población fantasma del far west andaluz entre semana, y la población folclórica por antonomasia durante las fiestas del Rocío o la Candelaria. Entonces, entre las carretas y caballos que atraviesan con parsimonia el parque nacional, se cuelan hordas de todoterrenos que tienen en ascuas a los guardas y los vigilantes de Doñana. El ruido se adueña de todo, y un reguero de basura enturbia ostensiblemente la belleza natural. Ya en dirección al interior, Niebla, capital de la taifa de Labla, es también recomendable, con el castillo de los Guzmanes y sus murallas rojas al estilo de Marraquech (casi todos los lienzos son de época almohade).

Suaves ondulaciones

La Sierra de Aracena y Picos de Aroche está protegida mediante la figura de un parque natural que abarca nada menos que casi 200.000 hectáreas de alcornocales y suaves ondulaciones. Sus numerosos senderos están señalizados para el caminante, y en sus primorosos pueblos blancos la gente aún se despide con un "vaya usted con Dios". La sierra ofrece un patrimonio exquisito y una carne también exquisita: la de cerdo, de la que, a decir del refrán popular, gustan aquí hasta los andares. Entre los alcornoques y castaños, hozando en los charcos se pueden contemplar manadas de cerdos ibéricos huidizos como jabalíes, y gordos como esculturas de Botero. En las tascas de los pueblos se prodigan el jamón, el hígado y la pluma y el secreto del cerdo (pedazos especialmente preciados del lomo fresco). Junto con los productos ibéricos, la miel, el queso de cabra de leche cruda y las setas son los recursos esenciales de la sierra. Codiciadas hoy por italianos y catalanes, las setas fueron, sin embargo, uno de los principales sustentos de la población en épocas menos boyantes.

Aquí los extranjeros son legión, sobre todo los británicos. Los hotelitos y casas rurales de calidad se multiplican. Sam Chesterton, nieto del famoso escritor inglés, fue uno de los pioneros. Llegó a la sierra en 1983 junto con Jeannie, su mujer, y se instaló cerca de Los Mimbrales para crear una acogedora casa de turismo rural (Finca del Buen Vino). "Al principio nos miraban raro, hasta que vieron que venían a visitarnos nuestros padres, y que incluso tuvimos hijos. Entonces pensaron que éramos normales", comenta divertido. "¡El año pasado incluso nos declararon hijos adoptivos de la villa!".

Aracena es la principal localidad, la más turística. Aparece cuidadísima, y sus calles rebosan tiendas de artesanía, cafés y restaurantes apetecibles. Un museo de escultura al aire libre acentúa el ambiente alternativo de la villa, en la que se congregan cada vez más forasteros y artistas. El principal reclamo es la gruta de las maravillas, un enorme gruyer de origen kárstico que se recorre en una visita guiada. Como la mayoría de las poblaciones de la sierra, está presidida por el castillo de origen musulmán, que evidencia que aquello fue un importante asentamiento del gharb al-Andalus (el Occidente musulmán). En el recinto del castillo se ubica una iglesia del gótico tardío y una esbelta torre mudéjar con elaborada decoración en ladrillo. El ensanche de la ciudad muestra, en cambio, un buen puñado de obras modernistas y regionalistas, como el Ayuntamiento y el casino, ambos obra de Aníbal González, el arquitecto sevillano que destacó durante la Exposición Universal de 1929.

Más recoletas y ensimismadas son las demás poblaciones, algunas tan cautivadoras como Aroche, Cortegana, Higuera de la Sierra, Castaño del Robledo o Linares de la Sierra, cuyas casas están precedidas de auténticas alfombras empedradas. El perfecto trazado de Alájar se observa desde la Peña de Arias Montano, mirador que eligió el docto consejero de Felipe II para retirarse, imantado por el sobrecogedor despliegue serrano que se ofrece a la mirada desde allí. Puede, sin embargo, que Almonaster la Real se lleve la palma en densidad artística, con la portada manuelina del Perdón -una perfecta conjunción de figuras humanas, animales míticos y sogueados-, la ermita de la Trinidad, la Casa Rectoral y, sobre todo, la fortaleza y mezquita que, en su suprema sencillez, aúna como pocos monumentos, sin estridencias, el pasado visigodo, romano, califal, almohade y mudéjar. Un prodigio de entendimiento y adaptación.

GUÍAS CON MUCHO GUSTO

HUELVA SIEMPRE ha destacado por la personalidad de su imagen corporativa. Hace unos diez años, el Patronato Provincial de Turismo le encargó el diseño gráfico de su campaña turística a Óscar Mariné. El reconocido diseñador madrileño es autor, entre otras muchas cosas, del cartel de Todo sobre mi madre, de Pedro Almodóvar, y de campañas para Absolut Vodka y Camper. La imagen gráfica de Huelva sobresale por sus guías monográficas, tanto de ciudades como de rutas y zonas concretas, cuyas deliciosas ilustraciones y puesta en página las convierten en coleccionables. Los carteles representan los atractivos de la provincia: golf, gastronomía, playas, fiestas, y fueron merecedores del Hispanic Creative Awards, de Nueva York, en 1995. Actualmente, el patronato ha optado por una línea de desarrollo diferente de su imagen, bajo el nuevo lema: "Huelva, la luz".A través de ella pretende reflejar mediante fotografías el brillo y la particularidad de este rasgo intangible. El diseño gráfico también correrá a cargo de Mariné.

GUÍA PRÁCTICA

Visitas.- Paraje natural Marismas del Odiel Erebea(630 97 82 16). Los Centenales, s/n. Hinojos. Rutas con guías expertos.Dormir- Finca del Buen Vino (959 12 40 34; www.fincabuenvino.com). Los Marines. Casa rural compartida y casas individuales. Una semana en una casa con dos dormitorios y piscina, 450 euros.- La Posada de Valdezufre (959 46 33 22; www.valdezufre.com). Santa Marina, 1. Valdezufre. La habitación doble con desayuno, 95 euros.- Vincci Selección Canela Golf (959 47 78 30; www.vinccihoteles.com). Golf Norte, s/n. Isla Canela. Campo de golf. La habitación doble, 117.- Hotel El Rompido Golf y Aparthotel Marismas Club (www.sethotels.com; 959 024 320). Vistas a El Rompido. Campo de golf y spa. Aparthotel,60 euros, para dos o tres personas.Comer- José Vicente (959 12 84 55). Avenida de Andalucía, s/n. Aracena. Unos 18.- Casa García (959 14 31 09). San Martín, 2. Almonastir la Real. Unos 25.- La Patera (959 39 93 20). Nao, s/n. El Rompido. Frente a la flecha; unos 25.- Miramar (959 31 12 43). Miramar, 1. Punta Umbría. De 25 a 35 euros.- Aires de Doñana (959 44 27 19). Avenida de la Canaliega, s/n. El Rocío. Excelentes vistas. Entre 30 y 40 euros.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 26 de febrero de 2005

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